Ezequiel, de 10 años, vende ajos y pan cada mañana por las calles de Cuba para ayudar a su madre y sus hermanos, después de la muerte de su padre y mientras la familia vive en un antiguo almacén con peligro de derrumbe. Su historia fue difundida por el creador de contenido David Vela y publicada por CiberCuba.
La precariedad de su hogar se inserta en un escenario de pobreza alimentaria y habitacional que afecta a miles de familias. UNICEF calcula que el 9% de los niños cubanos sufre pobreza alimentaria grave y que el 33% de los menores de cinco años atraviesa pobreza alimentaria moderada, mientras el Observatorio Cubano de Derechos Humanos estima que 89 % de los hogares del país vive en pobreza extrema.
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El niño recorría las calles ofreciendo su mercancía cuando Vela lo encontró. “¡Pan y el pan! Venga papi un momentico”, gritaba Ezequiel, que todavía no había comido ese día.
La respuesta sobre el destino del dinero fue inmediata: “Para ayudar a mi mamá y a mis hermanos”. Cada pan cuesta 100 pesos, y la venta de ajos completa los ingresos que el niño intenta llevar a su casa.
Un almacén sin divisiones y con riesgo de derrumbe
La vivienda de la familia está en el barrio de Camposanto, adonde Vela acompañó a Ezequiel después de hablar con él. El lugar es un antiguo almacén sin divisiones adecuadas y con un ventilador como único mobiliario mencionado.
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“Mira aquí es donde yo vivo, esto es un almacén”, explicó el niño al mostrar el espacio. Cuando le preguntaron qué pediría si pudiera elegir algo, respondió: “Que me quedé en una casa, porque esto aquí está en peligro de lube (derrumbe)”.
El déficit habitacional cubano supera las 900.000 viviendas y, en La Habana, se derrumban cerca de 1.000 edificios cada año. Human Rights Watch documentó en 2026 que hay familias instaladas en escuelas y construcciones abandonadas, en condiciones similares a las de Ezequiel.
La falta de una vivienda segura se suma a la ausencia de un proveedor adulto en su familia. La venta callejera representa para él una tarea que, por su edad, debería estar reemplazada por la escuela, el juego y el cuidado familiar.
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Vela pidió ayuda para conseguirle ropa, alimentos y mejoras para el lugar donde vive. “Al niño le hace falta ropita, le hace falta comida y mejora un poco su casita que hay en un almacén, si se le pudiera comprar la casa al niño fuera lo ideal”, sostuvo el creador de contenido.
Menores que trabajan para sostener a sus familias
Ezequiel no es el único menor que ha salido a vender alimentos en las calles cubanas durante 2026. En los primeros meses del año se conocieron casos de niños que ofrecían pan, coquitos o polvorones para aportar a la subsistencia de sus hogares.
El Observatorio Cubano de Conflictos registró 71 denuncias de trabajo y mendicidad infantil durante 2025. Esa cifra contrasta con la posición de la Unión de Jóvenes Comunistas, que el 12 de junio, Día Mundial contra el Trabajo Infantil, afirmó: “Gracias a la Revolución, el trabajo infantil no es una realidad en nuestro país”.
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La declaración de la organización juvenil provocó críticas en redes sociales. El caso de David Vela expuso, además, cómo la combinación de pobreza, inseguridad alimentaria y deterioro de las viviendas alcanza a familias sin ingresos suficientes.
Quienes quieran colaborar con Ezequiel pueden comunicarse con Vela mediante WhatsApp al +53 55898008. “Ayudemos a Ezequiel a vivir un poquito más como el niño que es y un poquito menos como el adulto que las circunstancias lo están obligando a ser”, escribió al difundir el video.
Producción agrícola en caída y mercados dependientes de importaciones
La crisis alimentaria cubana está vinculada al descenso de la producción local y a la falta de recursos estatales para importar cerca del 80% de los alimentos que necesita la población. Entre 2018 y 2023, la producción de carne de cerdo cayó 95%, la de arroz se redujo 87%, la de frijoles descendió 70% y la de leche bajó 58%, según datos recopilados por BBC.
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El sector agrícola recibe menos presupuesto estatal que actividades como el turismo. La intervención del Estado, el control de la tierra y los bajos pagos a los productores también limitan las cosechas.
Los apagones y la escasez de combustible dificultan el riego, el traslado de productos y su conservación. La dependencia de compras externas agrava el desabastecimiento cuando el país no dispone de divisas para importar alimentos.
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