Costa Rica sobresale en Centroamérica por una estrategia de reducción gradual de la deuda pública basada en reglas fiscales, control del gasto y superávits primarios sostenidos, de acuerdo con el más reciente Panorama económico de América Latina y el Caribe del Banco Mundial.
El informe, publicado en octubre de 2026, ubica al país entre las economías de la región que han logrado estabilizar sus finanzas públicas tras el incremento de la deuda provocado por la pandemia. A diferencia de los ajustes abruptos o de las reestructuraciones de obligaciones, el caso costarricense se apoya en una consolidación progresiva que ha fortalecido la confianza de los mercados.
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“La disminución de los ratios de deuda pública refleja una consolidación más gradual, basada en reglas”, señala el Banco Mundial. El organismo destaca que esta trayectoria está “anclada en las reglas fiscales y los controles del gasto público”, factores que han permitido ordenar las cuentas estatales y mejorar la credibilidad de la política económica.
El reporte subraya que los superávits primarios sostenidos —es decir, el resultado fiscal antes del pago de intereses— han sido decisivos para contener la carga financiera. Esta disciplina ha contribuido a que Costa Rica reduzca paulatinamente la relación entre deuda pública y Producto Interno Bruto (PIB), luego del repunte observado durante los años más críticos de la emergencia sanitaria.
La estrategia también ha fortalecido la percepción de los inversionistas. Según el Banco Mundial, el marco fiscal costarricense ayudó a “estabilizar las finanzas públicas” y a reforzar la confianza de los mercados, un elemento relevante en una región donde los elevados costos de financiamiento y los pagos de intereses continúan presionando los presupuestos nacionales.
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El desempeño fiscal de Costa Rica ocurre en un contexto latinoamericano complejo. América Latina y el Caribe crecería 2.2% en 2026, ligeramente por debajo del 2.4% estimado para 2025. El Banco Mundial advierte que la región mantiene un espacio fiscal limitado, altos niveles de deuda y costos reales de endeudamiento superiores a los de la década pasada.
En Centroamérica, las condiciones son heterogéneas. Países como Panamá, Guatemala, El Salvador y República Dominicana mantienen perspectivas de crecimiento relativamente sólidas, apoyadas por la inversión, las remesas, el turismo, la logística y las exportaciones. Sin embargo, la sostenibilidad fiscal continúa siendo una prioridad regional, especialmente ante un escenario global de volatilidad energética, incertidumbre comercial y riesgos climáticos asociados al fenómeno de El Niño.
Costa Rica proyecta un crecimiento económico de 3.3% en 2026, después de expandirse 4.5% en 2025, según las estimaciones del Banco Mundial. Aunque el ritmo sería menor al del año anterior, la economía conservaría una expansión superior al promedio regional.
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El organismo multilateral identifica a las exportaciones de bienes manufacturados y a la inversión como motores relevantes para el crecimiento costarricense. Esta combinación resulta clave: mientras la disciplina fiscal reduce vulnerabilidades, la inversión y la diversificación productiva pueden sostener la actividad económica y ampliar la capacidad de generación de empleo formal.
No obstante, el informe advierte que reducir deuda no elimina todos los desafíos. La región enfrenta baja productividad, déficits de capital humano, informalidad laboral y restricciones de financiamiento para empresas. En Costa Rica, al igual que en otros países centroamericanos, el reto consiste en mantener la prudencia fiscal sin sacrificar inversiones estratégicas en infraestructura, educación, digitalización y resiliencia climática.
“El crecimiento moderado refleja el equilibrio de políticas actual, no el potencial de la región”, plantea el Banco Mundial. Para Costa Rica, la reducción gradual de la deuda representa una base para mejorar ese potencial: unas finanzas públicas más ordenadas pueden reducir riesgos, facilitar condiciones de financiamiento y permitir una planificación estatal de mayor plazo.
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La principal lección regional, según el reporte, es que las decisiones de política económica sostenidas pueden generar resultados. En el caso costarricense, la combinación de reglas fiscales, controles de gasto y disciplina en el balance primario perfila una ruta de ajuste paulatino que busca preservar la estabilidad sin recurrir a medidas disruptivas.
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