Para Gelina Abrego y su hija Jessica, cruzar desde la comarca panameña de Ngäbe-Buglé hacia Costa Rica no supone solo iniciar una temporada de trabajo.
El trayecto incluye trámites migratorios, controles de salud y, en algunos casos, una noche de espera antes de llegar a las fincas cafetaleras. El Ministerio de Salud de Costa Rica anunció esta semana que reforzará la atención sanitaria para la población indígena migrante que ingresa por la frontera sur durante la cosecha de café.
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Según el anuncio oficial, unas 15 mil personas participan cada año de esta migración laboral desde Panamá hacia distintas zonas agrícolas costarricenses. Muchas viajan para emplearse de forma temporal en cafetales de la Zona Sur, Turrialba, en Cartago, y San Ramón, en Alajuela, antes de regresar a sus comunidades.
Madre e hija llevan tres años en ese circuito. La cosecha representa la fuente de ingresos que encontraron para sostenerse, aunque el acceso al empleo depende de un proceso fronterizo que puede extenderse más allá de una jornada.
Controles para detectar malaria, tuberculosis y otras enfermedades
Después de completar los trámites migratorios, las personas que ingresan por el sector de San Marcos de Sabalito, en Coto Brus, deben pasar por pruebas para detectar malaria, tuberculosis y otras enfermedades, de acuerdo con el Ministerio de Salud.
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El Área Rectora de Salud de Coto Brus tiene a cargo los tamizajes. La directora de esa dependencia, Hazel Vargas, señaló que todos los migrantes deben cumplir con el control para identificar posibles casos de malaria, una enfermedad que Costa Rica busca erradicar.
“Los casos que dan positivo son atendidos de manera inmediata y nos ponemos en contacto con las autoridades panameñas”, afirmó Vargas, según el comunicado. La medida apunta a facilitar el acceso a la atención médica y a identificar riesgos sanitarios durante el tránsito de los trabajadores.
La frontera entre Costa Rica y Panamá en ese sector abarca unos 90 kilómetros, una extensión que condiciona la capacidad de respuesta institucional y el traslado de quienes llegan desde comunidades indígenas para sumarse a las labores agrícolas.
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Albergue temporal para quienes no terminan el proceso en un día
No todos logran completar los requisitos de ingreso antes del cierre de la jornada. Para esos casos, en Río Sereno funciona un albergue temporal donde pueden pasar la noche, recibir alimentos y protegerse de las condiciones climáticas mientras esperan continuar el trámite al día siguiente, de acuerdo al portal de Salud de Costa Rica.
El lugar tiene capacidad para cerca de 40 personas y es sostenido de forma gratuita por Rosenda y John Harmon, una pareja de ciudadanos estadounidenses, según informó el Ministerio de Salud, que trabaja en la regularización del espacio para que pueda seguir operando bajo las normas vigentes.
La disponibilidad de alojamiento evita que familias y trabajadores queden expuestos durante la espera, pero la capacidad resulta limitada frente al volumen de personas que cruza durante la temporada cafetalera.
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Coordinación institucional para mejorar las condiciones de ingreso
La situación de Gelina y Jessica Abrego refleja una dinámica que se repite cada año en la frontera sur. La llegada de trabajadores ngäbe-buglé permite cubrir tareas estacionales en el sector cafetalero, aunque para quienes migran el recorrido combina empleo temporal, controles sanitarios, documentación y la incertidumbre sobre cuánto demorará el ingreso.
El Ministerio de Salud anunció que coordinará acciones con la Caja Costarricense de Seguro Social, el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de Agricultura y Ganadería, la Dirección General de Migración y Extranjería y representantes del sector cafetalero. El objetivo declarado es mejorar las condiciones de salud, seguridad y trato digno de las personas que cruzan la frontera para trabajar.
Para las familias que dependen de esta ruta, el resultado de esas gestiones se medirá en cuestiones concretas: la rapidez de los trámites, el acceso a controles médicos, un lugar donde dormir cuando no alcanzan las horas del día y la posibilidad de llegar a las fincas sin que la frontera se convierta en un obstáculo adicional.
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