A unos 240 kilómetros de San José, capital de Costa Rica, se encuentra Artola, una pequeña comunidad del cantón de Carrillo, en la provincia de Guanacaste. En este territorio y sus alrededores viven cerca de 14 mil personas. Para algunos es hogar; para otros, fuente de empleo; y para miles de turistas, un punto estratégico para acceder a las playas del Pacífico Norte o hospedarse en uno de los hoteles más visitados de la zona: el Riu Guanacaste.
Mientras los visitantes descansan frente al mar o disfrutan de las piscinas del complejo, la vida continúa en sus alrededores. Los habitantes requieren atención médica, los ecosistemas necesitan protección y los emprendedores locales dependen del dinamismo que genera la actividad turística. En este escenario, el desarrollo económico convive con desafíos sociales y ambientales que han comenzado a atenderse mediante iniciativas concretas.
Una clínica que cambió el acceso a la salud
Hace siete años entró en funcionamiento la Clínica Artola, un centro médico que nació gracias al programa de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) del hotel RIU y a un convenio con la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).
El impacto ha sido directo en la calidad de vida de la población más vulnerable. El centro atiende a niños y jóvenes entre los 0 y 18 años, así como a adultos mayores, con servicios de medicina general, nutrición, psicología y laboratorio.
Para muchas familias, significa evitar traslados de hasta dos o tres horas en autobús hacia comunidades como Filadelfia o Sardinal, reducir gastos en transporte y no depender de largas listas de espera en el sistema público.
“Hacemos lavados de oídos, lavados de ojo, extracciones de ciertos objetos extraños a nivel nasal o en el oído (...) la respuesta de los pacientes es muy buena al saber que tal vez no tienen que esperar una cita en el seguro, muchos son de escasos recursos como para trasladarse hasta Sardinal a traer medicinas o inyectables y aquí tienen la facilidad de que aquí les brindamos por medio del mensajero”, contó Lilliana Ruiz, enfermera del centro médico desde su creación.
“El servicio es bastante bueno porque así no tenemos que ir hasta Filadelfia o Sardinal. A mis tres niños los traigo y ahora les hacen los exámenes de laboratorio acá (...) viajar hasta allá nos tomaría hasta dos o tres horas en bus y es muy difícil”, relató Raquel Abarca, madre guanacasteca.
Más allá de una infraestructura médica, la clínica representa acceso, cercanía y una mejora tangible en la atención primaria de salud para una comunidad que históricamente enfrentó limitaciones en servicios básicos.
Sembrar futuro desde la escuela
A pocos metros de la clínica se ubica la escuela de la localidad. Allí, estudiantes y docentes participan en un proyecto ambiental impulsado también desde la RSE del Riu Guanacaste: un vivero escolar dedicado a la recuperación de especies endémicas en peligro de extinción.
Desde este espacio se recolectan y siembran semillas para luego trasplantarlas en distintos puntos de la comunidad, contribuyendo a la restauración del entorno natural y fomentando conciencia ambiental desde la infancia.
“Una de nuestras líneas prioritarias es la biodiversidad y la protección de áreas naturales, enfocándonos en programas de conservación y en la protección de especies en los destinos donde operamos”, aseguró Alma Tesillos, encargada de RSE RIU Centroamérica.
La iniciativa no solo protege flora local, sino que forma nuevas generaciones con una visión de sostenibilidad en una zona donde el turismo es el principal motor económico.
Tortugas y arrecifes: proteger el mar para proteger la economía
La conservación marina es otro de los ejes en los que se trabaja en esta zona del Pacífico Norte costarricense. Equipos especializados protegen los nidos de tortugas marinas que llegan a desovar a las playas cercanas, evitando que sean destruidos por depredadores como mapaches o por la intervención humana.
Además, la restauración de arrecifes de coral se ha convertido en un proyecto clave para fortalecer los ecosistemas marinos, esenciales para la biodiversidad y para la propia actividad turística.
“Costa Rica ha sido una escuela para RIU en temas ambientales; el compromiso con la sostenibilidad en este destino nos ha permitido fortalecer programas vinculados a arrecifes, viveros y protección de tortugas. En destinos donde el turismo es la principal actividad económica, proteger los ecosistemas es también proteger el futuro de la comunidad”, indicó Tesillos.
En una región vulnerable a los efectos del cambio climático y la presión turística, estas acciones buscan equilibrar desarrollo económico y conservación ambiental.
Turismo que dinamiza
El flujo constante de visitantes también ha generado oportunidades para emprendedores locales que ofrecen servicios recreativos, productos artesanales y experiencias vinculadas al entorno natural.
Para muchas familias, el turismo representa la principal fuente de ingresos. El reto ha sido lograr que ese dinamismo económico también se traduzca en bienestar social y protección ambiental.
En Artola, el modelo apunta precisamente a eso: que la actividad turística no solo genere ocupación hotelera, sino acceso a salud, educación ambiental, conservación marina y oportunidades económicas para la población local.
En una provincia donde el turismo es clave para la economía nacional, iniciativas como estas muestran cómo el desarrollo puede convertirse en una herramienta de transformación social y ambiental cuando se articula con la comunidad.