Dos sismos superficiales, uno el 22 de agosto de 2025 y otro el 19 de enero de 2026, sacudieron el centro de San José con magnitudes de 4.1 y 4.4, respectivamente, según un informe del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (OVSICORI-UNA).
Ambos eventos se originaron a profundidades de entre tres y cuatro kilómetros, lo que incrementó su percepción en la superficie, a pesar de tratarse de movimientos de baja magnitud.
El epicentro del sismo del 19 de enero de 2026 se localizó bajo el sector del Museo Nacional de San José. Este temblor fue percibido en gran parte del Valle Central.
La baja profundidad del hipocentro facilitó la transmisión eficiente de energía sísmica hacia la superficie, generando sacudidas intensas, de corta duración y dominadas por componentes de alta frecuencia, que la población describió como un golpe brusco.
Los especialistas de OVSICORI-UNA atribuyeron ambos eventos a un mismo sistema de fallas corticales poco profundas localizado bajo el centro de la capital costarricense.
El informe indica que estas fallas corresponden al sistema conocido como falla Otoya, previamente descrito por estudios geológicos. La identificación reciente de actividad sísmica en esta falla representa un avance en el conocimiento de la amenaza sísmica local.
En ambos casos, la actividad posterior fue limitada: no se detectaron más de diez réplicas luego de cada evento, lo que sugiere una liberación de esfuerzo localizada, sin ajustes prolongados.
El informe del OVSICORI-UNA señala que la repetición en tan corto plazo de dos sismos de características similares, aunque con secuencias de réplicas muy reducidas, indica que se trata de un sistema activo capaz de generar sismos perceptibles en el área urbana.
El análisis instrumental demostró que la duración efectiva del movimiento sísmico disminuyó a medida que la distancia al epicentro fue mayor.
En las estaciones cercanas al origen, en el Valle Central, la duración promedio fue de cuatro segundos, mientras que en regiones a distancias intermedias, como el Pacífico Central y zonas del Caribe, la duración promedio se situó en ocho segundos. En áreas alejadas, como Guanacaste o el Pacífico Sur (más de 100 km), la duración del movimiento se redujo nuevamente, con valores promedio inferiores a cinco segundos, aunque la sacudida se percibió más sostenida.
En el evento de 2026, los desplazamientos máximos del suelo registrados en un radio menor a diez kilómetros del epicentro alcanzaron entre 0,001 y 0,01 centímetros. A distancias de entre diez y treinta kilómetros, la mayoría de los registros oscilaron entre 0,0001 y 0,001 centímetros. Más allá de los cincuenta kilómetros, los valores fueron típicamente inferiores a 0,0001 centímetros, aunque con dispersión.
El OVSICORI-UNA identificó que la amplitud del movimiento del suelo no dependió únicamente de la distancia al epicentro, sino también de las propiedades del subsuelo, un fenómeno conocido como efectos de sitio.
En áreas con sedimentos y depósitos volcánicos poco consolidados, la transferencia de energía sísmica se amplificó, especialmente en sectores urbanos del Valle Central. En contraste, terrenos asentados sobre base rocosa registraron amplitudes menores.
El informe señala que el evento de 2026 presentó desplazamientos máximos entre dos y cuatro veces superiores a los registrados en el sismo de 2025 dentro del rango de veinte a treinta kilómetros del epicentro.
Los mapas de amplitud mostraron que incluso en regiones ubicadas a cuarenta o setenta kilómetros se midieron desplazamientos similares o superiores a los esperados, lo que evidencia que la energía sísmica puede amplificarse localmente a gran distancia del origen.
El OVSICORI-UNA recopiló numerosos reportes ciudadanos a través de redes sociales y plataformas digitales, que describieron una sensación de sacudida intensa y breve.
El estudio subraya la necesidad de densificar la red de cobertura instrumental en el área central de la capital para mejorar la precisión en la localización de eventos y evaluar con mayor detalle la amenaza sísmica derivada de sistemas de fallas previamente no reconocidos.