El antiguo Movistar Arena de Bogotá se convirtió en la noche del 30 de octubre de 2026, en el lugar donde la banda de rock colombiano Aterciopelados celebró el aniversario número 30 del disco La pipa de la paz frente a más de 10.000 personas.
La ovación empezó antes de que Andrea Echeverry y Héctor Buitrago ocuparan sus lugares y se sostuvo durante una noche que reunió canciones de distintas etapas del grupo colombiano, invitados y un cierre compartido por mujeres y niñas sobre la tarima.
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El aniversario recordó el lanzamiento del álbum en 1996. Desde las primeras filas hasta las graderías, el público respondió a cada aparición de los músicos, que propusieron un recorrido por temas como Bolero falaz, El álbum, Baracunatana, Rompecabezas, Florecita rockera y Expreso Amazonía. Hubo baile, palmas, teléfonos alzados y letras repetidas por miles de voces.
A las 09:00 p .m. comenzó el espectáculo. Sin embargo, la entrada no ocurrió desde el fondo de la estructura ni tras una presentación convencional.
Andrea Echeverry y Héctor Buitrago bajaron del escenario y caminaron entre los asistentes. Se acercaron a las personas ubicadas cerca de la pista, saludaron y extendieron las manos hacia quienes buscaban un contacto breve con ellos.
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Ese desplazamiento modificó la distancia habitual entre el artista y la multitud. La gente se apretó contra las vallas, mientras los dos integrantes avanzaban por el sector inferior del recinto.
Cuando finalmente subieron, el grito aumentó y dio paso a la primera parte de una jornada que contó con Martina la Peligrosa, Beto Cuevas, Manuel Medrano, Ana Tijoux, Marco Fariñango, Cony Camelo y Briela Ojeda.
Tras interpretar La pipa de la paz, Echeverry tomó el micrófono y habló de la violencia, el poder y la necesidad de volver la mirada hacia la naturaleza.
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“Cantando en La pipa de la paz esta noche con ustedes. Y pensar, pensar en las cosas que se dicen en La pipa de la paz, en momentos tan terribles, tan violentos”, expresó ante los aplausos.
La cantante hizo una pausa, escuchó la respuesta del auditorio y siguió con un tono directo en contra de las políticas de poder: “Marica, porque la lista Epstein, ¿qué es esa mierda? O sea, como que el poder estuviera asociado además con la hijueputez. O sea, tenaz”. Sus palabras provocaron risas, silbidos y otra ovación entre las más de 10 mil personas presentes.
Luego planteó una imagen distinta frente al clima que describía. “Así que pensemos en danzar la danza de la lluvia y en hablar con la naturaleza. Y como las cosas están tan terribles, les traemos su talismán. Vuela, estrella, para cada uno de los que está aquí esta noche”, afirmó Echeverry.
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Antes de retomar el repertorio, agradeció a quienes llegaron desde otras ciudades y a los asistentes de Bogotá: “Agradezco cada boletica, a los que vinieron de lejos y a los de cerca también”.
Los invitados ampliaron el diálogo entre generaciones
La aparición de Martina la Peligrosa se produjo durante Expreso Amazonía. La artista compartió la canción con Aterciopelados y recordó el lugar que el grupo tuvo en su historia familiar.
“Te voy a decir una cosa quiquita chiquita: mi niña de 10 años no se hubiera creído esta vaina nunca jamás. El Carito, Lorica, tres hermanos rockeros oyendo Aterciopelados. Gracias por hacernos soñar”, dijo.
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La actriz Cony Camelo también pasó por el escenario y agradeció a la agrupación por la invitación. Su presencia se integró a una lista de colaboraciones que incluyó a intérpretes de trayectorias y géneros diferentes, convocados para acompañar la celebración del disco publicado tres décadas atrás.
El cantante chileno Beto Cuevas participó en la canción En la ciudad de la furia. Al salir ante las luces del Movistar Arena, saludó al público con pocas palabras: “Buenas noches, Bogotá, muchas gracias por esta invitación”. El público recibió el mensaje con aplausos antes de sumarse a la versión compartida.
Más adelante, el cantautor cartagenero Manuel Medrano interpretó con Aterciopelados No necesito, una canción incluida en La pipa de la paz. Su entrada devolvió la atención al álbum homenajeado y conectó la conmemoración con una voz que representa otra generación de músicos colombianos.
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‘Bolero falaz’ fue el punto de mayor euforia
Uno de los pasajes más intensos ocurrió cuando Andrea Echeverry cantó Bolero falaz, tema de 1995 que hizo parte del segundo disco de la agrupación El Dorado.
La pieza, que ayudó a catapultar a Aterciopelados fuera de Colombia, fue asumida por la audiencia como un coro único. La canción cruzó la pista, las tribunas y los pasillos.
La interpretación dejó a Echeverry al frente de miles de personas que repetían la letra y acompañaban el pulso de la banda. Después de canciones, invitados y discursos, el final llegó con otra postal colectiva.
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Varias colegas, mujeres y niñas subieron al escenario para cantar junto a Andrea. El último tramo de la noche no quedó reservado para una sola voz: terminó con un grupo amplio sobre la tarima y el público aún de pie.
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