Santiago Ortiz, recién graduado de Derecho de la Universidad de los Andes, convirtió su discurso en la ceremonia de graduación del segundo semestre de 2026 en una defensa de la libertad para elegir una vida en paz, frente a la presión por competir, acumular logros y alcanzar los cargos más altos.
Su intervención, que circuló ampliamente en redes sociales, vinculó las inquietudes de los nuevos profesionales con la violencia y los desafíos democráticos de Colombia.
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Ortiz, graduado de Derecho con la distinción summa cum laude, sostuvo que la juventud no debe aceptar como mandato la carrera ininterrumpida por los ascensos, el dinero y el reconocimiento. Para él, la posibilidad de alcanzar metas no obliga a perseguirlas sin límites.
El discurso planteó que los recién egresados enfrentan expectativas de productividad y competencia desde el inicio de su vida laboral. Ortiz defendió que cada persona pueda definir su propio ritmo, preservar sus vínculos, aceptar los fracasos y detenerse cuando lo necesite, sin que esa elección implique renunciar a aportar al país.
Presión por acumular éxito
El discurso comenzó con una crítica a la idea de que una vida realizada depende de alcanzar los cargos más altos y de transformar el mundo de forma permanente. Ortiz afirmó que los graduandos llegan al final de sus carreras bajo una fuerte presión por competir.
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“Estamos graduándonos de la mejor universidad del país con la presión de correr a máxima velocidad y competir”, expresó el abogado. Según planteó, esa lógica prepara a los estudiantes para disputar “un lugar en el podio de una carrera con millones y millones de competidores”.
El egresado señaló que le preocupaban las consecuencias de esa carrera. Mencionó el desgaste de la salud, la postergación de los vínculos afectivos y de cuidado, además de la falta de tiempo para reflexionar.
También formuló una serie de preguntas sobre los límites de la ambición: cuánto dinero, qué tipo de vivienda, cuánto prestigio o cuántos logros serían necesarios para que una persona pudiera sentirse en paz.
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Frente a esas inquietudes, Ortiz defendió “el lujo de la libertad”. Para él, esa libertad supone escoger una vida acorde con las propias necesidades, asumir la posibilidad de fracasar, decidir cuáles desafíos enfrentar y reconocer el momento de detenerse.
El graduando sostuvo que la capacidad de producir, trabajar o competir más allá de los límites personales no obliga a hacerlo. “Que tengamos la posibilidad de producir, competir y trabajar más allá de nuestros propios límites (…) no significa que debamos hacerlo”, afirmó.
El mensaje también estuvo dirigido a las familias de los egresados. Ortiz les pidió no alarmarse ante su llamado a moderar la competencia y aseguró que el entorno social ya se ocupará de empujar a los nuevos profesionales hacia esa dinámica.
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“Este mundo automáticamente nos hará correr, nos incentivará a competir y nos hará aferrarnos a nuestros sueños”, manifestó. Luego reivindicó el acto de detenerse y de rechazar la presión por obtenerlo todo como condición para alcanzar tranquilidad.
La paz no implica indiferencia frente a Colombia
Ortiz recurrió a una declaración atribuida a la escritora irlandesa Sally Rooney, según la cual el sistema global actual no está dispuesto para una vida con propósito. A partir de esa idea, propuso que sus compañeros respondieran con autocompasión a las frustraciones y a los planes que no lleguen a cumplirse.
“Perdonémonos por todo aquello que no hicimos”, pidió el egresado. En esa línea, habló de las carreras que algunos lamentarán no haber estudiado, de los sueños que quedarán atrás y de los efectos que las decisiones personales pueden tener sobre otras personas.
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El abogado invitó a enfrentar la derrota y las frustraciones con dignidad. “No olvidemos entregarnos una tregua cuando la valentía y el esfuerzo no sean suficientes”, expresó ante los asistentes.
Aclaró, de todos modos, que optar por una vida en paz no equivale a desentenderse de las transformaciones que requiere el país. “Escoger una vida en paz no es indiferencia, detenerse no es abandonar y tener límites no significa desatender la campaña por transformar Colombia”, dijo.
En ese tramo, Ortiz recordó que el CICR identifica al menos ocho conflictos armados internos en Colombia. También citó a la Oficina de Vigilancia Humanitaria de la ONU en Colombia, que registró más de 630.000 personas afectadas por la violencia durante los primeros seis meses de 2026.
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El estudiante contrastó ese panorama con la ceremonia de grado. “En este mismo país, donde miles de personas hoy están sufriendo procesos de desmovilización territorial, nosotros estamos teniendo uno de los días más felices de nuestra vida”, manifestó.
Para Ortiz, la exposición reiterada a la violencia no debe reducir la empatía ni desmotivar el propósito de alcanzar la paz. Por eso, propuso que los graduandos definan el proyecto de país con el que se comprometerán.
El egresado reclamó integridad en un escenario donde, según describió, se premia “el triunfo del más vivo” y se vuelve intensa la tentación de dejar de lado los principios. Su propuesta fue priorizar la transparencia, el mérito y la justicia.
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También llamó a revisar instituciones que, en sus palabras, fueron edificadas sobre “la necesidad y la letalidad del castigo”. Ortiz pidió comprender los errores ajenos desde la compasión y evitar reducir a las personas a sus faltas.
“Para avanzar hacia la paz debemos desestructurar los estigmas, apagar el odio y desprogramar la venganza como modelo de operación”, afirmó. Sumó a esa tarea el ejercicio solidario de las profesiones y el intercambio de conocimiento con humildad.
En el cierre, solicitó cuidar la memoria histórica en un contexto que describió como de censura, ocultamiento y negación. Finalmente, deseó paz para sus compañeros, sus familias y el país: “Paz en sus vidas, paz en sus familias, pero sobre todo, paz en Colombia para todas y todos nosotros”.
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