Nueva temporada de la obra teatral ‘Torta genovesa": una despedida familiar, diez actores y un público que termina abrazando a desconocidos

La Compañía Hijos del Ocio lleva a la Casa del Valle en Bogotá una pieza autobiográfica del dramaturgo Rubén Darío López que transforma el dolor de la pérdida en una invitación a valorar a quienes damos por sentado

Si la familia del dramaturgo Rubén Darío López fuera un postre, sería una torta genovesa, esa que en Bogotá conocen como torta de tres leches. Esa imagen, mitad ternura y mitad dolor, fue el punto de partida de la obra Torta Genovesa
Si la familia del dramaturgo Rubén Darío López fuera un postre, sería una torta genovesa, esa que en Bogotá conocen como torta de tres leches. Esa imagen, mitad ternura y mitad dolor, fue el punto de partida de la obra Torta Genovesa
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Si la familia del dramaturgo Rubén Darío López fuera un postre, sería una torta genovesa, esa que en Bogotá conocen como torta de tres leches. Esa imagen, mitad ternura y mitad dolor, fue el punto de partida de Torta Genovesa, episodios del amor de una familia, la obra autobiográfica que reconstruye la última semana de agosto de 2010, cuando los suyos se reunieron para acompañar a una tía joven que perdía su batalla contra un cáncer.

La pieza llega en temporada a la Casa del Valle del 15 al 25 de octubre, con funciones de jueves a sábado a las 7:30 p. m. y domingos a las 5:30 p. m.

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La analogía entre un postre y el duelo de toda una familia

La historia se concibió a partir de los hechos ocurridos entre el 29 y el 31 de agosto de aquel año, cuando su familia recibió la noticia de que su tía, tras siete años de enfermedad, se acercaba al final.
La historia se concibió a partir de los hechos ocurridos entre el 29 y el 31 de agosto de aquel año, cuando su familia recibió la noticia de que su tía, tras siete años de enfermedad, se acercaba al final.

López, quien además de escribir y dirigir la obra ahora también la actúa, concibió el texto a partir de los hechos ocurridos entre el 29 y el 31 de agosto de aquel año, cuando su familia recibió la noticia de que su tía, tras siete años de enfermedad, se acercaba al final.

“Esos fueron episodios que yo viví que quedaron tatuados en mi mente, pero también en mi alma”, recordó el director. Las primeras páginas, admitió, fueron un desahogo: al escribir recuperó palabras exactas pronunciadas en aquel momento, algo que su propia familia no podía creer cuando asistió al estreno.

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El proceso de escritura, reconoció López, fue tanto sanador como difícil. Trasladar al papel una experiencia tan íntima obligó al dramaturgo a revisitar cada detalle de aquellos días, desde las conversaciones susurradas en la sala hasta los silencios cargados de significado. “Yo escribo sobre lo que me impresiona, sobre lo que me conmueve, sobre lo que me llega mucho”, explicó.

Cuando sus familiares viajaron desde Cali para ver la primera temporada, quedaron atónitos al reconocer en escena frases que se habían dicho en aquel momento exacto, como si el texto hubiera funcionado como un registro involuntario de la memoria.

La dramaturgia combina los acontecimientos reales de aquella tarde con situaciones imaginadas sobre las conversaciones que una persona puede sostener con sus seres queridos cuando sabe que la muerte se aproxima. Ambientada en una época sin teléfonos celulares, la trama convierte la necesidad de que una integrante de la familia llegue a tiempo en una carrera contra el reloj, mientras los demás personajes intentan comprender y aceptar lo que ocurre.

Diez actores, una casa caleña de los noventa y el público como testigo

La puesta en escena de la Compañía Hijos del Ocio apuesta por el hiperrealismo, reproduce una vivienda caleña de los años noventa con objetos cotidianos.
La puesta en escena de la Compañía Hijos del Ocio apuesta por el hiperrealismo, reproduce una vivienda caleña de los años noventa con objetos cotidianos.

La puesta en escena de la Compañía Hijos del Ocio apuesta por el hiperrealismo. El escenario reproduce una vivienda caleña de los años noventa con cocina funcional, muebles y objetos cotidianos que construyen el ambiente de una casa habitada. El público se distribuye alrededor de la escena, como si ocupara el lugar de las paredes, a una distancia tan corta que permite observar miradas, escuchar conversaciones en voz baja y percibir los gestos más pequeños de los diez actores que interpretan a las distintas generaciones de la familia.

El elenco está integrado por Adriana Botero, Lili García, Patricia Simone, Karito Galeano, el propio López, Lucía Mayorquín, Alyson Charry, Gustavo Giraldo, Luis Nova y Betty Barco. El diseño de escenografía es de Betty Leal y Juan Manuel Garcés, la música original de Juan Pablo Oviedo y la fotografía de Duleón (Giovanny Ramos).

Una obra que invita a hacer la llamada pendiente

Más allá del duelo, la obra aborda la infidelidad, la homosexualidad, la religión, las expectativas sociales sobre las mujeres, las migraciones y las distintas maneras de buscar la felicidad dentro de una misma familia.
Más allá del duelo, la obra aborda la infidelidad, la homosexualidad, la religión, las expectativas sociales sobre las mujeres, las migraciones y las distintas maneras de buscar la felicidad dentro de una misma familia.

Más allá del duelo, la obra aborda la infidelidad, la homosexualidad, la religión, las expectativas sociales sobre las mujeres, las migraciones y las distintas maneras de buscar la felicidad dentro de una misma familia.

El encuentro entre varias generaciones bajo un mismo techo permite que afloren recuerdos, conflictos, secretos y conversaciones pendientes que revelan la complejidad de los vínculos familiares. También pone sobre la mesa las obligaciones dentro de una pareja, el acompañamiento durante una enfermedad y esos silencios que se instalan alrededor de asuntos que todos conocen pero de los que nadie se atreve a hablar.

López señaló que la partida de los seres queridos no solo ocurre por la muerte, sino también por la migración, un fenómeno que atraviesa a casi todas las familias colombianas debido a las condiciones económicas y sociales del país. “No hay familia colombiana que no tenga alguien en el extranjero”, afirmó.

Pese a tocar lugares de profundo dolor, el director aseguró que alrededor del 95 % del público agradece la experiencia como una invitación a reflexionar. Después de cada función, describió, los espectadores no aplauden y se van: se acercan, abrazan a los actores y comparten episodios de sus propias familias. “Se llevan una necesidad de llegar a su casa a abrazar a su familia y hacer esa llamada que tienen postergada”, contó.

Esa reacción, según López, diferencia a Torta Genovesa de otras producciones de la compañía. Mientras que en otros montajes la respuesta suele ser un comentario sobre la actuación o la historia, aquí el gesto más frecuente es un abrazo en el que el espectador, un desconocido para el elenco, comparte algo personal. “Nos vuelve y nos invita al lugar de reencontrarnos con el amor que sentimos por quienes, paradójicamente, amamos pero damos por sentado que siempre van a estar”, reflexionó el director. Después del estreno, alguien le sugirió que escribiera algo más alegre, pero López defiende que la obra, lejos de hundir al espectador, lo devuelve a lo esencial: valorar a quienes tiene cerca antes de que sea tarde.

Actuar su propia historia le exige al director un ejercicio de contención

En las dos temporadas anteriores, López se limitó a dirigir; ahora enfrenta un desafío distinto: representar situaciones que él mismo vivió sin dejarse arrastrar por la emoción personal.
En las dos temporadas anteriores, López se limitó a dirigir; ahora enfrenta un desafío distinto: representar situaciones que él mismo vivió sin dejarse arrastrar por la emoción personal.

En las dos temporadas anteriores, López se limitó a dirigir desde afuera. Ahora, subido al escenario, enfrenta un desafío distinto: representar situaciones que él mismo vivió sin dejarse arrastrar por la emoción personal. “Hay que hacer el corte y decir: no te vas a conectar con tu experiencia, Rubén, sino con lo que tu personaje estaría viviendo”, explicó. Esa frontera entre la memoria y la ficción, reconoció, es el aspecto más confrontante de esta nueva etapa con la obra.

La obra cierra con un giro donde la tristeza y la alegría conviven: una celebración que irrumpe en medio de la pérdida y recuerda que la vida continúa. Entre el humor, los afectos y las contradicciones, la familia intenta mantenerse unida.

Torta Genovesa es la segunda entrega de la trilogía De esas cosas que pasan todos los días, desarrollada por Hijos del Ocio Compañía Teatral, un colectivo dedicado a propuestas escénicas sobre las relaciones humanas y los conflictos cotidianos. El montaje regresa a la Casa del Valle, el espacio donde nació su propuesta, con funciones del 15 al 25 de octubre.

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