El municipio de Gualmatán, en Nariño, despidió a Leyenda, un perrito abandonado que acompañó durante años la vida pública y religiosa del municipio de Nariño, con una misa, un desfile y un entierro tras su muerte por un infarto el viernes 9 de octubre.
La comunidad reunió a sus habitantes, bomberos, músicos, niños y mascotas para rendir homenaje al animal que se convirtió en una presencia habitual en las calles, la parroquia y hasta en las emergencias del municipio.
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Gualmatán, situado en el suroccidente del departamento y con más de 7.000 habitantes, volcó su duelo en una despedida que, según vecinos, tuvo una convocatoria mayor que la de funerales de exalcaldes o exconcejales. El cortejo partió del barrio El Arrayán hacia el templo, acompañado por una banda musical, una papayera, globos blancos, aplausos y lágrimas.
La muerte de Leyenda estuvo rodeada inicialmente por versiones sobre un posible envenenamiento. Sin embargo, una necropsia determinó que el perro murió por un infarto, según información conocida por El Tiempo.
Leyenda había llegado solo a las calles de Gualmatán y fue acogido por la familia Mafla Zapata, que lo vio deambular por el municipio. Se estimaba que tenía 7 años cuando murió y, de acuerdo con el periodista José Luis Calvache, había sido rescatado tras una situación de abandono.
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Su presencia se volvió habitual en ensayos de la banda, actividades de danza, reinados de belleza, actos comunitarios y funerales. El sargento Martín Mueses Arteaga, comandante del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Gualmatán, recordó que el perro “se ganó el cariño de todas las personas, no de uno, de dos, de tres, no, de un pueblo”, en declaraciones a Telepacífico Noticias 360.
Las celebraciones religiosas también formaban parte de su rutina. El animal se ubicaba a los pies del sacerdote, recostado sobre la alfombra, y permanecía en silencio durante las misas diarias.
Incluso, los bomberos lo consideraban su mascota. Cada vez que sonaban las sirenas, Leyenda acudía a la estación y viajaba dentro de la cabina del vehículo, porque no aceptaba ir en la parte trasera. Informativo del Guaico señaló que esa costumbre lo convirtió en un compañero cercano para el personal de la institución.
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Mueses contó que recibió la noticia de la muerte durante la madrugada, cuando un familiar le avisó que Leyenda había fallecido. Entonces propuso coordinar el entierro con los bomberos y la banda de músicos.
“El yerno a las 2 de la mañana me llamó: ‘¡Leyenda se murió!’. ‘¡No, no puede ser!’, le dije. Entonces le dije: ‘Coordinemos con los bomberos y con la banda de músicos su entierro’“, comentó el oficial a El Tiempo.
La misa, el entierro y un posible monumento
Durante la ceremonia religiosa, el cuerpo del perro fue ubicado al frente del templo antes de su sepultura junto a un pequeño parque. Los asistentes llevaron a sus propias mascotas como señal de duelo por un animal al que describían como cariñoso, juguetón y tranquilo.
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La familia Mafla Zapata permaneció afectada por la pérdida. Sus integrantes lo alimentaban con concentrado y carne, lo llevaban a peluquear y solían buscarlo cuando no regresaba a casa.
Leyenda ya aparecía en un mural realizado años antes en una calle de Gualmatán, donde fue retratado durante una carrera atlética a la que también había asistido. Tras su muerte, la comunidad evaluó construir un monumento en su memoria.
El grupo Luna Defensores de Animales de Gualmatán definió la despedida como “el acto de amor más grande y legítimo” y pidió respeto por la familia que lo adoptó. La organización sostuvo que el municipio trabaja en protección animal y desarrolla una estrategia para salvar la vida de los animales.
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Meses antes, Samaniego, otro municipio de Nariño, había despedido de forma similar a Tobi, un perro criollo que asistió durante 15 años a misas, entierros y actividades comunitarias. Cientos de personas participaron entonces de su sepelio colectivo, con intervención de la parroquia local y posterior sepultura.
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