La negociación del aumento del salario mínimo de 2027 se perfila entre un incremento esperado de 9% y 10% y un cálculo técnico próximo al 8%, basado en una inflación cercana al 7% y una productividad de entre 1% y 1,5%. El contraste abre una discusión sobre las variables que pueden ampliar esa brecha. El resultado podría acercarse al 9% si cambia el comportamiento de los precios al cierre de 2026.
“Una inflación de cierre superior al 7%. Si el (fenómeno de) El Niño o la indexación llevan el índice de precios al consumidor (IPC) de diciembre a 7,5% u 8%, la fórmula de inflación más productividad se acerca por sí sola al 9%”, explica el director Jurídico de SH Abogados, Santiago Salazar, citado en un comunicado.
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También sitúa el debate en la manera de calcular la productividad y en los criterios legales de la negociación. Anota que “medir con productividad total de los factores da un resultado distinto que medir por hora trabajada. La reducción de la jornada a 42 horas desde julio de 2026, prevista en la Ley 2101 de 2021, eleva la productividad por hora y puede usarse como argumento sindical”.
Presencia en la discusión pública
Además, la ley contempla la participación salarial en el ingreso nacional, una variable que, según el directivo, suele tener menor presencia en la discusión pública. “El 9% o 10% no se justifica con las cifras de hoy. Sería una decisión de concertación política, no un resultado técnico”, sostiene.
Un aumento del salario mínimo de 2027 de entre 9% y 10% elevaría el ingreso nominal de los trabajadores, aunque también podría encarecer la contratación formal, presionaría a las mipymes y ampliaría el gasto pensional estatal, de acuerdo con el abogado Salazar, que advierte que el efecto final dependerá de la inflación de 2027, de la respuesta de las empresas y de la indexación de precios y tarifas.
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Sobre la recuperación del poder adquisitivo, el especialista diferencia entre el alza inicial y su efecto a lo largo del año siguiente. “Con una inflación de 7%, un aumento de 9% deja cerca de dos puntos reales y uno de 10% cerca de tres. Es una mejora real, pero modesta”, indica.
La comparación, añade, no debe hacerse solo frente al comportamiento de los precios en 2026. “La ganancia real se mide frente a la inflación de 2027, no frente a la de 2026. Si el aumento alimenta precios de servicios, arriendos y alimentos preparados, parte de esa ganancia se diluye durante el año”, aclara.
Costos laborales y presión sobre las mipymes
Para las empresas, el aumento no se limita al valor que recibe el trabajador como salario. “El costo total de un trabajador de salario mínimo supera aproximadamente en 50% el salario nominal, por prestaciones, seguridad social, aportes parafiscales y auxilio de transporte. Cada punto de aumento se multiplica”, afirma Salazar.
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El cálculo empresarial también acumula cambios recientes en la regulación laboral. “A ese costo se suman el 23,7% de 2026, la reducción de jornada y el aumento progresivo de los recargos por trabajo dominical y festivo de la reforma laboral, Ley 2466 de 2025”, señala.
Salazar identifica a comercio, restaurantes, vigilancia privada, aseo, agro y confección como las actividades con mayor exposición, debido a que buena parte de sus nóminas recibe el mínimo y tiene poco margen para trasladar aumentos a precios. “Para una mipyme, el problema no es el aumento de un año sino la suma de tres choques de costo en menos de 24 meses”, anota.
Según él, el efecto alcanza también las finanzas públicas por el vínculo entre el mínimo y las pensiones. “El artículo 48 de la Constitución impide que una pensión sea inferior al salario mínimo. Por eso cada punto de aumento incrementa el gasto pensional del Estado”, indica Salazar.
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El Niño y el riesgo de una inflación más persistente
El riesgo para el empleo formal, según Salazar, es mayor en Colombia por la relación entre el salario mínimo y los ingresos habituales de los trabajadores. “El salario mínimo está muy cerca del salario mediano, uno de los niveles relativos más altos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde). Esto significa que el mínimo es el salario que paga gran parte del aparato productivo, no un simple piso”, dice.
Resalta que más de la mitad de los ocupados ya trabaja en la informalidad. “Un aumento muy por encima de inflación y productividad empuja hacia contratos de prestación de servicios, reducción de contratación o formalidad parcial”, dice, antes de recordar que el Banco de la República ha advertido sobre la transmisión de costos y los mecanismos de indexación.
Y es que la evolución de El Niño puede alterar el punto de partida de la mesa de negociación. “Corficolombiana advierte que desde abril de 2026 hay un fenómeno de El Niño moderado, con efectos iniciales en los precios de energía en bolsa. Hay dos canales: energía, por menor generación hidráulica y mayor precio de bolsa trasladado a tarifas; y alimentos perecederos, por sequía y menores cosechas, con un rezago de varios meses”, apunta.
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Si el IPC de cierre de 2026 sube, también aumenta el piso legal del ajuste por el criterio de la C-815 de 1999, una situación favorable para las centrales obreras. Santiago Salazar alerta, sin embargo, que trasladar al salario un alza temporal causada por el clima puede prolongar las presiones sobre los precios y alejar la inflación de la meta del 3% prevista para 2027.
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