Juana Acosta llegó a Madrid en 1997 con una maleta, un sueño de formación actoral y la memoria de una Colombia marcada por la violencia.
Lo que comenzó como una estadía en la escuela de Juan Carlos Corazza se convirtió, tres años después, en una radicación permanente. Hoy, con más de 40 películas y series en su haber, la actriz nacida en Cali en 1976 reconoce que ese salto tuvo un precio: el de vivir entre dos mundos sin pertenecer del todo a ninguno.
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La decisión de abandonar Colombia no respondió a un cálculo de carrera. Fueron la muerte de su padre y el secuestro de uno de sus hermanos los que quebraron cualquier posibilidad de quedarse.
“Tras el asesinato de mi papá, estuve un año en Estados Unidos para aprender inglés. Volví a casa. Y entonces la guerrilla secuestró durante diez meses a uno de mis hermanos”, contó Acosta a El País.
La violencia, en su caso, no fue un telón de fondo: fue el motivo de la partida.
Migrar abrió puertas, pero también cobró un precio
España le ofreció a Acosta lo que Colombia no podía garantizarle en ese momento: estabilidad y trabajo. Su nombre comenzó a figurar en producciones televisivas como Policías, en el corazón de la calle, Hospital Central y Carlos, y su carrera fue creciendo de manera sostenida desde Madrid.
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“A mí me dio la posibilidad de empezar mi vida en otro lugar, como empezar de cero, reinventarme. Cuando uno ya tiene un camino recorrido, poder volver a empezarlo es un lujo”, dijo la actriz en una entrevista con La red.
Pero ese mismo proceso de reinvención tuvo su contracara. La distancia con su entorno afectivo se instaló como una herida de baja intensidad, permanente. “¿Qué me quitó? Pues el poder estar cerca de mi familia y de mis amigos, eso lo extraño todos los días”, afirmó.
La lejanía no fue una consecuencia menor: fue el costo más concreto y duradero de haber elegido quedarse.
Entre España y Colombia, sin tierra firme
Con el tiempo, Acosta describió una experiencia que va más allá de la nostalgia: la sensación de quedar suspendida entre dos identidades. “Hay un momento complicado en donde uno no se siente de allá, pero ya no es de acá tampoco. Hay un momento en el que uno se siente como en tierra de nadie”, declaró al mismo programa.
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Esa zona intermedia, sin pertenencia clara, es uno de los fenómenos más documentados entre quienes migran de forma prolongada y terminan rehaciendo su vida fuera del país de origen.
Su hija, nacida en Madrid de su relación con el actor argentino Ernesto Alterio, creció al margen de esa tensión. “Mi hija es muy madrileña y aparte habla como española”, dijo Acosta.
La menor viajó por primera vez a Colombia para asistir a la Feria de Cali. “Estuvo dichosa. Nos bailamos todas las canciones de salsa juntas”, contó la actriz. En ese viaje, la distancia cultural que Acosta cargó durante años se volvió visible: su hija descubrió Colombia como una novedad; para ella, era un regreso.
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En Madrid, hasta el nombre fue una negociación
La adaptación también alcanzó su identidad más básica. Durante su formación teatral en Madrid, la profesora Catalina Lladó le sugirió abandonar el diminutivo con el que se presentaba.
“A ti no te pega Juanita, te pega Juana. Es más contundente”, le dijo, según relató la actriz a Rolling Stone. Desde entonces, adoptó Juana como nombre artístico, el mismo con el que construyó toda su carrera en España.
La trayectoria de Acosta incluye también el rechazo a una propuesta de la cadena ABC de Estados Unidos, que recibió a los 40 años. No se interesó por los personajes y regresó a Madrid. “Nunca tuve el sueño americano. Me eduqué en el Liceo Francés, y mi sueño era Europa”, explicó a Lecturas.
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