Las cinco víctimas de la misión humanitaria alcanzaron a atender a 600 personas en Condoto, Chocó, antes de que la avioneta en la que regresaban se estrellara contra un cerro en el Parque Nacional Tatamá, en el Pacífico colombiano. La aeronave desapareció el domingo 13 de septiembre y fue localizada tres días después.
El siniestro truncó el regreso de una brigada de la Patrulla Aérea Civil Colombiana, integrada por el piloto Mehmet Cankaya y cuatro profesionales de la salud: las enfermeras jefe Perla Constanza Álvarez y Sandy García, la pediatra María Victoria Guzmán y la radióloga Julissa Figueredo.
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La misión había reunido a cinco personas que interrumpieron su descanso para llegar a una de las zonas afectadas por el terremoto del 10 de agosto. Allí brindaron atención médica a habitantes que dependen de este tipo de vuelos para acceder a servicios de salud.
El piloto combinaba la aviación con las misiones de ayuda
Adriana Revelo, esposa del piloto, contó que Cankaya había llegado a Colombia 11 años antes para expandir Mega Travel, la empresa turística de su familia. Antes había vivido en México, donde aprendió español.
Para ella, su dimensión personal iba mucho más allá de su actividad empresarial. “Si me preguntan quién era Megmet lejos de la cabina de mando, el primer recuerdo que se me viene a la memoria es el de un padre amoroso, un hombre visionario, líder y muy querido por la gente por su carisma: noble, amable, sonriente y siempre con disposición de ayuda”, recordó al diario El Tiempo.
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La esposa del aviador describió una rutina familiar marcada por mensajes sencillos para sus hijas. Cankaya procuraba recibirlas al salir del colegio y acompañarlas en sus entrenamientos deportivos, aun cuando tenía una agenda laboral exigente.
La mujer evocó una de las frases que él repetía en casa: “‘Sean felices. Disfruten su día y pásenla bien’”. Según relató ante el diario, el piloto privilegiaba el disfrute del momento antes que la búsqueda de la perfección.
Su interés por viajar también lo llevó a formarse como capitán de barco y a recorrer rutas en motocicletas de alto cilindraje. Se había graduado como piloto en el Aeroclub de Colombia y compartía los trayectos aéreos con su esposa y sus hijas.
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“Era un hombre que podía comer el plato típico de la calle de cualquier pueblito porque era su disfrute. Tenía un espíritu aventurero y apasionado”, afirmó Revelo. El avión se convirtió en un espacio de convivencia familiar durante los viajes por zonas apartadas.
El vínculo de Cankaya con Colombia también pasaba por su interés por la geografía, la gastronomía y el café de especialidad. En su casa molía granos y buscaba pequeñas marcas locales.
“Él me decía: ‘La bendición de estar en Bogotá y a una hora de repente, si vuelo, estoy en la costa Caribe más hermosa, y de repente agarras otro trayecto y te vas a la selva’”, relató su esposa ante la publicación.
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El piloto se encontraba en el tramo final del proceso de nacionalización. Tenía programada para el mes de noviembre de 2026 la prueba de la Cancillería necesaria para obtener la ciudadanía colombiana. “Él ya iba a ser colombiano”, sostuvo Revelo. La familia también recordó sus viajes por regiones a las que el acceso por carretera resultaba difícil o imposible.
La solidaridad era una parte central de su actividad aérea. Cankaya participó en vuelos voluntarios hacia Chocó y en operaciones posteriores a los sismos del Eje Cafetero, donde trasladó equipos médicos y suministros.
“Mehmet hizo siete vuelos voluntarios para ayudar”, señaló su esposa. Revelo recordó ante el diario un traslado a Pereira de un equipo de hemodinamia que permitió al Hospital San José continuar con el procesamiento de sangre donada.
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El recuerdo de un liderazgo basado en el servicio
La muerte de los cinco integrantes de la brigada generó mensajes de pésame entre agencias de viajes, colegas de la aviación y trabajadores de las sedes latinoamericanas de la compañía de Cankaya.
“Varios me dijeron: ‘Le debo mucho’ o ‘Le debo parte de lo que soy’”, contó Revelo. La esposa del piloto afirmó que él enseñaba y dirigía sin recurrir a la imposición.
El mensaje final de Revelo estuvo dedicado a su esposo y a las tres hijas de ambos. “Como esposa le diría que hasta el cielo lo amo”, expresó.
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“Me quedo con nuestros atardeceres, nuestros viajes, nuestros domingos en pijama y con ese legado tan especial en nuestras hijas”, agregó. La familia buscará preservar la memoria de un piloto y cuatro profesionales que viajaron para llevar atención médica a Condoto.
Cuatro profesionales de la salud con experiencia en brigadas
Las cuatro mujeres que viajaban en la avioneta ya habían participado en otras jornadas de la Patrulla Aérea Civil Colombiana. Perla, Sandy, María Victoria y Julissa descendían de aeronaves para llevar atención médica a comunidades rurales donde los pacientes no podían acceder a hospitales por vía terrestre.
Sandy García era recordada por su hermana, Julieth González, como una persona dedicada a su familia. El 13 de septiembre le envió una imagen desde la pista del aeropuerto de Condoto acompañada por una frase breve: “En camino”.
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García, Álvarez y Guzmán desarrollaban su vocación profesional desde Colmédica. Figueredo aportaba la experiencia de quien había convertido las brigadas aéreas en una actividad constante de su vida.
María Victoria Guzmán era pediatra, egresada de la Universidad del Rosario, y acumulaba cerca de dos décadas de experiencia. Era esposa y madre de dos niños.
Perla Constanza Álvarez, enfermera jefe y gerente de acceso y servicio de Colmédica, se había graduado en la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia. Su carrera estuvo orientada al servicio de salud.
Julissa Figueredo era médica radióloga, trabajó en la Clínica del Country y ejerció como docente en la Universidad de Los Andes y la Universidad Militar Nueva Granada. Las cinco víctimas atendieron a 600 personas durante su última jornada en Condoto.
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