El maracuyá es una de esas frutas que difícilmente pasan desapercibidas. Su aroma intenso, su pulpa llena de semillas y ese particular sabor que combina acidez y dulzura hacen que sea habitual en jugos, helados, yogures, mermeladas y diferentes preparaciones.
Pero detrás de su apariencia y sabor existe un alimento que aporta varios nutrientes de interés para el organismo. El maracuyá, cuyo nombre científico es Passiflora edulis, contiene fibra dietaria, vitamina C, vitamina A, potasio, fósforo y magnesio, además de diferentes compuestos vegetales.
Se trata de una fruta tropical originaria de Sudamérica y ampliamente cultivada en países como Colombia, Brasil, Ecuador y Perú. Una de las variedades más conocidas es la de cáscara amarilla, cuya pulpa tiene una textura particular y está acompañada de numerosas semillas.
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¿Qué pasa en el cuerpo cuando se consume maracuyá?
Una de las principales ventajas nutricionales del maracuyá está relacionada con su contenido de fibra, ya que este componente resulta importante para el funcionamiento adecuado del sistema digestivo y puede contribuir a una alimentación que favorezca el tránsito intestinal.
Por esa razón, incorporar frutas como el maracuyá dentro de una dieta variada puede ayudar a aumentar el consumo diario de fibra, especialmente cuando se consume la pulpa completa y no únicamente el líquido filtrado.
La fruta también proporciona vitamina C, un nutriente que participa en diferentes funciones del organismo, entre ellas el funcionamiento normal del sistema inmunitario y la protección de las células frente al estrés oxidativo.
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Otro de sus aportes es la vitamina A, relacionada con funciones importantes como el mantenimiento de la visión y de diferentes tejidos del organismo.
El maracuyá aporta minerales como potasio, fósforo y magnesio, nutrientes que participan en múltiples procesos corporales. El potasio, por ejemplo, interviene en el funcionamiento normal de los músculos y los nervios, mientras que el magnesio participa en procesos relacionados con la función muscular y nerviosa, entre otras funciones.
Además, 100 gramos de maracuyá aportan aproximadamente 60 kilocalorías, por lo que puede incorporarse como parte de una alimentación equilibrada.
Esto no significa que consumir grandes cantidades produzca beneficios adicionales. Como ocurre con cualquier alimento, lo importante es incluirlo dentro de una dieta variada que contenga diferentes frutas, verduras, cereales, proteínas y fuentes de grasas saludables.
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Otro aspecto que ha despertado interés científico es la presencia de diferentes compuestos bioactivos en esta fruta y entre ellos se encuentran sustancias como luteolina, apigenina y quercetina, compuestos vegetales que han sido estudiados por sus posibles propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
Investigaciones experimentales han encontrado diferentes actividades biológicas asociadas con componentes del maracuyá, entre ellas efectos antioxidantes, antiinflamatorios, antihipertensivos, hepatoprotectores y relacionados con el metabolismo de la glucosa.
Sin embargo, hay una precisión importante: estos resultados no significan que comer maracuyá cure enfermedades o pueda reemplazar medicamentos y tratamientos prescritos por un profesional de la salud. Buena parte de estas investigaciones se ha realizado en modelos experimentales, por lo que no se pueden trasladar automáticamente sus resultados a seres humanos.
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¿Consumir maracuyá puede ayudar a la digestión?
La fibra presente en el maracuyá, también conocida como fruta de la pasión, es uno de los componentes que pueden beneficiar al sistema digestivo. Una alimentación adecuada en fibra contribuye al funcionamiento normal del intestino y puede favorecer la regularidad intestinal.
Precisamente, el maracuyá ha tenido diferentes usos dentro de la medicina tradicional y la herbolaria. De hecho, se le han atribuido propiedades digestivas y se ha utilizado tradicionalmente para molestias como el estreñimiento y la diarrea.
No obstante, estos usos tradicionales deben diferenciarse de los tratamientos médicos comprobados. Si una persona presenta diarrea persistente, estreñimiento prolongado, dolor abdominal u otros síntomas, lo recomendable es consultar con un profesional de la salud.
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