La discusión del aumento del salario mínimo para 2027 en Colombia ya entró en la agenda económica, con una puja que desde el arranque gira alrededor de la inflación, la productividad laboral, el costo para las empresas y el efecto sobre el empleo formal. En ese debate ya aparecen como referencias el Banco de la República, el ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, y el viceperesidente José Manuel Restrepo, además de los planteamientos del presidente Abelardo de la Espriella.
Hasta ahora no existe un porcentaje oficial para el aumento del sueldo básico. Lo que sí está sobre la mesa son referencias técnicas ligadas a la inflación, la productividad, el crecimiento económico y el mercado laboral, junto con escenarios de 5%, 6% y una mención cautelosa a un posible piso de 7% en algunos análisis.
La discusión enfrenta otra vez a trabajadores, empresarios y Gobierno, como ocurre cada año en la negociación del salario mínimo. La diferencia frente a otras etapas es que el debate arrancó con el antecedente cercano del ajuste de 2026 y con advertencias explícitas sobre el efecto que un incremento alto puede tener en los precios y en la contratación formal.
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Abelardo de la Espriella ya afirmó que el aumento no debería alejarse demasiado de la inflación. También planteó que cualquier decisión debe considerar el impacto sobre las empresas privadas y la formalidad laboral. Su postura no contempla una reducción del salario vigente. Al contrario, defiende conservar ese ingreso como una conquista social de los trabajadores.
Advertencia del Banco de la República sobre inflación y costos
El Informe de Política Monetaria de agosto de 2026 del Banco de la República fijó una de las alertas centrales para la negociación. El documento señala que “un aumento del salario mínimo por encima de la inflación y la productividad podría fortalecer mecanismos de indexación y transmisión de costos”.
Dicha advertencia apunta a un posible traslado de mayores costos hacia los precios finales. El banco central también asocia ese riesgo con una mayor persistencia inflacionaria si el ajuste salarial se separa demasiado de esas variables técnicas.
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El informe agrega otros focos de presión que podrían mover la inflación en los próximos meses.
Entre ellos menciona:
- Precios más altos del gas por un mayor componente importado.
- Presiones sobre fertilizantes y combustibles derivadas de tensiones geopolíticas.
Esos elementos no definen todavía el incremento de 2027, pero sí acotan el margen de discusión. La cifra final dependerá de las condiciones económicas del país y de la negociación que se desarrolle en el último trimestre del año.
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Lo que plantean funcionarios del gobierno de Abelardo de la Espriella
Antes de la posesión de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia, el ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, dijo que “la definición del salario mínimo se apoyará en información técnica”. Con esto, descartó respaldar un ajuste por encima de la inflación y la productividad laboral.
Gómez expresó además una línea de política salarial más restrictiva frente a aumentos amplios. “Tenemos que volver a una política de salarios que sea racional, que proteja el poder adquisitivo de las personas de menores ingresos. Pero nosotros no podemos aumentar el salario mínimo cuatro o cinco veces por encima de la inflación”, explicó.
La postura del funcionario combina dos objetivos que suelen entrar en tensión en esta discusión. Por un lado, busca defender el ingreso real de los hogares; por otro, intenta evitar efectos sobre las empresas y el empleo formal.
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Por su parte, el vicepresiente José Manuel Restrepo aseguró que “el salario mínimo de 2027 mantendrá el objetivo de cuidar el poder adquisitivo de los hogares del país y cubrir necesidades básicas, sin golpear la economía nacional ni a las empresas”.
Otra idea que aparece es trasladar al Banco de la República la responsabilidad de definir cada año el ajuste del salario mínimo. Esa propuesta figura como iniciativa y no como una decisión adoptada.
El antecedente de 2026 que pesa sobre la negociación
La referencia inmediata para la discusión actual es lo ocurrido con el salario mínimo de 2026. En esa ocasión, trabajadores, empresarios y Gobierno no lograron un acuerdo pese a varias reuniones de concertación.
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Ante esa falta de consenso, el ya expresidente Gustavo Petro fijó el aumento de manera unilateral el 29 de diciembre de 2025. El salario básico quedó en $1.750.905 y el auxilio de transporte en $249.095. Con esos dos componentes, el ingreso total llegó a $2.000.000 para los trabajadores que reciben ese beneficio. Antes del ajuste, el salario mínimo estaba en $1.423.500 y ascendía a $1.623.500 con subsidio de transporte.
El cambio representó un alza de 23,7% frente al salario de 2025. El porcentaje generó una discusión fuerte porque sectores empresariales habían planteado que el incremento no debía llegar a dos dígitos porcentuales.
Dicho episodio se convirtió en un punto de comparación inevitable para 2027. La nueva negociación partirá de una cifra base más alta y de un precedente en el que la concertación no prosperó.
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Escenarios de aumento del salario mínimo para 2027
Por ahora, no hay una cifra oficial para el salario mínimo que regirá en 2027. Aun así, todo indicaría que la decisión se basaría en el cierre de la inflación de 2026 (junio cerró en 6,164% anual). Así las cosas:
- Si la inflación termina en 5% y el salario sube exactamente ese mismo porcentaje, el ingreso básico pasaría de $1.750.905 a aproximadamente $1.838.000 (sin auxilio de transporte). Ese escenario supone un aumento de $87.095 sobre el salario vigente.
- Si la inflación cierra en 6%, el ajuste sobre la base actual sería de $105.054. En ese caso, el salario básico llegaría a $1.855.959 (sin auxilio de transporte).
En ambos casos, superaría los $2.000.000 al sumar el auxilio de transporte ($249.095). Es decir, podría ubicarse entre $2.087.095 y $2.105.054.
Junto a esos cálculos aparece otra referencia menos consolidada. Algunos analistas del escenario local ubican el arranque de la discusión en un posible piso de 7% por la alta inflación esperada para este año. Ese porcentaje no figura como definición oficial ni como consenso entre las partes. Por ahora, opera apenas como una señal sobre el rango de debate que podría tomar fuerza cuando se acerque la negociación formal.
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