El nuevo periodo presidencial en Colombia abrirá con una reestructuración total en la cúpula de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, acto que marcará el inicio de una etapa de cambios profundos en el mando institucional y en la estrategia de seguridad del país.
Altas fuentes del Gobierno entrante revelaron a Infobae Colombia que el 7 de agosto se realizará la ceremonia oficial de conformación del nuevo mando desde el Batallón Pichincha en Cali. De forma paralela, en el Cantón Norte de Bogotá se desarrollarán reuniones extraordinarias para coordinar la transición y la salida de los altos mandos asociados a la administración saliente de Gustavo Petro.
Según información confirmada por este medio, la decisión busca renovar integralmente el liderazgo de la fuerza pública, con el objetivo de imprimir una nueva orientación estratégica a las políticas de seguridad, defensa y orden público.
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Los nombres que definirán el nuevo mando
En el listado de posibles designaciones destaca Juan Carlos Correa Consuegra, mayor general y actual inspector general de las Fuerzas Militares, que se perfila como el principal candidato para asumir el Comando General. Correa cuenta con una trayectoria internacional relevante, incluyendo cooperación estratégica en Estados Unidos bajo políticas bilaterales de la administración de Donald Trump, centradas en seguridad y combate al crimen transnacional.
Durante el gobierno de Iván Duque, Correa lideró el Comando Contra el Narcotráfico y Amenazas Transnacionales (Conat), donde dirigió operaciones de alto impacto contra estructuras dedicadas al narcotráfico. Además, jugó un papel operativo durante la crisis del estallido social en 2021, contribuyendo al restablecimiento del orden público en zonas críticas, según fuentes de Infobae Colombia.
En el debate para el máximo cargo militar también figura el mayor general Erick Rodríguez, que pese a haber sido retirado recientemente tras declaraciones polémicas sobre la carnetización de disidencias en Meta y Caquetá, permanece legalmente activo por encontrarse en el periodo administrativo de “tres meses de alta”.
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Cambios en cada rama y continuidad selectiva
La reestructuración contempla otros nombres clave para la dirección de las ramas de la fuerza pública. Para el Ejército Nacional, sobresalen el brigadier general Walther Adrián Giraldo, jefe del Estado Mayor de Operaciones, y el brigadier general (R) Óscar Murillo, cuya salida de la administración anterior se produjo tras tensiones por los diálogos con el ELN.
También figura el mayor general José Bertulfo Soto Sánchez. El actual segundo comandante, Jaime Alonso Galindo, sería el único oficial en conservar su cargo, según versiones recogidas por este medio.
En la Armada Nacional, el vicealmirante Hernando Enrique Mattos Dager, jefe del Estado Mayor Naval de Apoyo a la Fuerza, es el candidato principal para asumir la comandancia. En la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC), el mayor general Edgar Falla Vargas aparece como opción para liderar la institución. Para la Policía Nacional, De la Espriella anunció oficialmente que el general Alejandro Barrera tomará la dirección general, tras su reintegro.
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Salida de la cúpula de Petro y proceso de transición
El Gobierno saliente deja una cúpula que será renovada casi en su totalidad. Para asegurar el empalme y la operatividad durante el proceso de toma de posesión, se mantendrá de forma temporal al mayor general Royer Gómez en la comandancia del Ejército. Por antigüedad, el general Hugo Alejandro López pasará definitivamente al retiro, mientras que el general William Rincón Zambrano dejará la dirección de la Policía Nacional para regresar al retiro.
Fuentes consultadas por Infobae Colombia detallaron que algunos oficiales evalúan aceptar comisiones en el exterior o tramitar su retiro inmediato. Entre ellos figuran el general Carlos Fernando Silva, comandante de la FAC, y el almirante Juan Ricardo Rozo de la Armada Nacional.
El acto central y la expectativa institucional
El acto de posesión del nuevo mando, previsto para el 7 de agosto en Cali, simbolizará el inicio de una etapa de reformas en la estructura y estrategia de la fuerza pública. La apuesta del nuevo Gobierno es consolidar una dirección alineada con sus metas de seguridad y control territorial, en un contexto marcado por retos en materia de orden público y lucha contra el crimen organizado.
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La reestructuración total representa uno de los movimientos más amplios sobre la cúpula militar y policial de los últimos años, con la expectativa de definir nuevas directrices para el periodo presidencial entrante.