El año 2000 fue decisivo en la trayectoria de Rolando Ochoa y Diomedes Dionisio Díaz, que integraban la agrupación Los hijos de los grandes y avanzaban en su carrera musical cuando quedaron atrapados en un episodio que alteró profundamente sus vidas.
De acuerdo con lo narrado por Ochoa en el pódcast Historias con ritmo’, los músicos se dirigían al municipio de Palocabildo, en el departamento de Tolima, para ofrecer un concierto con motivo del Día de la Madre. El viaje, que prometía ser una celebración, terminó abruptamente cuando el vehículo en el que se movilizaban fue interceptado en la carretera por dos hombres armados y encapuchados.
Según relató el propio Ochoa en el programa, los secuestradores actuaron con planificación y preguntaron de inmediato por los acordeones, indicando que necesitarían los instrumentos durante el tiempo que permanecerían en cautiverio.
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La presentación se canceló y la organización del evento debió devolver el valor de las entradas, que costaban $6.000 cada una. Esta retención fue atribuida al Ejército de Liberación Nacional (ELN), aunque los motivos exactos nunca se esclarecieron.
La experiencia del secuestro, entre el miedo y la incertidumbre
Durante 18 días el reconocido acordeonero y el cantante permanecieron privados de la libertad en una zona montañosa. En ese momento, Dionisio tenía apenas 18 años y cursaba su último año de bachillerato, mientras ambos artistas comenzaban a consolidar su propuesta musical con temas como Siguiendo los pasos, Por qué te amo y Dame un besito.
En su testimonio Ochoa no ocultó la dureza de la experiencia: “Es una de las experiencias horribles que puede pasar un ser humano; no se lo deseo a nadie. Quedan muchas secuelas, queda uno muy marcado”, afirmó el músico, que detalló que la ansiedad y el miedo persistieron mucho tiempo después de recuperar la libertad.
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La presión psicológica se tradujo en una sensación constante de alerta, especialmente durante viajes en carretera. “Cuando iba viajando en los buses y paraban a cualquier cosa, yo ya estaba saltando, porque queda uno con esa psicosis”, relató Ochoa.
El impacto de este episodio en la salud mental de ambos artistas fue profundo y dejó huellas que acompañaron a Ochoa durante años.
El regreso a la vida pública y el legado musical
A pesar del trauma, tanto Rolando Ochoa como Diomedes Dionisio Díaz lograron retomar sus carreras y continuar con la música. Actualmente, Ochoa celebra 25 años de trayectoria profesional, consolidándose como uno de los acordeoneros y compositores más destacados del vallenato contemporáneo.
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Según el pódcast, su carrera incluye colaboraciones en álbumes emblemáticos como La 9.ª batalla junto a Silvestre Dangond, en las que se destacan canciones como Loco paranoico, La difunta y Un amor verdadero, así como seis producciones con el fallecido cantante Martín Elías, también hijo de “el Cacique de la Junta”.
El nombre de Diomedes Dionisio Díaz volvió a tomar relevancia en 2026 tras conocerse que fue ingresado de urgencia en una clínica de Valledupar por complicaciones de salud. Este hecho reavivó la atención sobre la dinastía Díaz y sus descendientes, pero también permitió que la historia del secuestro relatada por Ochoa pusiera de nuevo en perspectiva los riesgos que enfrentaron artistas en épocas de grave deterioro del orden público en Colombia.
Eco en la opinión pública y la resiliencia de dos figuras del vallenato
El caso de Rolando Ochoa y Diomedes Dionisio Díaz es un recordatorio de los desafíos que vivieron músicos y figuras públicas en Colombia durante las décadas recientes. El relato de Ochoa destaca la resiliencia que fue necesaria para superar una experiencia límite en medio de su ascenso artístico.
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“Durante muchos años quedé marcado, muchos nervios, muchas cosas”, reconoció el acordeonero, que nunca ha dejado de construir su legado musical a pesar de los obstáculos.