El servicio doméstico en Colombia sostiene la rutina de millones de familias, pero sigue marcado por una desprotección laboral extendida. En el país, cada vez más personas y hogares dependen de esa fuerza de trabajo. Las cifras y los testimonios muestran que el trabajo doméstico remunerado en Colombia combina alta informalidad, bajos ingresos y escaso acceso a la seguridad social (cotizar pensión o tener salud al día) en una ocupación ejercida sobre todo por mujeres.
Según los últimos datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), el 93% de las personas que trabajan en este sector son mujeres y cerca del 82% realiza esta labor sin acceso a la protección social. A su vez, el Observatorio Laboral de la Universidad Javeriana sitúa al sector en más de 703.000 personas, con 91% de participación femenina, entre 70% y 83% sin acceso a la seguridad social y cerca del 80% en la informalidad.
El acceso efectivo a las coberturas laborales sigue siendo reducido. Solo el 20% cuenta con afiliaciones activas y cotizaciones simultáneas a salud y pensión, y el análisis “Hablemos de Trabajo Doméstico” indica que apenas el 14% cotiza.
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El costo social y económico de la informalidad
Para el director ejecutivo de Limpiafy, Mariano Ortega, la informalidad en este sector no puede leerse solo como un problema laboral. “Cuando una trabajadora está en la informalidad, pierde protección de manera inmediata. Al mismo tiempo, pierde el país entero porque se debilita el sistema de seguridad social, se reduce la productividad, aumenta la vulnerabilidad socioeconómica de miles de mujeres jefas de hogar y se perpetúa la idea errónea de que el cuidado y la limpieza son labores de menor valor”.
Ortega dice que parte del problema es una mirada cultural arraigada sobre esta ocupación. “Esa percepción ha contribuido a que muchas relaciones laborales se manejen de manera informal, sin contratos claros, sin pagos organizados, sin afiliaciones completas y sin respaldo suficiente para ninguna de las partes”, anotó.
Sostuvo que formalizar este trabajo implica modificar la forma en que se entiende el cuidado y la limpieza en la vida diaria. También remarca que esta actividad exige técnica, cumplimiento horario, responsabilidad y un criterio técnico definido.
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Por su parte, la directora de país de CARE Colombia, Catalina Vargas, planteó una lectura similar sobre el lugar que ocupa este empleo en la sociedad. “El trabajo doméstico es esencial para el funcionamiento de la sociedad, pero ha sido invisibilizado y precarizado. Quienes lo sostienen no pueden ejercer plenamente sus derechos”, añadió.
La carga desigual del trabajo de cuidado también aparece en las cifras del Dane. Las mujeres dedican en promedio cerca de siete horas diarias a labores domésticas no remuneradas, frente a tres horas de los hombres.
Salarios bajos, jornadas largas y mayor vulnerabilidad
La precariedad también se refleja en los ingresos. El 62% de las personas dedicadas al servicio doméstico percibe un salario mínimo o menos, y en zonas rurales el 65% gana menos del 50% del salario mínimo. Uno de los datos más bajos del sector aparece en el ingreso mensual promedio. El informe citado indica que llega a $926.361, por debajo del mínimo legal vigente.
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Dicha remuneración suele fragmentarse cuando el trabajo se presta por días o de forma ocasional. El informe también advierte que:
- La vulnerabilidad escala en algunos grupos, al punto de que la informalidad alcanza el 98% entre mujeres migrantes.
- Las jornadas extensas completan el cuadro de precariedad. Muchas trabajadoras cumplen hasta 11 horas diarias, con un promedio semanal de 41,6 horas.
- Una parte del sector incluso supera los topes ordinarios de trabajo.
- El 26,8% rebasa las 48 horas semanales, sobre todo entre quienes residen en sus lugares de trabajo.
El reclamo por reconocimiento y derechos
En medio de este panorama, organizaciones sociales impulsan la campaña #ElTrabajoDomésticoEsTrabajo. La iniciativa busca instalar en la agenda pública la necesidad de formalizar el empleo doméstico, ampliar el acceso a la seguridad social y reconocer el aporte de miles de mujeres a la economía del país.
De igual forma, el Intersindical de Trabajo Doméstico pidió mayor compromiso del Estado, de los empleadores y de la sociedad para dignificar las condiciones laborales del sector. El debate también apunta a pasar del reconocimiento simbólico a garantías concretas.
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Ortega resumió esa exigencia con una definición del sector que apunta al centro de la discusión. “El servicio doméstico no es una ayuda, es un trabajo esencial, y como todo trabajo esencial, debe tener reglas claras, protección, formación y reconocimiento”. dijo.
Por su parte, la presidenta de la Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico, Claribed Palacios, reclamó ese mismo cambio con una frase directa. “La Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico insiste en que esta labor debe ser reconocida como un empleo formal. No es ayuda ni colaboración: es trabajo y debe tener derechos”, enfatizó.