El ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, advirtió que el fenómeno de El Niño ya está generando presión sobre el sistema eléctrico colombiano, en un contexto en el que la demanda de energía aumenta mientras los embalses reducen sus aportes hídricos.
El funcionario señaló que este escenario no es una proyección futura sino una realidad en desarrollo, y lo vinculó directamente con el cambio climático y con tensiones globales que, según dijo, también impactan los precios de la energía, los alimentos y la inflación.
En paralelo, el mercado eléctrico mayorista refleja una creciente tensión: los precios en bolsa han escalado de forma sostenida en los últimos meses y se acercan cada vez más al umbral de escasez, lo que enciende alertas sobre el comportamiento del sistema en medio de la temporada seca.
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Palma describió el fenómeno como una manifestación directa del cambio climático y aseguró que Colombia ya empieza a sentir sus efectos, especialmente en regiones donde el calor se ha intensificado y la disponibilidad hídrica comienza a disminuir.
En sus palabras, el aumento de la demanda energética coincide con una reducción progresiva de los embalses, lo que obliga a un monitoreo constante del sistema para evitar una situación crítica.
“El fenómeno del Niño es un impacto del cambio climático que va a ser el más duro de los últimos treinta años y ya se empieza a ver”, señaló, al advertir que el sistema se encuentra en una fase de vigilancia permanente para “pasar al otro lado” de la temporada de menor hidrología.
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También afirmó que Colombia no es ajena a dinámicas internacionales que afectan los mercados energéticos y que el país termina absorbiendo consecuencias de conflictos y decisiones globales sobre los que no tiene control.
En el frente del mercado eléctrico, los datos del operador XM muestran un deterioro progresivo de las condiciones de precios. La diferencia entre el precio en bolsa y la referencia de escasez se redujo de $436 en febrero a $226,6 en marzo, luego a $89,6 en abril y a $74,8 al 17 de mayo, evidenciando un acercamiento sostenido al umbral crítico.
En el mismo periodo, el precio promedio de la energía en bolsa pasó de $145,2 por kilovatio-hora en febrero a $398,5 en marzo, $673,6 en abril y $786,6 en lo corrido de mayo, lo que según analistas del sector ya incorpora expectativas de menor disponibilidad hídrica.
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De acuerdo con el diario La República, este comportamiento abre la posibilidad de una activación del cargo por confiabilidad si los precios se mantienen cerca o superan la referencia de escasez, ubicada entre $800 y $1.000 por kilovatio-hora. En ese escenario, el sistema dependería con mayor fuerza de la generación térmica, que es más costosa, lo que presionaría aún más las tarifas.
Voces del sector, como el presidente de Termotasajero, han advertido al medio La República que el kilovatio-hora podría acercarse incluso a los $1.000 si se profundiza la sequía, mientras analistas de Corficolombiana consideran que el mercado ya está descontando un escenario de menor hidrología y mayor estrés operativo.
El exministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta, explicó que en estas condiciones el parque térmico debe entrar a suplir la generación hidroeléctrica, lo que incrementa automáticamente el precio en bolsa.
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En la misma línea, expertos del sector energético han advertido que el sistema aún no enfrenta una activación masiva del mecanismo de respaldo, pero sí un aumento progresivo de la presión operativa, especialmente en horas de alta demanda o baja disponibilidad hídrica.
Sin embargo, también señalan que una activación estructural del cargo por confiabilidad dependerá de factores como el nivel de los embalses, la disponibilidad de gas y el porcentaje de generación térmica en la matriz.
Palma insistió en que la situación energética del país debe leerse dentro de un marco más amplio de transición energética justa, en el que la crisis climática ya no es una hipótesis sino un hecho comprobable.
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Para el ministro, este escenario redefine también el papel de los actores sociales y económicos, incluidos los sindicatos, en la construcción de políticas energéticas adaptadas a una realidad global marcada por la incertidumbre climática y las tensiones internacionales.