En plena campaña presidencial de 2026, el exsenador y exembajador Roy Barreras, del Partido La Fuerza de la Paz, se presenta como la alternativa desde el centro liberal y socialdemócrata. Luego de una larga trayectoria política y su papel clave en la negociación del Acuerdo de Paz con las Farc, el exfuncionario aseguró que su candidatura representa la opción para quienes no se identifican ni con la derecha ni con la izquierda radical, sino con un “cambio real” y reformas estructurales.
Así lo aseguró en diálogo con Infobae Colombia, en el que defendió la necesidad de una reforma política anticorrupción y una nueva gobernabilidad basada en consensos, con el objetivo de superar la polarización y devolver la confianza en las instituciones.
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El candidato sostuvo que el escenario electoral de 2026 ofrece una oportunidad inédita para el centro político. Aseguró que las encuestas muestran que cerca de ocho millones de colombianos están indecisos, indefinidos y no están tranquilos con los extremos. Es lo que, según él, se llama el centro, al que han querido invisibilizar.
Por eso, invitó a este sector a no caer en la ingenuidad de etiquetas de centro, que en realidad son de derecha pura uribista, y defendió la importancia de dar al país un gobierno progresista, de centroizquierda, capaz de unir a la nación y garantizar derechos para todos. Resaltó que su relación con el presidente Gustavo Petro ha sido respetuosa, aunque desde la diferencia, y que sus objetivos difieren de los de la izquierda.
Cree que, desde la diferencia, genuinamente Petro es un hombre que quiere cerrar la herida social y cree que la mayoría de los colombianos se lo reconocen. Asimismo, advirtió sobre los peligros de la polarización y la necesidad de unir al país.
¿Cómo ha sido esta campaña presidencial en comparación con otras?
Ha habido cambios profundos. El primero de ellos, un pueblo colombiano de base popular que despertó después de años de exclusión social. La gente que usualmente había sido olvidada, humillada, ofendida, invisibilizada, se despertó y hoy acude masivamente al llamado de una expresión popular que tiene, pese a todas las polémicas, al presidente Petro en un 50% o 52% de popularidad.
Esto se debe a que le dio voz a ese pueblo excluido, que se expresó poderosamente en las urnas votando por el Pacto Histórico. Por otro lado, se observa el decaimiento de una clase política tradicional y partidos castigados en las urnas, deteriorados por el sistema clientelar de compra y venta de votos.
¿Qué tan bueno o malo es esto para la democracia colombiana?
No hay democracia sin Congreso, pero tampoco hay parlamentos sin partidos políticos. El sistema político colombiano se diseñó muy mal desde la Constitución del 91. La combinación de listas abiertas con circunscripción nacional del Senado hace las campañas costosas en un ambiente de narcotráfico y corrupción, destruyendo la identidad ideológica de los partidos. El resultado son clanes políticos que sobreviven a punta de compra y venta de votos.
Cuando firmé el Acuerdo de Paz, uno de los puntos era la reforma política anticorrupción. El Congreso no la ha querido aprobar, pero sigue siendo un elemento pendiente para una paz en democracia. El sistema estimula la corrupción y deteriora la fe en la democracia, abriendo camino a populismos extremos y posibles gobiernos autoritarios.
¿Impulsaría esa reforma en caso de llegar a la Presidencia?
La he presentado tres veces en el Congreso, la firmé en el Acuerdo de Paz y escribí un libro explicando esa reforma. Cualquiera que pretenda ser presidente tiene que comprometerse a hacer esa reforma política anticorrupción.
¿Cómo impulsaría esa reforma si no es presidente, dado que no aparece como favorito en las encuestas?
Las encuestas muestran la polarización extrema, pero también cerca de ocho millones de colombianos indecisos, que no están tranquilos con los extremos. Esas personas deben expresarse. Le digo a ese centro que no caiga en el engaño de pensar que fórmulas como la de Oviedo y Paloma son centro. Eso es derecha pura uribista. Le digo al centro que se quede aquí en el centro y garantice que Colombia tenga un gobierno progresista.
¿Se considera de centro o de izquierda?
Toda la vida he sido de centro liberal, esa es mi historia. En los últimos 19 años, por invitación de Juan Manuel Santos, hemos defendido desde las ideas de centro, la tercera vía, una idea liberal socialdemócrata. He militado 17 años en el mismo partido, el de La U, que fundó Santos para hacer la paz y reconocer la ley de víctimas.
Mi posición siempre ha sido centro liberal socialdemócrata. No divido la izquierda, porque nunca he sido de izquierda.
¿Volvería a ser parte del Gobierno? ¿Cómo es su relación actual con Gustavo Petro?
Quiero ser parte del Gobierno a la cabeza del Gobierno, siendo presidente. Mi relación con el presidente Petro siempre ha sido respetuosa, desde la diferencia. Petro es un hombre que quiere cerrar la herida social, aunque su equipo de gobierno ha tenido errores y gente incapaz.
Lo he dicho públicamente: el Gobierno debe ser para todos los colombianos y no para un solo sector. La polarización ha fracturado al país y ningún gobierno dividido es capaz de resolver las necesidades de las familias colombianas.
¿Cómo se pueden dar garantías a todos en los próximos cuatro años, considerando la falta de consensos en las reformas del Gobierno actual?
Haciendo lo que yo hice en el primer año del Gobierno Petro: consensuamos todas las reformas y las hicimos aprobar, porque eso es dialogar.
Tengo la capacidad de construir consensos y gobernabilidad. Cuando salí de la Presidencia del Congreso, rompieron la coalición y no volvieron a aprobar reformas. El perjudicado es el pueblo colombiano.
Usted es médico cirujano. ¿Qué reforma a la salud haría?
Trabajé 20 años en hospitales públicos y me duele que hoy millones de colombianos no tengan garantías en salud. Hay que inyectar recursos ya a las clínicas y hospitales, y al sistema farmacéutico, para que lleguen medicamentos a las casas.
Soy autor de la Ley Estatutaria en Salud de 2017, donde está escrito lo que hay que hacer. El Gobierno anterior no presentó la reforma y el actual la quiso imponer sin consenso. Hoy hay crisis y hay que atenderla de inmediato.
¿Qué piensa de la Paz Total? ¿Hay que acabarla?
No cambio de opinión ni de método. Hace 15 años presenté el marco para la paz y definí que la justicia transicional es para las insurgencias, no para mafias.
Advertí que el método aplicado en la Paz Total sería un fracaso porque no garantizaba la dejación de armas. Abusaron de la buena fe del Gobierno y el método fracasó. Hay que construir un método que recupere la legitimidad de las fuerzas militares y garantice el control territorial. Con generosidad para quienes dejen las armas, pero con la fuerza legítima del Estado para quienes no lo hagan.
¿Cree que las Fuerzas Militares están debilitadas?
Yo creo que el método que se utilizó para la Paz Total las metió en los cuarteles y les ha impedido recuperar el control del territorio, como se sabe en muchas regiones de Colombia. Y lo más grave, los grupos ilegales que hoy dominan, como dijo un campesino que ayudó a recoger los heridos en esa tragedia terrible de los soldados muertos en Puerto Leguízamo, que “mire, aquí en Leguízamo está más tranquilo porque aquí el que manda es alias Araña, de los Comandos de Frontera, y él pone orden en el pueblo”.
¿Cómo va a ser posible que la vida de las familias colombianas dependa del señor alias Araña o de cualquier otra persona en la ilegalidad? Si son capaces de controlar el pueblo, son capaces de controlar las elecciones en ese pueblo y en muchos pueblos. Y no puede ser que el destino de Colombia lo decidan los mafiosos.
Por eso mi invitación, mi invitación con pasión, con emoción, con compromiso, es que 24 millones de colombianos vayan a las urnas a votar por quien quieran, no por mí, por el que quieran, pero voten masivamente para que quien gane tenga un mandato legítimo que no dependa de la voluntad de los fusiles.
¿Estamos cerca de volver al paramilitarismo si no se fortalecen las Fuerzas Militares?
No podemos volver a la época de la política con armas, que es lo que nosotros denunciamos en el paramilitarismo, que es lo que hicimos que no dejara que siguiera ocurriendo cuando desarmamos a las Farc. No puede ser que ahora los ejércitos mafiosos decidan quién es el próximo presidente.