No cabe duda de que La Pena Máxima es uno de los largometrajes más emblemáticos y populares del cine colombiano. Estrenado en 2001 y dirigido por Jorge Echeverry, con guiones de Dago García y Luis Felipe Salamanca; contó con la participación de dos de los actores más prestigiosos del momento en el país: Enrique Carriazo y Robinson Díaz.
Con la obsesión por el fútbol como eje central, el filme narra la obsesión de Mariano Concha (interpretado por Carriazo) con los partidos de la selección Colombia, a tal punto que en la previa de un partido de la Tricolor ante Argentina, decidió hipotecar su casa basado en una superstición de que siempre ganaban cuando él iba al estadio.
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Una serie de situaciones (incluida la muerte de la persona con la que apostó el resultado) derivaron en que su plan se torciera y terminara perdiéndolo todo, incluida su esposa.
La película se basó en el cuento Un día de fútbol de José Luis Varela y alcanzó reconocimiento nacional en su día, prolongando su estatus de ícono del séptimo arte nacional gracias a las redes sociales, que rescataron varias de las escenas como fuente de memes.
Pero lo que fue reconocimiento para La pena máxima durante 2001, para la Tricolor fue un tránsito agridulce. Así como fue el momento de mayor gloria en la historia del fútbol colombiano con la primera (y única hasta la fecha) obtención de la Copa América de la que fueron anfitriones, también marcó un año agridulce para los dirigidos por Francisco Maturana que, tras dicha consagración, no lograron clasificarse al Mundial de Corea y Japón de 2002. Pese a que vencieron a Paraguay en la última fecha, el empate de Uruguay y Argentina le dio al seelccionado charrúa el cupo del repechaje por diferencia de gol.
Recientemente comenzó a circular en la red un recuerdo que tuvo lugar mientras se realizaban las grabaciones de La pena máxima, en el 2000. En ese momento todavía no se sabía del proyecto cinematográfico, pero se estaba muy pendiente del rendimiento de Colombia, que estaba bajo la dirección de Luis Augusto “el Chiqui” García.
Pese a un inicio con algunas dudas, el combinado nacional recibió a Uruguay el 15 de agosto del 2000 con la expectativa de sumar tres puntos fundamentales en su afán de clasificar a su cuarto mundial consecutivo. Nombres como Óscar Córdoba, Iván Ramiro Córdoba, Mario Alberto Yepes, Jorge Bolaño, Victor Hugo Aristizabal, Juan Pablo Ángel y Jairo “el Tigre” Castillo eran clave de ese momento.
El partido estuvo marcado por el roce físico y la falta de espacios, gracias al esquema defensivo que presentó el cuadro charrúa, entonces dirigido por Daniel Passarella y con el atacante Dario Silva como su principal referente.
Con el primer tiempo sin goles, las cámaras de la transmisión enfocaron a Enrique Carriazo en las tribunas de El Campín, observando el partido rodeado de otros aficionados, sin saber que un año después su rostro terminaría siendo vinculado a ese particular periodo del seleccionado nacional.
En cuanto al partido, Colombia salió con más determinación a llevarse la victoria en el segundo tiempo, encontrándola en el minuto 73 gracias a Jairo Castillo. El tumaqueño, entonces en las filas de Velez Sarsfield, controló el balón en tres cuartos de cancha tras un cambio de frente, recortó desde la derecha, superó a su marcador y se abrió el espacio para rematar de media distancia y batir al arquero Fabian Carini, desatando la euforia en las tribunas pero sin saber que una figura icónica del cine colombiano cumplía con una superstición.