Antonio Pampliega, periodista de guerra español, relató en el pódcast Wild Project, conducido por Jordi Wild, los testimonios más impactantes de su experiencia en América Latina, enfocándose en Venezuela y las conexiones con Colombia.
Parte de su enfoque, en su relato recayó en la violencia estructural, los desafíos cotidianos de la población ante la hiperinflación, la emigración masiva y la profesionalización del crimen organizado.
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Sobre el fenómeno del sicariato en España y Europa, el periodista señaló la creciente vinculación con la narcocultura latinoamericana.
“Antes los ajustes de cuentas en España eran entre bandas. Ahora, con la llegada de criminales formados en Colombia y México, hemos visto asesinatos en plena calle o incluso en ceremonias familiares. El fenómeno se está trasladando, y las mafias como la Mocromafia en Países Bajos ya amenazan a figuras públicas e instituciones”.
Pampliega insistió en comprender la narcocultura como resultado de la pobreza y la falta de oportunidades. “En Colombia, en México y ahora en Venezuela, cuando el Estado no da nada y los narcos ofrecen trabajo y protección, la gente prefiere apoyarles. Si no se generan opciones, el ciclo se repite”.
En sus declaraciones, el reportero de guerra afirmó que este fenómeno está ocurriendo tanto en España como en el resto de Europa. “... por ejemplo, con Marruecos, para que no pase tanto hachís a las zonas marginadas, como el sur de España, sobre todo zonas de Cádiz. Se trata de intentar dar a la gente una opción B que no sea el narcotráfico, porque al final lo que existe es la narcocultura. Es lo que pasaba con la Colombia de Pablo Escobar: si están los narcos y a nosotros nos cuidan, nos dan trabajo y el Estado no me da nada, ¿tú a quién vas a apoyar? No, yo quiero ser uno de ellos, claro".
Antonio Pampliega sobre sus investigaciones en Venezuela: sicarios colombianos iban a enseñar a descuartizar
“He estado dos veces en Venezuela, en 2017 y 2018”, explicó Pampliega, describiendo el deterioro de la vida cotidiana.
Uno de los momentos que más le sorprendió fue comprobar la escasez extrema: “En un hotel de cinco estrellas, el camarero venía por la mañana, preguntaba si queríamos azúcar, y tras poner la cucharada, se llevaba el tarro. ‘Esta es toda el azúcar que tenemos en el hotel’”, recordó.
La comparación de precios resumía la gravedad de la situación: “Pagabas millones de bolívares por un filete, cuando el sueldo no llegaba a mil. ¿Cómo puede sobrevivir la gente?”, se preguntaba. Cerca del 30% de la población “ha emigrado o huido de Venezuela”.
Según el periodista, este éxodo no responde al alineamiento político, sino a la desesperanza: “¿Quiénes somos desde Europa, desde nuestro bienestar, para criticar eso?”.
En torno a las protestas estudiantiles y la represión, Pampliega contó su cobertura para Movistar Plus. “Enfrente teníamos al régimen disparando con armas de fuego. Nos dispararon aunque íbamos identificados; las cámaras no importaban”.
Cuestionado sobre la violencia estatal en el pódcast Wild Project, el periodista fue contundente: “El régimen disparaba a matar contra manifestantes universitarios. No es una leyenda urbana, es lo que vi, lo que viví y fotografié. No creían ni en el régimen ni en la oposición. Se sentían abandonados”.
La situación de seguridad empeoró con el auge de secuestros y bandas armadas. Pampliega relató que, en una cobertura en Petare, uno de los barrios más peligrosos de Caracas, entrevistó a miembros de una banda.
“El jefe, que antes era camionero, optó por secuestrar porque no había trabajo y tenía armas. Me confesó: ‘Si la familia no podía pagar, matábamos y los tirábamos al río’.” El acceso a armas es generalizado y fácil a través del mercado negro. “En Venezuela todo el mundo puede conseguir armas en el mercado negro. Si pones dinero, te dan lo que quieras”.
El periodista subrayó que la desesperanza y marginación llevan a muchos a elegir la vía criminal: “No eran psicópatas, eran personas que, ante la falta de alternativas, eligieron ese camino, aunque sabían que vivir de eso era arriesgar la vida o acabar presos”.
El testimonio avanzó hacia la relación entre la criminalidad en Venezuela y Colombia. Pampliega explicó que, en Colombia, bandas rivales han profesionalizado el sicariato a través de verdaderas “escuelas de sicarios”, donde se enseña desde el manejo de armas hasta métodos para torturar y descuartizar, prácticas luego trasplantadas a Venezuela y Europa. “Les enseñaban a disparar, a descuartizar y a torturar para sacar información. Todo esto luego se traslada a Venezuela y Europa”, advirtió en Wild Project.
En sus entrevistas con sicarios en América Latina y España, Pampliega encontró testimonios estremecedores. “Algunos de ellos disfrutaban de la crueldad. Uno me confesó que le encantaba descuartizar y que, incluso si la víctima le suplicaba por sus hijos, no dudaba en matarla porque ‘es él o soy yo’”.
Al comparar la actitud europea con la latinoamericana, el periodista criticó la falta de empatía en Europa: “Se olvida que también fuimos migrantes y vivimos bajo una dictadura. Ahora juzgamos al pueblo venezolano desde nuestro bienestar, sin entender su situación”.