Entre la brisa cálida y la atmósfera festiva de la noche caleña, la salida de una pareja de recién casados por las escaleras de la Capilla de San Antonio se transformó en una celebración colectiva inesperada.
Los aplausos estallaron sin previo aviso y se mezclaron con gritos de alegría que terminaron en un vibrante “¡que vivan los novios!” que retumbó en la colina.
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Los protagonistas, envueltos en la emoción del momento, avanzaron bajo la mirada de decenas de personas. El imponente vestido blanco de la novia se desplegaba, mientras el traje blanco e impecable del novio resaltaba bajo las luces del lugar.
El bullicio creció hasta que alguien, desde el fondo, soltó un “¡viva el amor!” y fue entonces cuando la multitud respondió al unísono: “¡Que vivan los novios!”.
La escena no fue planeada, sino una muestra de la calidez espontánea que caracteriza a la gente de Cali. Los presentes no se contuvieron y regalaron sonrisas, palmas y hasta palabras de aliento, convirtiendo el instante en un recuerdo imborrable para los recién casados y para quienes los acompañaron, aunque fuera desde la distancia.
La Capilla de San Antonio, ubicada en lo alto de la colina homónima, es reconocida por su arquitectura barroca y su entorno panorámico. Construida en 1746, conserva columnas robustas y arcos de medio punto de estilo mudéjar que le otorgan un aire solemne y pintoresco a la vez.
Este enclave, según relatan quienes han pasado por allí, es uno de los preferidos para quienes buscan casarse en la ciudad, tanto por su belleza como por la tradición que la vincula a historias de amor y búsqueda de pareja.
Celebrar un matrimonio en este lugar requiere planificación y paciencia. Las parejas deben coordinar con la parroquia, muchas veces gestionada desde el Monasterio Santa Clara, y presentar documentos como la fe de bautismo o conversar directamente con el párroco para acordar la ceremonia. Es un proceso detallado que, según los propios visitantes, añade una nota de compromiso y expectativa a la experiencia.
En redes sociales, tardaron en aparecer reacciones tras el evento. Entre los comentarios, la propia novia se sumó para compartir su felicidad: “Esa soy yo con mi esposo 🥰🥺 Amé todo de mi matrimonio. Salió todo como lo soñaba”, escribió.
Otros usuarios celebraron la disposición de los caleños a sumarse a la alegría ajena: “En Cali no se cansan de decir Eh Eh Eh Eh”, observó uno, mientras otro resaltó: “En Cali celebramos por los desconocidos, su felicidad es la nuestra también”.
Las voces continuaron con anécdotas y bromas sobre el significado de casarse en esa ciudad: “Cómo se nota que en Cali casi nadie se casa😅😅😅 que vivan los NOVIOS”, se leyó entre las respuestas. Hubo quienes, desde otras realidades, compartieron su deseo: “Soy gay pero si me fuera a casar con una mujer me gustaría hacerlo ahí”.
También se mencionaron los detalles prácticos de organizar el enlace: “Sale en 500, el problema es que al solo ser capilla, todo el tema de documentación y cosas como por ejemplo confirmación y ese tipo de cosas tienes que conseguirlas tú mismo por aparte”.
La conversación en redes dejó en claro que el vínculo con la Capilla va más allá de lo religioso o formal; para muchos, simboliza la posibilidad de vivir un momento único, rodeado de una comunidad que celebra incluso a quienes apenas conoce. “Espero que cuando yo me case también vayan todos y me hagan bulla”, deseó una usuaria, mientras alguien más recordó su propia experiencia: “Yo igual, me casé en una finca en Pance y por el portón se veía la carretera. Los carros pasaban a gritarnos ‘Felicidades, que Dios los bendiga’”.
Así, la noche en el epicentro cultural y gastronómico que es San Antonio se cerró como tantas otras en Cali: entre música, voces y una energía contagiosa que convierte los momentos sencillos en recuerdos inolvidables.