Murió en Medellín Lía Ruiz, mamá de Piedad Córdoba: esta fue su trayectoria

La mujer falleció el domingo 17 de marzo de 2024 en la capital antioqueña, casi dos meses después de que se produjera el deceso de su hija, que fue senadora de la República

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Ella era Lía Ruiz, la mamá de la fallecida senadora Piedad Córdoba, cuyo deceso se registró en Medellín - crédito Piedad Córdoba/Facebook
Ella era Lía Ruiz, la mamá de la fallecida senadora Piedad Córdoba, cuyo deceso se registró en Medellín - crédito Piedad Córdoba/Facebook

Se confirmó el domingo 17 de marzo de 2024 en Medellín el deceso de Lía Esneda Ruiz: mamá de la recientemente fallecida senadora de la República Piedad Córdoba. Y que se caracterizó por su liderazgo como docente, al ejercer la labor en escuelas de básica primaria en diferentes municipios de Antioquia, como Copacabana, El Poblado, La Floresta y Belencito, entre otros, y enfrentar los prejuicios de la sociedad en la que tocó vivir.

Ruiz, oriunda de Yarumal (Antioquia), sostuvo una relación con el maestro chocoano Zalubón Córdoba, de la que nació el 25 de enero de 1955 Piedad, y también su hermano, Álvaro, hoy preso en los Estados Unidos por narcotráfico. Además de siete hijos más que conformaron este hogar: Augusto, Adolfo, Byron Oswaldo Gloría, Martha, Sandra y José Fernando, en una familia numerosa de la cual todos eran profesionales.

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El deceso de esta veterana mujer, que al parecer también registró una falla cardíaca, se produjo 57 días después de la muerte de la congresista, la primera de sus herederos, que se produjo el 20 de enero de 2024, cuando sufrió un infarto que acabó con su existencia, a los 68 años. En menos de dos meses, la familia Córdoba Ruiz perdió a dos de sus más representativas integrantes, que fueron sinónimo de resistencia.

Lía Ruiz vivió en Medellín, en donde se radicó su numerosa familia - crédito @LContamos/X
Lía Ruiz vivió en Medellín, en donde se radicó su numerosa familia - crédito @LContamos/X

La lucha de Lía Ruiz contra el racismo

La mujer tuvo que enfrentarse a una dura lucha por el color de piel de su pareja, en un entorno social en el que sufrió el rechazo. Pero en el que también supo ganarse un lugar, más allá de los escándalos que involucraron tanto a Piedad, en su ejercicio político y humanitario, pues fue señalada de ser aliada de las extintas Farc; como a Álvaro, que terminó confesando ante un tribunal de EE. UU. el tráfico de estupefacientes.

Fue tal la resistencia que generó la unión de Lía Ruiz y Zabulón Córdoba —ocho años mayor— que hasta la familia de la prometida se opuso a la misma. Pero con todo y ello lograron consolidar y fortalecer su unión y superar los comentarios despectivos de su alrededor. Así quedó plasmado en un relato hecho por Casa Macondo acerca de la vida de esta mujer, en el que una vecina se refirió en malos términos al color de la tez de Piedad.

“Cuentan que una tarde, mientras Lía paseaba por el parque llevando de la mano a Piedad, una vecina se acercó con la intención de hacer amistad y preguntó: —¿Y esta morenita de quién es hija? ¿Se la cambiaron? —Mis hijos pueden ser verdes si se quiere, pero los respetás, porque son iguales que tus hijos y hasta mejor criados —dicen que respondió Lía con furia”, se leyó en este escrito.

Piedad Córdoba murió el 20 de enero de 2024, producto de un infarto - crédito Infobae
Piedad Córdoba murió el 20 de enero de 2024, producto de un infarto - crédito Infobae

Lía, de cabello rubio y sus ojos claros, contrastaba con su esposo, negro, de manos grandes, pero de fina sensibilidad. Fue su carácter la que la llevó al altar, el de la iglesia La Sagraría de Medellín, para formalizar su noviazgo con aquel hombre nacido en un caserío ubicado a orillas del río Atrato y que ofició como director del colegio de Puerto Valdivia. Y que la mantuvo con vitalidad hasta su partida.

La guerra contra aquellos que estigmatizaron a sus hijos por su piel negra fue una constante. A tal punto que una vez los reunió a todos, luego de que Piedad, la mayor, regresara a casa encharcada en lágrimas tras una serie de comentarios despectivos. Les advirtió: si volvían a la casa llorando, no saldrían más a la calle a jugar, pues no iba a permitir que los señalamientos y el bullying los afectara.

“La gente es gente por lo que tiene por dentro, por su espíritu trabajador, por su sabiduría; además, nadie es más que nadie”, se recordó en el mencionado medio, en lo que respecta a una mujer que fue testigo de excepción de las batallas que libró la senadora para que sus ideales políticos prevalecieran. Y no solo eso: en pro de su labor de mediadora para la liberación de secuestrados, sin importar las acusaciones en su contra.