Todo parece indicar que los estragos de años de guerra en el departamento de Antioquia siguen cobrando factura en esa región del país, donde la educación parece estar a punto de desaparecer, a pesar de los intentos de algunos lugareños para mantener vivos los centros de enseñanza.
Y es que en las profundidades rurales de Antioquia, una región azotada por años de conflicto armado, la educación enfrenta un reto singular: escuelas que, como la de la Ilusión en San Carlos, Oriente antioqueño, han quedado con un solo estudiante.
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Este fenómeno que, según una investigación de El Colombiano, se repite en 38 sedes rurales del departamento, refleja las complejidades de mantener viva la educación en zonas marcadas por la violencia, el abandono estatal y una transición demográfica que ha mermado la cantidad de jóvenes en sus aulas, gracias los desplazamientos forzados que fueron el pan de cada día y ocasionó que el 70% de los habitantes del municipio de San Carlos (y sus veredas vecinas) huyeran sin posibilidades de regresar.
De hecho, entre 2020 y 2023, la población estudiantil entre cinco y 16 años en el departamento de Antioquia disminuyó de 238.000 a 223.000, una cifra alarmante hoy tienen a al menos 1.200, de las 4.300 instituciones educativas rurales de la región, con listas que no superan los diez estudiantes matriculados.
La profesora Katherine y su única alumna, Salomé, constituyen un ejemplo conmovedor de esta realidad. La docente, quien lleva una década dedicándose a la labor, eligió quedarse con el puesto en el municipio de San Carlos buscando no alejarse de su hogar, sin imaginar que se enfrentaría al desafío de enseñar a una sola estudiante.
Su labor, sin embargo, trasciende las aulas, pues se ha convertido en un símbolo de resistencia y esperanza para una comunidad que ha sufrido los rigores de la guerra.
“Me recibieron con una alegría impresionante porque llegó una profe. Y si hay una profesora, hay una escuela viva, hay esperanza. Y a la niña quiero mostrarle que hay un mundo grande afuera, acá solo se siembra la semilla para que Salomé salga después a volar”, mencionó Katherine en diálogo con El Colombiano.
Pero los padres de Salomé, la única estudiante de la escuela de la Ilusión, también hacen parte fundamental del proceso de esta pequeña que aspira a completar su proceso académico, a pesar del riesgo que implica la baja cantidad de alumnos que podría terminar en el cierre del centro educativo.
Harold y Cristina contaron al medio citado las dificultades que atraviesan para conseguir que su hija asista a clases, pues la familia reside en la vereda Portugal, a una hora en vehículo de Ilusión, y donde la escuela tuvo que cerrar por cuenta de la violencia.
De hecho, tuvieron que tomar la difícil decisión de dejar a su hija al cuidado de la tía Patricia de domingo a viernes, para que sea más fácil llegar a la escuelita. Aun así, Salomé debe atravesar un largo trayecto en mula hasta el plantel educativo, donde diariamente la espera con los brazos abiertos Katherine.
“No podemos irnos al pueblo porque no tenemos nada que hacer allá. Cuidamos las marranas de cría, los animalitos, si nos vamos toca venderlo todo porque es muy difícil bajar a darle vuelta. A mí me tocó dejar el colegio en sexto para ponerme a trabajar y ayudar en la casa. Nos tocó duro, salir a medianoche de huida con mi familia, tirarnos por una huerta y esperar a que escampara, tenía 7 años. Hay que guerrear y bregar a darle estudio a la niña hasta el final”, señaló Harold.
Las razones detrás de este fenómeno educativo son múltiples: el conflicto armado que llevó al cierre de escuelas y al desplazamiento masivo de pobladores, las dificultades de acceso por caminos en mal estado y las condiciones climáticas adversas. Todo ello se suma a una crisis demográfica que ve en la disminución de los jóvenes un reflejo del envejecimiento de la población rural y la migración hacia las ciudades en busca de mejores oportunidades.
Hasta el mismo secretario de Educación de Antioquia, Mauricio Alviar, reconoce estos desafíos y asegura que desde la Gobernación se harán esfuerzos para garantizar la educación a todos los niños, incluso si ello implica mantener abiertas escuelas con un solo estudiante.