Qué esconde la mistoriosa sala de libros restringida que hay en Bogotá

Manuscritos, primeras ediciones, fotografías y cartas de cientos de años y autores reconocidos son custodiados en una sala especial de la biblioteca Luis Ángel Arango

Obras de Gabriel García Márquez, Andrés Caicedo y José Asunción Silva ocupan sus anaqueles - crédito Diego Andariego

En uno de sus más recientes videos, el creador de contenido bogotano Diego Andariego visitó “un lugar oculto y desconocido, adentro de una de las bibliotecas más grandes e importantes de toda Colombia”.

Se trata de la sala de “libros raros, antiguos e incunables, que desafían todo lo que sabíamos conocer” de la Luis Ángel Arango, en el barrio La Candelaria.

Sus descubrimientos, tan diversos como inesperados, fueron recopilados en una pieza de corta duración que compartió en redes sociales con sus más de 120 mil suscriptores.

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El objeto más antiguo

De toda la colección, el objeto más antiguo, según explica una de las trabajadoras del lugar, es una pieza de la que “solamente se tienen cuatro en Colombia. Es un libro de oratoria latina de Cicerón, que está de 1470″.

Vale su precio en oro –de manera figurada– por los detalles que, en el siglo XIII, hacían de esta pieza una obra de ejecución compleja, de principio a fin.

“Hay unos libros que son considerados incunables, como esta pieza. Hay algunos materiales dentro de nuestra colección que son considerados iluminados. Son considerados iluminados por todo el detalle que tienen al margen: su pintura, el trabajo, los dibujos, las letras capitales, dan cuenta de todo un proceso de imprenta, de dedicación, de cosas muy puntuales”, detalló la mujer.

Y, aunque no tan antigua, pero igual de impresionante, en su paso por la sala de acceso restringido, Andariego encontró la primera edición de La vorágine, de José Eustasio Rivera.

Gabriel García Márquez y su obra en todos los idiomas a los que ha sido traducida

Para el primer novel colombiano y el único en literatura, la Luis Ángel reunió la colección de todas las obras de Gabriel García Márquez, en todos los idiomas (cerca de 40) a los que se han traducido: alemán, francés, japonés, entre otros.

Andrés Caicedo

“Tenemos un archivo importante de Andrés Caicedo. Dentro de este archivo, que es personal, tenemos libros que hacían parte de su biblioteca personal, carteles de toda la producción de obras de teatro o relacionadas con él, como tenemos algunos –creo que podríamos llamarlo– reseñas. Dentro de las piezas, quizás, que podríamos nombrar dentro de los mayores tesoros, está el manuscrito de Que viva la Música”, en el que se aprecian, incluso, los fragmentos que editó para que no hicieran parte de su obra.

Radio Sutantenza

En la sección restringida, además, hay un libro que contiene parte de la correspondencia que los oyentes del proyecto académico Radio Sutatenza enviaban a la estación. Cartas en las que hacían pedidos especiales para su cumpleaños e invitaban a los locutores de la época a pasearse por sus municipios. Radio Sutatenza ayudó en la educación de cientos de municipios que para la época ni siquiera tenían escuelas.

Y es que en palabras del bogotano “muchas personas de campo, sin acceso a escuelas o colegios, podían llegar, incluso, a graduarse del bachillerato. Era por correspondencia. Había programas en los que daban las clases y los abuelos se sentaban, entonces, a prestar atención a las lecciones e, incluso, llegaban a través de correspondencia a hacer los exámenes”.

El objeto más pequeño

Aunque puede llegar a confundirse con un pequeño libro, el objeto más pequeño de la colección es un camafeo, con fotografías de activistas liberales, impresas en papel.

“Es muy curioso porque las personas que están registradas en las fotografías, en medio de la guerra de los Mil Días, todas fueron mascaradas, en diferentes momentos”, detalla la persona responsable del recorrido, quien, al cierre, presentó el manuscrito del famoso poema del hombre que aparece en el billete de 5.000, José Asunción Silva.

Nocturno

“Tenemos el manuscrito de Nocturno y es supremamente poderoso, porque, entonces, está el manuscrito donde él esta escribiendo su poema nocturno y se pregunta ¿es que está frio o sentía frío? La potencia de tener accesos, donde nosotros nos podemos hacer preguntas vitales de cómo nos exponemos a la vida. No es igual que tú tener un texto en blanco, no es igual a tener la primera fuente en la que fue escrito. Hace la diferencia”, indicó.

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