Cúcuta y San Cristóbal podrían ser una sola ciudad ‘binacional’: expertos explican qué tan viable es la propuesta

El gobernador del estado venezolano de Táchira, Freddy Bernal, volvió a poner la idea sobre la mesa

En medio de una entrevista, concedida para Globovisión en la noche del lunes (19 de junio), el gobernador de Táchira, Freddy Bernal, sostuvo que actualmente trabaja junto a parlamentarios y empresarios de su estado en la creación de una propuesta que, en cuestión de semanas, entregaría al presidente Nicolás Maduro para revivir el proyecto de una ciudad ‘binacional’ conformada por Cúcuta (Colombia) y San Cristóbal (Venezuela).

“Estamos listos para venirnos a Caracas a dar los argumentos al Gobierno nacional para que entienda (...) que Táchira va a ser, en los años por venir, uno de los principales polos de desarrollo, no solamente para la frontera, sino para todo el país”, señaló, frente al entrevistador Óscar Shémell.

La propuesta de una zona de integración fronteriza, sin embargo, lleva años cocinándose, según explicó en exclusiva para Infobae Colombia Ronal Rodríguez, investigador y vocero del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.

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“Mucho antes que pudiesen existir las repúblicas, la población que vivía en esta área consideraba que era parte de una misma unidad geográfica”. Y es que, a pesar de haberse separado en 1830 e iniciar un proceso de negociación del dividendo limítrofe en algún punto del camino, tan solo hasta 1941 ambas naciones lograron ponerse de acuerdo para trazar una frontera terrestre.

“En el marco de la negociación –expuso– Villa del Rosario llegó a quedar del lado venezolano; lo cual, para los colombianos, tenía un acento bastante particular porque el general Santander es oriundo de Villa del Rosario y es considerado el gran general colombiano”. Un ejemplo, tan solo, de la dificultad que ha supuesto la división de fronteras, que aún tiene en debate la separación de zonas marítimas y submarinas, como es el caso del golfo de Coquibacoa o golfo de Venezuela. De ahí que hablar de zonas de integración sea ir en una dirección opuesta.

En el 2006, después de mucho intentar, estuvo a punto de lograrse, con el visto bueno de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) que, ya entonces, hablaba de la zona fronteriza de Táchira y Norte de Santander como la más importante de América Latina. Pero, con la salida de Venezuela de la CAN y el complejo historial en la frontera, con distintos actores saboteando las negociaciones, terminó por hundirse el proyecto.

Sin embargo, contrario de lo que podría creerse, con la ruptura de las relaciones diplomáticas y consulares, crecieron “las relaciones de la diplomacia local; es decir, de los gobernadores, de los alcaldes. Pero también de la diplomacia ciudadana, gremios económicos, academia, organizaciones de la sociedad civil”, etc.

Toda esa dinámica que se alimentó durante años, según Rodríguez, y terminó generando “espacios, como puentes ciudadanos colombo venezolanos, que dieron lugar a un montón de reuniones entre los actores económicos de lado y lado, entre las autoridades locales de lado y lado, ante el no dialogo de los gobiernos nacionales”.

De querer retomarse la idea de una integración fronteriza, tendría entonces que hacerse de manera directa; ya que, el acompañamiento de la CAN estaría en entre dicho, por cuenta de las constantes peleas entre el presidente Petro y Perú.

“Se abre un margen de oportunidad de negociación de alta diplomacia. El problema es que no hay embajadores competentes ni en Colombia ni en Venezuela para asumir esa negociación. Los nuevos embajadores que han sido nombrados no tienen el criterio, ni el carácter, ni la formación para desarrollar una negociación de este talante y, por otro lado, si bien hay voluntad política en este momento y hay sincronía, dialogo e incluso simpatías entre el gobierno colombiano y el gobierno venezolano, esta es una negociación que puede tardar varios años e, incluso, una década o más”, en la que tendrían que mantener una relación afable ambos países, haya o no un cambio de Gobierno significativo de cualquier lado de la frontera, pero, por el momento, sigue habiendo una “lógica de desconfianza que ha sido endémica y de larga data en la relación de Colombia y Venezuela”.

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