El enamorado que sorprendía a su novia azafata en aeropuertos del mundo: el pedido de mano en un rascacielos y un tifón

Aaron era tímido y tampoco estaba seguro de que Carmen tuviese interés en él. Pero el destino hizo lo suyo y los cruzó en un vuelo donde la relación comenzó a fluir. La vida de aeropuertos, presentaciones familiares y la propuesta romántica que parecía imposible de llevar a cabo

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Aaron organizó una fiesta de disfraces en su casa y ahí vio a Carmen por primera vez vestida de marciana
Aaron organizó una fiesta de disfraces en su casa y ahí vio a Carmen por primera vez vestida de marciana

Dubai, conocida por su opulencia y vibrante vida nocturna, fue el escenario perfecto para una de las icónicas fiestas temáticas de Aaron. Era el 14 de julio de 2009, una fecha que, sin saberlo, marcaría el inicio de una historia de amor única. Aaron, un hombre con un don para organizar eventos originales, vivía en una casa lujosa en la ciudad. Este año, la fiesta tenía un tema especial: el espacio exterior. Con su habitual entusiasmo y atención al detalle, Aaron se disfrazó de Buzz Lightyear, el intrépido guardián espacial de la famosa película animada. Carmen, por otro lado, una joven encantadora y de espíritu aventurero, azafata de profesión, esa noche optó por un disfraz más sencillo, pero igual de efectivo. Con solo una diadema, se transformó en una bella marciana.

La mú, mitad filipino, e un hombre de carácter firme y un corazón generoso. Tenía una habilidad innata para conectar con las personas, lo que lo hacía el alma de cada fiesta que organizaba. Sin embargo, detrás de esa fachada de confianza, se escondía una persona muy reservada y tímida. ue Aaron, en ese momento, pensó que era rusa. Carmen observaba la escena, divertida. Más tarde, al revisar las fotos, comentó a sus amigos: “¡Wow, Buzz estaba transpirado!”. Es que era verano y él estaba metido dentro de ese enorme traje espacial. Así de extraño fue ese primer encuentro entre ambos.

Aaron, mitad filipino, es un hombre de carácter firme y un corazón generoso, con una habilidad innata para conectar con las personas, lo que lo hacía el alma de cada fiesta que organizaba. Sin embargo, detrás de esa fachada de confianza, se esconde una persona muy reservada y tímida. Dos meses después, volvieron a coincidir en una fiesta de togas, un festival griego que celebra a los dioses del Olimpo. Aaron, una vez más, se esmeró con su disfraz, mientras que Carmen optó por una vestimenta más sencilla. Fue en esta ocasión cuando tuvieron su primera conversación significativa. Entre risas, descubrieron que ambos eran mitad filipinos y compartían una pasión por los viajes. Aunque Carmen mencionó que estaba saliendo con alguien, la conexión entre ellos fue innegable. Aaron, respetuoso, no avanzó más allá de invitarla a sus fiestas. Y a Carmen sus amigos le decían: “Deberías dejar a tu novio y salir con Aaron, ¡ustedes están hechos el uno para el otro!”.

Pasaron tres años durante los cuales Aaron y Carmen seguían asistiendo a las mismas fiestas. Aaron siempre la invitaba a las suyas, pero nunca daba un paso más allá, ni ningún tipo de señal. Sus amigos le insistían que debía intentarlo, especialmente después de que Carmen terminó su relación. Finalmente, Aaron empezó a enviarle mensajes, pero sus ocupadas agendas y los constantes viajes de Carmen como azafata complicaban cualquier encuentro.

Encuentro en el vuelo

Corría 2012 y Aaron acababa de asistir a la boda de un amigo en el Líbano. Había pasado tres días increíbles, disfrutando de la celebración y de la compañía de viejos amigos. Originalmente, su plan era viajar a otro país después de la boda, pero en el último momento, decidió regresar a Dubai. Este cambio de planes en apariencia insignificante, sin embargo, desencadenaría una serie de eventos trascendentales en su vida.

Carmen, por su parte, estaba pasando por un año particularmente difícil. Había terminado una relación de dos años y medio, no había conseguido el ascenso que esperaba en su trabajo, y había sufrido la muerte de un amigo cercano. Sumida en una mezcla de tristeza y agotamiento, Carmen no tenía ánimos de hacer nada, ni siquiera de volar de regreso a casa con sus padres. Fue entonces que su mejor amiga, insistiendo en que necesitaba distraerse, la convenció de ir al Líbano para celebrar su cumpleaños. Después de insistir, Carmen aceptó, contó al blog Crazy Love Stories.

El viaje al Líbano resultó ser un bálsamo para Carmen. Arrancaba el día con shisha (pipa de agua) y café antes del desayuno y disfrutaba de cada momento de relax. El último día, el marido de su amiga hizo todo lo posible para perder el vuelo de regreso. Aunque a último momento lograron que les reabrieran el vuelo gracias a su amiga, según contó Carmen, que sabía sacar partido de sus encantos femeninos.

En el ajetreo del aeropuerto, mientras Aaron cargaba sus valijas y se dirigía a su asiento, sintió un golpecito en el hombro. “¿Quién más podría ser?” pensó, girando sobre sí mismo. Ahí estaba Carmen, la misma Carmen que había conocido en aquella fiesta espacial, la misma Carmen que había sido una presencia constante y esquiva en su vida durante los últimos tres años. Ambos se quedaron paralizados por un momento, una mezcla de sorpresa y reconocimiento en sus caras.

—¡Carmen! —exclamó Aaron, sin poder contener su alegría.

—¡Aaron! ¿Qué hacés acá? —respondió ella, igualmente sorprendida.

La casualidad del encuentro fue suficiente para reavivar la conexión que habían compartido. Al aterrizar en Dubai, Aaron no quería dejar pasar la oportunidad de finalmente pasar más tiempo con Carmen y ella lo invitó a unirse con ella y sus amigas para salir a fumar shisha. Así que, después de dejar las valijas en la casa y darse una rápida ducha, Aaron volvió a encontrarse con el grupo. Aunque tenía que levantarse temprano, notó que ninguna de sus amigas quería irse antes que él, ya que todas estaban observando cada uno de sus movimientos. Esa noche, nadie quería despedirse, y se quedaron despiertos hasta altas horas.

Esa noche se convirtió en el verdadero comienzo de su romance. Aaron y Carmen, por fin, pudieron disfrutar de la compañía del otro sin la barrera de otras relaciones o la distancia. Empezaron a salir regularmente, y Aaron, decidido a no perder más tiempo, aprovechaba cada oportunidad para estar con ella, incluso si eso significaba volar por el mundo solo para verla durante sus escalas. La seguía en sus vuelos, sorprendiéndola en diferentes partes del mundo, y juntos compartieron momentos inolvidables en diversas ciudades.

Durante el noviazgo vivieron de viaje en viaje
Durante el noviazgo vivieron de viaje en viaje

Durante tres meses, Aaron estuvo entre trabajos y períodos de baja, lo que le permitió seguir a Carmen en sus rutas por el mundo. A pesar del agotamiento físico, ambos disfrutaban intensamente de cada encuentro. Visitaron el Reino Unido, Filipinas, España y Australia para conocer a las familias de cada uno. Carmen, como azafata, tenía boletos con descuento, pero Aaron pagaba cada uno de sus pasajes sin dudarlo, como un gesto de amor y compromiso.

La química entre ellos era palpable, y todo se sentía fácil y natural. A pesar del ritmo agitado de su relación, ambos sabían que habían encontrado algo especial. Tres meses y medio después de que comenzaran a salir, Aaron decidió que era el momento de dar el siguiente paso. Aunque inicialmente había planeado proponerle matrimonio en Tailandia, el anillo no estaba listo a tiempo. Así que, de regreso en Dubai, ideó un plan para sorprender a Carmen durante su próxima escala en Nueva York.

Mientras Carmen intentaba descansar después de sus vacaciones en Tailandia y haber trabajado durante 15 horas, Aaron se escabulló de la casa, fue a buscar el anillo y lo escondió en su mochila. Persuadió a Carmen para que no cancelara su vuelo a Nueva York y la llevó al aeropuerto. Sin que ella lo supiera, Aaron abordó el mismo vuelo y la sorprendió una vez más.

Llegaron a Nueva York y, a pesar del cansancio, Aaron insistió en que visitaran el Empire State Building. Carmen, aunque agotada, aceptó. Mientras subían a la plataforma de observación, Aaron intentaba mantener la calma, pero Carmen notó que estaba nervioso. Cuando finalmente llegaron a la terraza, Aaron aprovechó un momento en que estaban solos para arrodillarse y sacar el anillo.

—¿Te casarías conmigo? —preguntó, con la vista de Central Park de fondo.

Carmen, sorprendida y agotada, reaccionó de una manera que Aaron no esperaba en absoluto. En lugar de una respuesta inmediata y emocionada, ella se quedó en blanco, parpadeando en shock. —¿Qué estás haciendo ahí abajo? —preguntó, completamente desconcertada.

Aaron, arrodillado, sonrió nervioso. —Te estoy pidiendo que te cases conmigo.

Carmen, aún en estado de sorpresa, soltó una serie de palabras entrecortadas y risas nerviosas. —¿Hablas en serio? ¿Estás seguro? —seguía preguntando, incapaz de procesar lo que estaba ocurriendo. Cada pregunta venía acompañada de una mezcla de incredulidad y emoción.

Aaron, mostrando el anillo, insistió. —Sí, lo digo en serio. ¡Mirá, tengo un anillo!

Finalmente, Carmen logró recomponerse, y entre risas y lágrimas, lo abrazó con fuerza. —¡Sí, sí! ¡Mierda! ¡Sí! —respondió, y selló la propuesta con un beso.

Después, caminaron por la Quinta Avenida. Brindaron con champagne y compartiendo su alegría con los transeúntes. Como la señal de teléfono no funcionaba, no pudieron contar la noticia de inmediato. Lograron publicarlo en Facebook por la noche y, al día siguiente, se encontraron cientos de mensajes de felicitaciones.

Aaron llevó a Carmen al mirador del Empire State de Nueva York para pedirle matrimonio
Aaron llevó a Carmen al mirador del Empire State de Nueva York para pedirle matrimonio

En el vuelo de regreso Carmen se encontró con la tripulación y le preguntaron si tenían algo que contar de especial. Y les mostró el anillo. Al contarles que se acababa de comprometer, todos empezaron a llorar. La reacción de sus compañeros de trabajo fue tema de conversación con Aaron, que le dijo: “Ves, esa era la reacción que yo esperaba, no la que tuviste conmigo”.

La pareja decidió casarse seis meses después, en una ceremonia íntima en Dubai, solo con familiares directos. Pero la gran celebración fue planeada para ocho meses después, en Boracay, Filipinas. El día previo a la boda, un tifón gigante azotó la región, causando estragos y cancelaciones de vuelos. A pesar de que solo la mitad de los invitados podía asistir, Aaron y Carmen continuaron adelante con la boda.

El gran día, justo cuando Carmen empezó a caminar hacia el altar,se largó a llover. En el momento en que Aaron empezó a leer sus votos le prometió a la novia llevarle “un poco de sol” a su vida. Y en ese momento, increíblemente, el sol se asomó entre las nubes y bañó el lugar con su luz. Fue un momento mágico para ellos y todos los invitados.

Aaron y Carmen decidieron donar todos sus regalos y el dinero de la boda a organizaciones benéficas para ayudar a las víctimas del tifón. Esta generosidad reflejaba el amor y la compasión que compartían no solo entre ellos, sino también con el mundo. Aaron reflexionaba sobre el tiempo perdido, deseando haber tenido el coraje de acercarse antes, pero reconociendo que todo sucedió en el momento perfecto. Carmen, por su parte, sabía que había encontrado a su compañero ideal cuando estaba lista para recibirlo.

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