Muerte en la galería Nicolini: Los encerraron en un contenedor, pidieron auxilio, pero no pudieron escapar y murieron calcinados en uno de los incendios más terribles de Lima

Dos jóvenes fueron víctimas de la explotación laboral. Sus destinos estuvieron marcados por un incendio que terminó con sus vidas. “Por favor, cuiden a mi hija”, fue el último mensaje que uno de los jóvenes envió a través de su celular antes de morir.

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Muerte en la galería Nicolini.
Muerte en la galería Nicolini. (Captura)

Una humareda iba aumentando y oscureciendo el cielo de una de las esquinas más concurridas del popular lugar “Las Malvinas”. La galería Nicolini se convirtió en el lecho de muerte de dos jóvenes que buscaban salir de aquel lugar, pero habían sido encerrados por sus empleadores, trazando su camino a la muerte.

Contenedores apilados funcionaban como locales para que jóvenes de escasos recursos laboren y reciban un pago semanal de S/200.00 soles mensuales. Se trató de un hecho desgarrador, pues murieron en presencia de las personas, bomberos, autoridades y cámaras de televisión.

El infierno en Las Malvinas

Un incendio se reportó el jueves 22 de junio del 2017, el fuego avanzaba y con él se reportó la existencia de dos jóvenes encerrados en un contenedor de lata, quienes estaba muy cerca al fuego. Se trataba de Jorge Luis Huamán Villalobos de 19 años y Jovi Herrera Alania de 21 años, ambos trabajaban de forma inhumana. Su empleador sellaba la única puerta de ingreso y salida con la excusa de “evitar pérdidas en su mercadería”.

Foto: Agencia Andina
Foto: Agencia Andina

Distintos medios de televisión cubrían aquel infernal incendio, cuando de pronto se vio un fluorescente moviéndose de un lado a otro. Este objeto era sujetado por uno de los muchachos con la finalidad de que las autoridades logren ubicarlos rápidamente y rescatarlos.

Se difundieron videos que ambos habían enviado a sus familiares. En ellos se observaba que, durante la primera parte del incendio, se encontraban calmados y seguros de salir del lugar, pues confiaron en la eficiencia de los bomberos, pero desconocían cuál era el panorama al exterior.

Muerte en la galería Nicolini.
Muerte en la galería Nicolini. (Captura)

El último mensaje

El fuego era infernal y los materiales explosivos del lugar aumentaban cada vez más las llamas. Los bomberos batallaban extendiendo sus escaleras, pero no era suficiente. Se reducía el fuego, pero inmediatamente algo explotaba.

Los materiales que se almacenaban en aquella manzana eran altamente explosivos. Era evidente que la situación era incontrolable. Los jóvenes comenzaron a desesperarse y utilizaron sus celulares para mantener contacto con el exterior.

“¡Ayúdame tío, ayúdame, por favor!, fue la frase que Jovi Herrera le suplicaba a su tío Cesar Herrera por el teléfono, minutos antes de quedar sin vida.

“Nadie me abre la puerta y el humo está entrando”, le dijo desesperadamente Jorge Luis a su madre, Bertha Villalobos por teléfono

La batería de los celulares de Jovi y Jorge Luis se iba agotando, al igual que sus esperanzas por ser salvados. El humo los asfixiaba cada vez más.

“Por favor, cuiden a mi hija, no la dejen. Que mi mamita no llore”, fue el último mensaje que envió Jovi Herrera.

Los restos de ambos jóvenes recién fueron rescatados el 29 de junio, es decir, siete días después del inicio del incendio. Esa también fue la duración de aquel siniestro de la Galería Nicolini, ubicada en Las Malvinas.

Un trabajo esclavizante

“Trabajábamos encerrados. No había ventanas y todo era enrejado. Por ese espacio podías respirar. Me pagaban 20 soles”, declaró uno de los amigos de Jorge Luis Huamán.

“No había espacio ni para ir al baño. Tenías que orinar en botellas”, sostuvo otro que afirmó en su momento tener 17 años.

Muerte en la galería Nicolini.
Muerte en la galería Nicolini. (Captura)

¿En qué consistía el trabajo? Según se reveló en su momento, los jóvenes se encargaban de borrar la marca china de los fluorescentes y estampaban el nombre de marcas más comerciales. No solo había explotación laboral, sino que también se trataba de un negocio ilícito por parte de los malos empresarios.

Pero, ¿cómo fue que durante varios años esta modalidad de esclavitud se mantenía? Recordemos que cada municipalidad realiza el trabajo de fiscalización de su jurisdicción, pero no solo ellos, sino también diversas instituciones. Un extrabajador reveló cómo operaban los dueños para burlar a las autoridades.

“Cuando los fiscalizadores aparecían, los dueños venían y nos sacaban al toque y se iban a sus tiendas. Nosotros nos quedábamos afuera hasta que los fiscalizadores se iban”.

No brindar su nombre completo era una de las formas de operar de los negociantes explotadores.

“Sé sus nombres, pero no sus apellidos. Tengo tres nombres, Julio, Vilma y Jonny. No sé sus apellidos, pero puedo identificarlos. Nos encerraban todo el día”, manifestó una de las víctimas.

La abusiva actividad era realizada desde las 8:00 hasta las 20:00 horas y bajo llave. Solo tenían 30 minutos para almorzar y ver la luz del día.

Los culpables, Jonny Coico Sirlopu y su esposa, Vilma Zeña Santamaría, recibieron una pena de 35 y 32 años de prisión, respectivamente; sin embargo, en el 2019, la Sala de la Corte Superior de Justicia de Lima redujo la pena de ambos a 30 y 15 años.

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