Las cifras hablan por si mismas. Un estudio conducido por la revista The Economist en conjunto con la Kaiser Family Foundation, una organización no gubernamental de EEUU enfocada en la salud, reveló que el 9 por ciento de adultos en Japón, el 22 por ciento en Estados Unidos y el 23 por ciento en el Reino Unido aseguró sentirse solo en la mayoría de las oportunidades.

La encuesta involucró muestras representativas de la población de tres países ricos, pero el fenómeno no conoce de nivel socioeconómico o ubicación geográfica. Otro estudio de 2010 estimó que el 35 por ciento de los norteamericanos de más de 45 años se consideraban solitarios. De este total, un 45 por ciento aseguró sentirse falto de compañía por los últimos seis años.

Más preocupante aún resulta el hecho de que para el 41 por ciento de los británicos por encima de los 65 años, la televisión o una mascota representa su principal fuente de compañía. En Japón, más de medio millón de personas permanece en su hogar por hasta seis meses, sin contacto alguno con el mundo exterior.

Los doctores y legisladores alrededor del mundo están viendo a la soledad como un problema cada vez mayor en lo que hace a salud pública. El año pasado, Vivek Murthy, ex cirujano general de los EEUU, catalogó a la soledad como una epidemia cuyo impacto a la salud es similar al que produce fumar 15 cigarrillos al día. El pasado mes de junio, la primera ministra del Reino Unido, designó a una ministro de soledad.

El gran desafío que representa la soledad es que no puede ser medida en escalas a diferencia de otros males como la obesidad o las adicciones. Los investigadores la describen como "el aislamiento social percibido" o el sentimiento de no poseer las conexiones sociales deseadas. Para sorpresa de muchos, la soledad también puede afectar a aquellos que aparentan tener una gran red de contención compuesta por amigos y familiares.

El aumento de las viviendas en las que vive una sola persona también alarma a los especialistas. Hoy día, en ciudades como Estocolmo la mayoría de las propiedades son habitadas por un solo propietario o inquilino y el fenómeno se puede identificar en otras ciudades del primer mundo donde la gente elige vivir sola como símbolo de su independencia.

Un estudio de 2015 llevado adelante por la universidad de Utah, con más de 3.4 millones de participantes que fueron seguidos durante un lapso de siete años, reveló que aquellos calificados como solitarios tienen 26 por ciento más probabilidades de morir. En el caso de los que vivían solos, el número se elevaba hasta el 32 por ciento.

Estudios menos exhaustivos han encontrado una correlación entre la soledad y el aislamiento con problemas de salud como ataques al corazón, derrames, cánceres, desórdenes alimenticios, abuso de drogas, falta de sueño, depresión, alcoholismo y ansiedad. Incluso se ha llegado a asociar a las personas solitarias con un mayor riesgo de sufrir un deterioro cognitivo y un progreso más rápido hacia el Alzheimer.

Uno de los culpables detrás del auge de la soledad es la tecnología, con teléfonos inteligentes y redes sociales que sirven como un antídoto a la falta de conexiones humanas pero que, luego de compartirse una infinidad de estudios sobre su impacto negativo sobre la psiquis y el autoestima, se ha comprobado que sus efectos secundarios son realmente preocupantes.