Sus muros de agua están ubicados a 112 kilómetros de la costa de Nayarit. Las Islas Marías fueron inauguradas como la cárcel perfecta para albergar a los criminales más peligrosos durante los primeros años del siglo XX. El Alcatraz mexicano.
La localización de la prisión era ideal para prevenir escapes: por las fuertes corrientes marinas, porque están rodeadas de un mar lleno de tiburones, y por la larga distancia que las separa de la tierra.
El presidente del país, Andrés Manuel López Obrador, en febrero del 2019, cuando la Colonia Penal Federal Islas Marías estaba a punto de cumplir 114 años de operación, firmó un decreto para clausurarlas y reconvertirlas en un centro ecológico y cultural para niños: el Centro de Educación Ambiental y Cultural “Muros de Agua - José Revueltas”.
De acuerdo con La Jornada, la prisión representaba un gasto anual de 727 millones de pesos, por lo que la decisión de su cierre fue, principalmente, por razones económicas.
Y aunque el lugar parecía infalible de fugas, hubo reos que comprobaron que el océano Pacífico, y estar a más de 100 kilómetros de la costa nayarita, no era impedimento alguno.
El caso más famoso de un escape ocurrió en 1989 y su historia parece un cuento de ficción. Carlos Miralrio Mujica arribó el 2 de agosto de 1988 al penal de las Islas María después de ser sentenciado por el homicidio de dos hombres en la capital del país. Uno de ellos era una agente policiaco, y su condena fue decretada en 26 años de cárcel.
A Carlos le gustaba tocar la guitarra. Era bueno. Otros reos y empleados lo conocían por eso. A finales de 1989, el director del penal lo invitó para que también cantara en una fiesta organizada por guardias de seguridad.
Durante la celebración, los agentes carcelarios bebieron demasiado alcohol: Miralrio Mujica aprovechó la velada para fugarse de la isla.
Como muy pocos, logró escapar. Arribó al entonces Distrito Federal a principios del año 1990, donde se asentó y reinició su carrera delictiva. En mayo contactó a José Malfavón Espinosa, otro ex reo que conoció cuando estuvo internado en el penal de Santa Martha Acatitla.
Se encontraron en la estación de Metro de Villa de Cortés y juntos cometieron un atraco en el ex Convento de Regina, ubicado en las calles Simón Bolívar y San Jerónimo del Centro Histórico, a un costado de la Iglesia de Regina Coelli. Se robaron varias figuras y pinturas religiosas.
Policía de la antigua Secretaría General de Protección y Vialidad los capturaron cuatro meses después cuando encontraron al comprador de uno de los cuadros. Así dieron con la identidad y el paradero de los criminales.
Al examinar sus antecedentes criminales encontraron que Carlos Miralrio Mujica era un prófugo de la Colonia Penal Federal Islas Marías y que era de los pocos que había sobrevivido a naufragar en el océano.
Y es que después de que escapó de las islas, personal de centro penitenciario habían dado por muerto al convicto. No sabían lo que les esperaba. Un reporte de la Policía Judicial del Distrito Federal, escrito por Alfredo Montes de Oca Ramírez, un comandante que asistió a la fiesta, describió cómo Miralrio Mujica escapó de la cárcel.
“Se proveyó de bolsas de plástico de varios tamaños, cajas de cerillos, un encendedor, un machete, un cuchillo, y otros implementos, saliendo de Isla Madre hacia Isla Magdalena, para después dirigirse en una balsa que fabricó con quiotes hacia la Isla Cleofas y de este lugar al Puerto de San Blas en otra balsa, haciendo un recorrido de 13 días, para después por vía terrestre, dirigirse al Distrito Federal”, decía el texto de la averiguación 4ª/1330/990-06, según el Diario de Colima.
Carlos Miralrio Mujica terminó siendo devuelto a las Islas Marías.
Un agente de la Policía de Investigación (PDI) que participó en su captura y que continúa en la institución, reveló al medio que fue el director del penal quien lo llamó porque habían organizado una fiesta y querían que él cantara.
“Nos dice que fue una fiesta a morir, hubo mucho chupe, todos acabaron pedos y al ver que habían quedado como bultos, planeó fugarse”, declaró el elemento, quien pidió al Diario de Colima mantenerse anónimo.
El informe de la Policía Judicial no dice muchos detalles: es una hoja amarillenta y escrita a máquina. Sin embargo, palabras de personas que fueron testigos de su captura dan una idea de lo que realmente pasó.
Jesús, un empleado de la anterior Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, y quien aparece en la única foto que se conoce de Carlos Miralrio Mujica, afirmó: “Dijo que rompió unas hieleras y se amarró las tapas al pecho. En las bolsas de plástico metió los cerillos, el encendedor y algo de comida que quedó de la fiesta, así se aventó al mar, según contaba cuando veía cerca de él los tiburones se quedaba quieto, como si fuera un tabla para que no le hicieran nada”.
Algunas versiones señalan que después de tocar tierra se dirigió a casa de una hermana en la entidad federativa de Jalisco. Ahí, ella le aseguró que no quería involucrarse en ningún delito y solamente le regaló un reloj para que intentara venderlo.
Con el dinero obtenido, en febrero de 1990 viajó a la capital del país. Mientras tanto, directivos del penal de las Islas Marías lo habían clasificado como muerto y eso mismo le habían comunicado a sus familiares. Cuando arribó a su casa pensaron que estaban viendo a un fantasma.
Cuando fue capturado después del robo al ex Convento, policías le aseguraron una pistola 9 milímetros que llevaba fajada en su cintura. Ocurrió en la colonia Obrera.
“Recuerdo que el comandante le dijo: ‘ándele, cabroncito, por robarle al patrón. Ya ve, ya la habías librado, todos te daban por muerto’ y así era, nadie podía creerlo”, relató Jesús.
Carlos Miralrio Mujica contó su historia a las autoridades capitalinas antes de que lo presentaran ante el agente del Ministerio Público. También, antes de regresarlo a las islas, se tomaron una última fotografía con él.
La Colonia Penal fue inaugurada en mayo de 1905 durante la presidencia de Porfirio Díaz. Tanto en las Islas María como en el Manicomio General de La Castañeda, abierto en 1910, se documentaron casos de torturas, maltratos, castigos, y abusos.
En el 2000, el archipiélago fue declarado, por su carácter de reserva de la biosfera, un área natural protegida. Cinco años después, por su diversidad ecológica, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura lo clasificó un Patrimonio Natural de la Humanidad.
El escritor duranguense José Revueltas, quien estuvo preso dos veces entre 1932 y 1935 por motivos políticos, fue uno de los tantos prisioneros célebres dentro de sus “muros de agua”, como los describió: Juan Manuel Martínez Macías, mejor conocido como El Padre Trampitas, fue un sacerdote que estuvo ahí de manera voluntaria por 37 años. María Concepción Acevedo, La Madre Conchita, autora intelectual del asesinato del presidente Álvaro Obregón, también estuvo recluida en las islas.
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