En 2012, a Melissa Rivera le quedó claro que no podía seguir viviendo en Honduras. Después de haber sido violada por cuatro hombres, la autoridad no quiso levantar la denuncia y la acusó de haber sido la culpable del abuso.

En venganza, los presuntos responsables le dieron un tiro a su hermano en la cabeza y otros 19 a su hermana. Ella y su novio tuvieron que salir de su barrio, expulsados por la gente. Su único delito fue haber denunciado la violación.

Ella es una de las miles de mujeres que forman parte de la Caravana Migrante que desde el 13 de octubre salió de San Pedro Sula, en Honduras, integrada por miles de personas que huyen de la violencia y de la pobreza. Tratan de encontrar en los Estados Unidos una mejor calidad de vida.

Bajo condición de no revelar su rostro ni la ciudad de donde es originaria, señaló a Infobae que en su país "llega un momento en que hay lugares donde no se puede vivir, las maras reclutan a los niños, uno ya no vive tranquilo".

"Yo fui violada por cuatro tipos y cuando quise poner la denuncia me dijeron que yo había provocado eso", expresó. Embarazada de seis meses, ella y su novio buscan darle una mejor vida a su bebé, por eso se arriesgaron a integrarse a la caravana.

El caso de Melissa no es único, un gran número de mujeres con hijos, solas o con parejas, también forman parte de la Caravana. Gretchen Kuhner, directora del Instituto para las Mujeres en Migración, que ha acompañado a la caravana en distintos puntos, aseguró que un fenómeno observado durante la caminata es el de madres que huyen de lo que llaman "el reclutamiento".

Las mujeres que no tienen parejas, que tienen varios niños y niñas, ellos ya están muy cansados, y es muy difícil hablar con ellas sobre las razones por las que están huyendo

Algunas vienen huyendo de la violencia intrafamiliar o porque mataron a sus parejas "las cosas de las que están huyendo son psicológicas, muy fuertes". Y esto explica de alguna forma por qué prefieren no compartir sus historias, especialmente las que vienen acompañadas con niños.

Las mujeres a las que ha logrado entrevistar la organización, expresaron que viven en una situación de miedo a la violencia y al reclutamiento de las pandillas, principalmente las que tienen hijos que están a punto de entrar en la adolescencia.

Algunas mujeres pidieron no revelar sus rostros
Algunas mujeres pidieron no revelar sus rostros

Sara Noemí, de San Pedro Sula, tiene 22 años, conoce esta situación, generada en gran parte por la falta de oportunidades, pero también, como dice, de la educación que se recibe en casa.

Es madre soltera de dos hijas, a una la tuvo que dejar en Honduras y a la más grande la trajo en la caravana con la ilusión de que al llegar a Estados Unidos pueda estudiar y salir adelante.

Lo que la impulsó a integrarse a la caminata fue que tenía un empleo de venta de teléfonos que no le daba los suficiente para vivir, trabajaba de lunes a domingo y ni siquiera le daba el dinero para pagar la escuela de la más pequeña.

"Yo le pido a Dios que mi destino es llegar a Estados Unidos y sacarlos adelante a ellos (sic)", dijo Noemí, y para ella, la única opción es ingresar de manera ilegal. Al igual que otra de las integrantes de la caravana, quien afirmó que una vez trató de conseguir la visa, pero le fue negada y otras más que aseguró que nunca lo intentó.

Con afirma Gretchen Kuhner, hablar con las mujeres que integran la caravana no es fácil porque no confían en cualquiera, las historias que dejaron atrás son parte de un pasado de violencia y miedo que no quieren volver a vivir, porque aunque ya no estén en sus países, aún conservan en la mente esos momentos.

La Caravana Migrante empezó a llegar el fin de semana a Ciudad de México donde se espera que se reúnan más de 5.000 personas en un un albergue improvisado, para reanudar el recorrido hacia la frontera norte para tratar de cruzar a los EEUU.

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