Japón sufría porque el gol del polaco Jan Bednarek lo dejaba afuera del Mundial a raíz del empate entre Senegal y Colombia hasta que llegó una noticia favorable desde la ciudad de Samara: los sudamericanos les habían marcado un tanto a los africanos a 15 minutos para el cierre del choque y el pasaje a octavos se definiría por fair play.

Los asiáticos tenían menos cantidad de amarillas que los senegaleses, por lo que si todo terminaba así, clasificarían a los octavos de final más allá de la derrota. Por entonces, Robert Lewandowski y Kamil Grosicki les habían perdonado la vida a los dirigidos por Akira Nishino.

Cuando la noticia de lo ocurrido entre Colombia y Senegal se supo, el partido tomó un extraño ritmo. Polonia estaba afuera del Mundial más allá de cualquier resultado y Japón accedía por haber recibido cuatro amarillas contra las seis de los senegaleses.

El saludo al final del partido entre Gotoku Sakai y Robert Lewandowski; ambos se desempeñan en el fútbol alemán (Reuters)
El saludo al final del partido entre Gotoku Sakai y Robert Lewandowski; ambos se desempeñan en el fútbol alemán (Reuters)

El equipo nipón manejó la pelota durante los minutos finales y la movió de lado a lado en la mitad de la cancha, sin sentir la más mínima presión del combinado europeo y dejando en claro que existía una especie de pacto de no agresión.

El árbitro de Zambia Janny Sikazwe adicionó tres minutos y un jugador polaco esperaba afuera para realizar un cambio. No había posibilidades de que se detuviera el juego, por lo que Grosicki se lanzó al suelo alegando una sospechosa lesión. Los asiáticos la tiraron afuera, el juez exigió que se siguiera pero finalmente pitó el cierre del choque.

Finalmente, el partido terminó 1-0 a favor de Polonia y los japoneses se clasificaron en la segunda colocación del Grupo H gracias al fair play.

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