Oscar Cabello acababa de hacer algo con muy pocos precedentes en la historia reciente de América Latina: exponer ante el Consejo de Derechos de la ONU su preocupación por otro país de la región. En este caso Venezuela.

Como era de esperar, el régimen bolivariano lo tomó casi como una declaración de guerra. Activó todo su aparato diplomático para dejar en soledad a Asunción y preparó una declaración leída por Cuba para "defender su soberanía". Además acusó a Estados Unidos de estar detrás de la presentación de Paraguay, y trató a este país de ser su lacayo.

Minutos después del agitado cruce, el viceministro paraguayo de Relaciones Exteriores habló con Infobae sobre lo ocurrido.

-¿Qué fue lo que buscaron con la declaración conjunta y qué piensa de la reacción que suscitó?

-Nosotros estamos muy preocupados por la situación de los derechos humanos en Venezuela. La intención de nuestro gobierno, así como la de todos los que se unieron a nuestra declaración, era hacer un ofrecimiento de cooperación para mejorar la aplicación de las normas de derechos humanos en el país. No hubo ninguna otra intención. No queremos realizar ninguna tarea de intervencionismo ni vulnerar los derechos soberanos del pueblo venezolano.

-¿Qué piensa de la reacción de Venezuela, que dijo que el texto lo hizo Estados Unidos y los trató de lacayos del imperialismo?

-Son todas falsedades, eslóganes que se usan. Como dije en mi réplica, nosotros sí nos sometemos a un imperialismo, pero al imperio de la ley. Parece que hay ciertos estados que no se dan cuenta de que existe un ordenamiento jurídico internacional. Así como hay un Estado de derecho que debe ser respetado dentro de la legislación interna, también existe un Estado de derecho a nivel internacional. Hay obligaciones que tenemos y ningún país se puede escapar. Eso no significa sacrificar la soberanía. Al contrario, fortalece nuestra libertad porque mejora el bienestar de nuestros pueblos y la convivencia entre los estados.

Oscar Cabello, vicecanciller de Paraguay en su presentación en la ONU
Oscar Cabello, vicecanciller de Paraguay en su presentación en la ONU

-Usted dijo en su réplica que hay regímenes que se asustan cuando se quiere hacer una evaluación sobre la situación de los derechos humanos en sus países. ¿A qué se refería?

-Nos referíamos a muchos estados en el mundo, no solamente a Venezuela. No veo por qué hay que tener ese temor. En el caso concreto de Paraguay, somos un país que hemos extendido una invitación abierta a todos los organismos del sistema, tanto de la ONU como de la OEA, a que vengan a observarnos y que nos digan cuáles son nuestras debilidades. No tenemos ningún  problema. Sabemos que no somos perfectos. Nadie lo es en materia de derechos humanos. Es un camino largo que tenemos que seguir todos los estados que estamos recién comenzando. Me preocupa que algunos países se escuden detrás de la no injerencia para no permitir la cooperación en materia de derechos humanos.

-¿Por qué cree que Venezuela se opone tanto?

-Creo que es un temor absurdo que tienen algunos regímenes, de que reconociendo ciertas debilidades, que todos tenemos. No comprendemos ese temor. Y no es solo Venezuela, en nuestra región tenemos varios estados que tienen como un temor, una urticaria a que se trate este tema.

-Usted mencionó en su declaración que es necesario fortalecer la democracia y el Estado de derechos en Venezuela. ¿Cree que en Venezuela no hay democracia y Estado de derecho?

-Yo no voy a decir que no haya. Es cierto que hay debilidades, evidentemente. Todo el mundo lo reconoce. Todos tenemos debilidades. Nosotros los queremos ayudar a ellos. Si ellos quisieran ayudarnos a nosotros, bienvenidos sean. Si nos plantean al serio y constructivo, con todo gusto.

-Consiguieron el apoyo de 29 países en su declaración. ¿Qué países de América Latina acompañaron?

-Nos acompañó Costa Rica. Había otros países que estaban interesados también en acompañarnos, pero no se decidieron. El tiempo no nos dio. Pero eso no es lo importante. El mensaje que se quería dar ya se ha dado. Ha sido un grupo importante de país, muy representativo del mundo. Así que estamos plenamente satisfecho de haber alcanzado el objetivo que teníamos. El debate sobre Venezuela en el mundo se ha iniciado hace muchísimo tiempo. Hay iniciativas en Unasur, en Mercosur. En ese país se necesita cooperación y ellos mismos lo han admitido. Lo nuestro no es nuevo, es la continuación de lo que ya se está haciendo en distintos foros y regiones.

-Cuando uno habla con delegaciones de otros países de la región, que quizás comparten las preocupaciones que expresó Paraguay sobre Venezuela, manifiestan que no les gusta usar estos foros en los que está toda la comunidad internacional y que prefieren los foros regionales. ¿A qué atribuye esta resistencia a hablar de las cuestiones regionales?

-Yo no creo mucho en eso, porque a nosotros se nos acercaron muchos países de la región, demostrando el interés en unirse a nosotros. Incluso nos propusieron cambios en la declaración, y hemos incluido muchos de ellos. Hemos procurado ajustarnos a los deseos de todos, a partir de un borrador nuestro. Eso lo quiero dejar bien en claro, el borrador fue nuestro. El texto que se usó fue absolutamente nuestro, originado en nuestra capital. Hubo muchos países de América Latina que trabajaron con nosotros. Si después no quisieron poner la firma a la declaración, es otra cuestión. Pero la actitud demuestra que esa teoría no tiene fundamento, eso de que existe el deseo de los países de América Latina de que esto se arregle en nuestra región. Es una leyenda. Es natural que busquemos otras opciones que nos ofrece el mundo para la cooperación. De hecho, hace unos días, hubo un presidente de un país nuestro que vino al consejo y habló de violación de derechos humanos de otro país.

-Evo Morales en relación a Chile

-No quiero decir su nombre. Pero entonces, ¿dónde queda eso de que acá no se pueden traer las cosas? Si ellos lo están trayendo.

-¿Podría decir cuáles son los estados que estuvieron colaborando, pero no pusieron la firma?

-Mejor no. Prefiero respetar su privacidad, ya que ellos no quisieron salir. Que quede ahí.