Jairo Mejía
Washington, 7 nov (EFE).- Los resultados de las elecciones de medio mandato de este martes estremecieron los cimientos de lealtades de votantes que parecían inamovibles, como el voto sureño, de Texas o de los hombres blancos. Según expertos, son los mandatarios en el cargo los que deben entender que ya nada está garantizado cuando un gran número de ciudadanos está desencantado.
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Desde hace décadas, los demócratas han dedicado esfuerzos, tiempo y dinero con la promesa de tornar Texas “azul” (el color de los demócratas), pero, elección tras elección, desde el fin de una era que marcó el presidente demócrata y tejano Lyndon B. Johnson (1963-1969), ganar elecciones como demócrata a nivel estatal en la "Estrella Solitaria” era una gesta quijotesca. Incluso con populares candidatos como Wendy Davis o Beto O’Rourke, los republicanos seguían imponiéndose por cómodos márgenes.
Del mismo modo, estados como Kansas o, en el Sur Profundo, Georgia, Misisipi o Alabama, que eran considerados fortines republicanos tras prácticamente un siglo afianzados en su bando, son una muestra de los cambios radicales en estas elecciones, al revertir el apoyo claro dado al presidente estadounidense, Donald Trump, en 2024 y poner todas esas certezas políticas en cuestión.
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“El paradigma izquierda-derecha no está en línea con el momento en que vivimos. Ahora se reduce al 99,9 % de nosotros frente a unos 15 milmillonarios de tecnológicas que controlan el Gobierno, y eso es contra lo que ha votado la gente”, aseguró este jueves la gobernadora electa de Texas, la demócrata Gina Hinojosa, que es la primera política de ese partido en ganar a un republicano en Texas desde Ann Richards en 1990.
La victoria en Texas
“Los republicanos de Texas han tenido la tendencia de actuar como si fueran una fijación permanente e ineradicable del paisaje tejano”, explicaba este fin de semana un artículo de Rachel Monroe en el New Yorker sobre las victorias de Hinojosa, el candidato al Senado James Talarico y otros muchos demócratas.
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En entrevista con EFE, la profesora de Gobierno de la Universidad de Georgetown Nadia Brown coincide con esa reflexión: “La primera lección para los políticos que ostentan el poder es que las lealtades de los votantes no se pueden dar por seguras; los ciudadanos cada vez están más dispuestos a cruzar líneas políticas tradicionales para demostrar su oposición a agendas que no están en línea con sus valores”.
“Mantener el apoyo de los votantes en el tiempo es cada vez más complicado, pero, para que estos cambios se den, el país debe tener instituciones que funcionan, como en el caso de EEUU, y eso no es garantía en otros países”, indica Paz Ávila, profesora en el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad George Washington.
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“Esa transición que esperábamos hacia la derecha (tras la victoria de Trump y el alineamiento en otros países, como en Latinoamérica) parece que no se va a dar necesariamente. La segunda (lección) es que los votantes sí están preocupados por el estado de la democracia”, un debate que, para Ávila, ha sido elaborado por políticos de manera demasiado abstracta, pero que ahora se está trasladando de manera efectiva a la ciudadanía en el discurso contra la corrupción y la desigualdad.
Hispanos y afrodescencientes
Ha sido en el corazón del Sur Profundo donde el movimiento telúrico del martes dejó a muchos estrategas y líderes republicanos boquiabiertos.
Por primera vez en 145 años, Misisipi podría tener un senador negro, el demócrata Scott Colom, si finalmente se impone en el recuento a Cindy Hyde-Smith, que ocupaba ese escaño desde hace ocho años y que sustituyó a otro republicano que ocupaba el puesto desde 1978.
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Otros de los grupos que más han cambiado en estas elecciones de medio mandato han sido los hombres entre 18 y 44 años, que han pasado de mayoritariamente apoyar a Trump a darle la espalda.
Pero en Estados Unidos el grupo que mejor refleja el movimiento pendular de derecha a izquierda en el espectro político son los hispanos, que dieron un apoyo histórico a Trump en 2024 y ahora están detrás de una de las mayores revoluciones electorales que ha vivido el país.
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“Los políticos empiezan a entender que la experiencia de ser latino es diversa en este país”, señala Ávila, como en el caso de los cubanos que en estas elecciones se mantuvieron leales a los republicanos en Florida, mientras que la frontera desde Texas a California se ha consolidado como demócrata.
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