Edurne Portela honra a las mujeres de la resistencia antifascista negadas por la historia

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Carmen Sigüenza

Madrid, 1 nov (EFE).- Empeñada en la recuperación de la memoria como eje de su trabajo, así como en dar visibilidad a "las mujeres no narradas", la escritora española Edurne Portela publica 'No puedes quedarte ahí eternamente', un libro sobre Marie-Jeanne Echeverria, superviviente del campo de concentración alemán de Ravensbrück.

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Es una estremecedora biografía hecha con la reconstrucción de los documentos sobre las mujeres que habían participado en la resistencia antifascista, cuyos nombres han quedado fuera de la historia.

Es el caso de Marie-Jeanne Echeverria, una joven vascofrancesa que, con apenas 20 años, formó parte de la resistencia y fue detenida por la Gestapo en junio de 1944.

"La historiografía siempre se ha centrado en el hecho heroico masculino, y a mí me interesa estudiar la experiencia de las mujeres en contexto de represión porque nadie ha contado su historia, sobre todo las que no han tenido herramientas para narrar, mujeres de clase trabajadora, y ese es el caso de Echeverria", explica a EFE la escritora vasca (Santurce, 1974).

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Todo comenzó con su novela anterior, 'Maddi y las fronteras', con María Josefa Samberro (Maddi), una mujer que pasó de contrabandista a salvar centenares de vidas en la frontera vasca entre Francia y España, y quien reclutó a su prima Marie-Jeanne (1921-2007) para la resistencia.

Juntas fueron detenidas y deportadas. Maddi murió en los campos nazis, pero Marie-Jeanne sobrevivió a un horror indescriptible.

Portela entonces decidió que quería saber más de esta joven y abundar en su reflexionar sobre la violencia, como ya hizo en libros como 'El eco de los disparos', y para eso contó con Angelique Borau, nieta de Marie-Jeanne, quien la ayuda a recomponer su biografía. Así comenzó su extensa investigación, visitando también los lugares de la deportación.

"Yo relleno esos huecos que ni su familia sabía, como que estuvo trabajando como esclava en la fábrica de baterías Pertrix, del régimen nazi, en Berlín", explica Portela, que escribe en el libro, publicado por Galaxia Gutenberg, con delicadeza pero con palabras que hielan, como su descripción del campo de concentración de Ravensbrück, creado para mujeres.

Allí llegaron Maddi y Marie-Jeanne en 1944 con el 'tren fantasma' junto con más mujeres, tras pasar por el campo de concentración de Dachau, en Múnich.

"Ravensbrück en ese momento tiene a unas 45.000 mujeres en condiciones incompatibles con la vida. Era un campo de trabajo que terminó siendo un campo de exterminio con cámara de gas y hornos crematorios, donde la vida era insostenible", relata la autora.

"Vejaciones constantes, violaciones... Muchas llegaban enfermas de otros campos, y la entrada era brutal, con médicos que las violaban con instrumentos para humillarlas, les rapaban el pelo y les provocaban heridas por todo el cuerpo. Les pintaban una cruz en la espalda, experimentaban con ellas, les echaban los perros. Era violencia psicológica y física", añade.

"Su desnudez no es igual que la desnudez de un hombre, su cabeza rapada tampoco, como no lo es la violencia sexual, el golpe en los pechos... la sangre encostrada en unas bragas", escribe Portela en el libro.

Recoge además una frase de Neus Catalá, una activista antifascista que sobrevivió a Ravensbrück: "A mí me tocaron unas bragas llenas de pus y porquería. Me daban asco y me apalearon para que las cogiera".

Una memoria que Portela reivindica en tiempos oscuros. "Me aterra, no tanto la desmemoria, como que haya gente que piensa que eso que pasó no está tan mal, que igual se podía repetir de otra manera".

"La maldad del ejercicio cotidiano de la violencia. Toda esa gente que vivía y trabajaba en los campos no eran monstruos, habría algún psicópata, pero mucha gente lo veía como un trabajo ordinario y necesario porque creían construir un país que pasaba por eliminar a parte de la población, ya fuera un asunto racial, como los judíos, político, o como estas mujeres de las que hablo", sostiene.

"Creían en una sociedad perfecta, según su creencia, que pasaba por eliminar. Entonces, cuando hoy oigo decir 'rojo muerto, abono de mi huerto', pienso en esas personas que creen que esta sociedad está mejor sin aquellos a los que no consideran", concluye la autora, que dice que ha escrito un libro "antifascista y feminista". EFE

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