Manuel Fuentes
Lisboa, 30 oct (EFE).- Las redes sociales amplifican las protestas por la vivienda en Portugal y documentan las intervenciones policiales, mientras la organización y los vínculos personales ayudan a mantener la movilización, según explican a EFE los investigadores Elísio Estanque y Guya Accornero.
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Ambos destacan su carácter pacífico, aunque difieren sobre el peso de las plataformas digitales, la espontaneidad de las protestas y su relación con otras formas de participación política.
Estanque, investigador del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, considera que las plataformas digitales han sido "fundamentales" en las recientes movilizaciones portuguesas y europeas.
Accornero, profesora de Ciencia Política del Instituto Universitario de Lisboa (Iscte) e investigadora de su Centro de Investigación y Estudios de Sociología, reconoce su importancia inicial y como instrumento de testimonio, pero sostiene que las relaciones cara a cara son las más relevantes para mantener la movilización.
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Para Estanque, un intenso intercambio de información y debates digitales precede a las acciones. Después, la circulación instantánea de imágenes de enfrentamientos e intervenciones policiales amplifica lo ocurrido y moviliza tanto a los grupos más comprometidos como a quienes los rodean.
Accornero advierte de que las convocatorias sustentadas exclusivamente en redes digitales presentan una elevada volatilidad, algo que, a su juicio, no caracteriza a estas movilizaciones.
"Las movilizaciones sostenidas requieren organización, estrategias", afirma. Las manifestaciones son "la punta del iceberg" de un trabajo activista prolongado que construye solidaridades, demandas e identidades colectivas.
Estanque describe el inicio de esta ola de protestas como "en gran medida espontáneo", aunque influido por movilizaciones que ya estaban en marcha en otros países europeos.
Accornero cuestiona el "mito de la espontaneidad" y apunta que la organización siempre existe, aunque sea informal, y sostener acciones colectivas exige conocimientos y experiencia.
El sociólogo de Coimbra señala que parte de los jóvenes se acerca tanto por identificarse con un problema propio como por una estética de irreverencia y disidencia difundida por los grupos organizados. Relaciona el protagonismo juvenil con la debilidad sindical entre los trabajadores precarios.
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La profesora del ISCTE subraya que las formas de participación se complementan, porque quienes se interesan por los asuntos públicos pueden intervenir mediante elecciones, partidos, sindicatos, asociaciones y manifestaciones. Los movimientos también ofrecen espacios de empoderamiento político a personas marginadas o en situaciones graves de precariedad.
Protestas pacíficas y desalojos
Estanque considera las manifestaciones "predominantemente pacíficas" y vincula ese carácter a la diversidad de sectores afectados, incluida la clase media. Los excesos, sostiene, son la excepción.
Accornero afirma que la situación ha sido "sumamente pacífica" y que los manifestantes no han provocado enfrentamientos. Cuestiona que se considere ilegal acampar en la calle mientras numerosas personas viven en ella por falta de vivienda, una situación de la que responsabiliza a las instituciones. "Además, es ilegal no respetar un derecho constitucional", sostiene.
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Estanque valora el discurso ponderado de los portavoces, aunque advierte de que la descalificación del adversario y la exaltación emocional pueden favorecer comportamientos violentos.
Accornero asegura que, hasta donde conoce, no ha habido llamamientos a la violencia y recuerda el carácter pacífico de las manifestaciones por la vivienda de los últimos años.
Estanque critica la respuesta policial, que considera desproporcionada, y estima que el silencio y ciertos pronunciamientos del Gobierno han aumentado la indignación. El malestar, añade, responde a promesas incumplidas y frustraciones acumuladas.
Accornero considera violentos y contrarios al derecho constitucional a la vivienda los desalojos y las demoliciones de asentamientos sin alternativas para las familias.
Destaca además el trabajo de los activistas, como acompañar a personas desalojadas, ofrecer apoyo jurídico y material y sensibilizar. No siempre padecen problemas de vivienda, recuerda, pero dedican tiempo y asumen riesgos para defender ese derecho.
Para la investigadora, ese esfuerzo cotidiano sostiene la defensa de la vivienda más allá de las manifestaciones y de las convocatorias digitales.
"La solidaridad, algo que parece olvidado, afortunadamente existe en estos grupos", afirma. EFE
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