Ana de León
Ciudad de Panamá, 23 oct (EFE).- En América Latina, cruzar el umbral de la política siendo mujer sigue teniendo un precio alto y una factura que se cobra por igual a la izquierda y a la derecha. Cuando una mujer entra a la esfera pública, sin distinción de color ideológico, se siente sola, con falta de apoyo y queda expuesta a la violencia.
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Así lo reflexiona desde Panamá en una entrevista a EFE Michelle Bachelet, dos veces presidenta de Chile, primera directora de ONU Mujeres y, ahora, vicepresidenta del Club de Madrid, un foro mundial de expresidentes y ex primeros ministros democráticos con más de 130 miembros de más de 70 países.
"Las mujeres que se meten en política tienen los mismos desafíos, obstáculos, problemas. Muchas veces se sienten muy solas y sus propias ilusiones políticas no las apoyan ni acompañan en momentos de crisis", dice Bachelet.
Ante esos desafíos, el retroceso global de derechos igualitarios y una tendencia a la violencia política nace la Red Iberoamericana de Mujeres en Política, bajo el impulso del Club de Madrid y ONU Mujeres, que durante esta semana ha celebrado en Ciudad de Panamá su primer encuentro presencial con 14 países.
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"La idea de la red es, por un lado, compartir experiencias y dificultades, mirar qué estrategias han funcionado bien, aunque no necesariamente sean aplicables a todas por igual. El segundo es acompañar, porque es muy solitario muchas veces el rol de una mujer política y por lo tanto hay que apoyar, también explicar qué tipo de iniciativa pueden funcionar bien y cuidarnos", dice Bachelet.
Las mujeres en política enfrentan discriminación, estereotipos que cuestionan sus capacidades y una creciente violencia verbal, física y digital, esa última con el uso de tecnología para desprestigiar, así como continúan liderando los cuidados familiares, destaca Bachelet.
Además, suelen sentirse solas, carecen de apoyo partidario en crisis y, aunque logren representación paritaria, a menudo se les niega el poder real dentro de las instituciones.
Según datos de ONU Mujeres, solo siete países del mundo tienen al menos un 50 % de mujeres en sus cámaras bajas o parlamentos unicamerales, entre ellos Cuba, Nicaragua y Bolivia. En América Latina y el Caribe, las mujeres ocupan en promedio el 37% de los escaños parlamentarios.
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Al ritmo actual, la paridad entre hombres y mujeres en los parlamentos nacionales solo se alcanzaría en 2063, señala la organización.
"Hemos visto avance en paridad y un incremento de mujeres legisladoras. Todavía es muy bajo el número de alcaldesas, 16 % solamente en la región. Una cosa es paridad y otra es poder. Hay muchas mujeres que tienen representación, pero no tienen el poder porque las instituciones políticas, sus colegas, no se lo dan", dice.
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A falta de datos generales, en Honduras se han documentado 74 casos de violencia política contra mujeres entre septiembre de 2025 y mayo de 2026. En concreto, el 85,1 % ocurrió durante el ejercicio del cargo, el 67,6 % incluyó violencia digital y el 62,2 % fueron denunciados.
En Uruguay, según un informe de Naciones Unidas, cuatro de cada cinco parlamentarias electas en 2024 sufrieron violencia por su actividad política. Además, un estudio iberoamericano en 2025 señaló que una de cada cinco interacciones en redes dirigidas a mujeres con visibilidad pública es violenta.
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"Creemos que una democracia es más fuerte cuando hay más mujeres e igualdad. También hay más desarrollo en un país cuando hay más mujeres participando en política y con mayor igualdad de oportunidades de derecho. Creo que todas las sociedades ganan cuando hay más mujeres", analiza Bachelet. EFE
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