María Angélica Troncoso
Río de Janeiro, 22 oct (EFE).- El medioambiente ha permanecido relegado en la campaña presidencial de Brasil, pese a que la nación atraviesa una nueva ola de incendios en la Amazonía e inundaciones en el sur del país, efectos de la crisis climática que se han agravado por el fenómeno de El Niño, que este año llega con una fuerza inusitada.
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Ni el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que aspira a un cuarto mandato no consecutivo a sus 80 años, ni Flávio Bolsonaro, que busca que la ultraderecha vuelva al poder, han promovido el tema en sus mítines de cara a la segunda vuelta presidencial de este domingo.
Para Marcio Astrini, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima, red ecologista que agrupa a más de 170 organizaciones del país, resulta "increíble" que después de los estragos climáticos que se vivieron en 2024 los candidatos no hayan mostrado preocupación por el tema y que la campaña solo haya dejado lugar a "escándalos de todo tipo".
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Hace dos años, la Amazonía sufrió la peor sequía de su historia y el sur del país sufrió inundaciones que dejaron más de 180 muertos y millones de damnificados.
Esos estragos comienzan a verse de nuevo este año en esas regiones del país, aunque en proporciones mucho menores, pero a la espera de lo que pueda ocasionar El Niño, que llegará con su máxima potencia a Brasil entre noviembre y diciembre.
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Solo en el bioma, el número de focos en llamas a comienzos de esta semana ya estaba por 11.000. De seguir la tendencia hasta fin de mes se superarán los de 2024, cuando se registraron 16.170 puntos ardiendo en la selva.
La ausencia del tema ambiental en los discursos de ambos candidatos contrasta con las diferencias entre sus propuestas de gobierno.
El programa de Lula menciona 38 veces el cambio climático y lo presenta como una emergencia que debe orientar las políticas públicas, mientras que el del hijo del expresidente Jair Bolsonaro alude una sola vez a los fenómenos climáticos extremos.
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El líder progresista defiende en su plan la meta de acabar con la deforestación para 2030 y propone medidas de adaptación a los desastres, recuperación de cuencas hidrográficas, protección de los bosques y financiación de políticas ambientales.
El tema ha sido una de las prioridades de su Administración. En su primer año de Gobierno, la deforestación en la Amazonía se redujo a la mitad tras el fuerte aumento registrado durante el mandato de Jair Bolsonaro (2019-2022) y ahora, en la recta final de su gestión, ha logrado que la tala en el bioma alcance su nivel más bajo en casi cuatro décadas.
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Lula, sin embargo, también ha defendido con ahínco la exploración petrolera en la cuenca de la desembocadura del Amazonas, una decisión cuestionada por los ambientalistas que alertan sobre los riesgos para la biodiversidad.
Flávio Bolsonaro, por su parte, propone eliminar la deforestación ilegal para 2029 y promover actividades económicas basadas en la biodiversidad amazónica, como la biotecnología y la producción de medicamentos, cosméticos y nuevos materiales.
Su programa también plantea revisar la coordinación entre los organismos ambientales, entidades que fueron fortalecidas durante la actual Administración luego de quedar sin financiación y con personal reducido en el mandato de Bolsonaro padre, un defensor de la explotación de la Amazonía y de las tierras indígenas.
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Para el experto en clima Carlos Nobre, el resultado electoral tendrá consecuencias para el futuro de la Amazonía, que, sostuvo, está al borde del "punto de no retorno".
El reputado científico insiste en la necesidad de frenar la deforestación, la degradación forestal y los incendios antes de 2040 y restaurar simultáneamente las áreas degradadas, para evitar que la selva pierda su capacidad de regenerarse.
Nobre teme que una victoria de Flávio Bolsonaro permita recuperar políticas similares a las de la presidencia de su padre. Y aunque una reelección de Lula daría continuidad a las medidas actuales, tendría dificultades para avanzar por la conformación conservadora que ahora tiene el Congreso y el peso de los intereses agropecuarios en el Parlamento.
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El especialista advierte que la protección de la Amazonía no depende únicamente de Brasil: sus efectos sobre el clima y los ciclos del agua trascienden las fronteras.
Por ello, considera necesario que la población y los nueve países que hacen parte del bioma comprendan el riesgo que afronta la selva y ejerzan presión para evitar que alcance un punto de no retorno. EFE
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