
Este sábado se han producido nuevos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad en Tirana, la capital de Albania, unas protestas que comenzaron para protestar por el coste de la vida, las deficiencias en las instalaciones del sistema educativo y la corrupción del Gobierno.
Los manifestantes han incendiado contenedores de basura y han lanzado cócteles molotov contra la Policía, que ha respondido con cargas, gases lacrimógenos y cañones de agua, según recoge la televisión pública albanesa, RTSh.
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En concreto ha habido ataques contra instituciones públicas como la sede del Tribunal Supremo, donde ha habido un incendio en la primera planta, lo que supone un riesgo por la posible pérdida de documentos judiciales. Y los disturbios delante de la sede del Ministerio de Educación han durado horas.
Asimismo ha habido una concentración en el bulevar de los Mártires de la Nación, frente a la sede del primer ministro, Edi Rama, cuya dimisión exigen los manifestantes. La Policía ha empleado medios antidisturbios para dispersar la protesta, incluidos cuatro cañones de agua.
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Después de tener que abandonar la oficina del primer ministro, los manifestantes se han desplazado hasta el antiguo hotel Dajti, ahora sede del Banco de Albania, donde han prendido fuego a la entrada.
Las autoridades han informado de que hay al menos 16 policías y dos manifetantes heridos por los enfrentamientos frente a la sede gubernamental que han sido atendidos en el Hospital Universitario de Traumatismos de Tirana. En total hay noticia de 21 agentes y trece manifestantes llegados a hospitales.
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Ya por la tarde se han reanudado los enfrentamientos con la llegada de varios furgones policiales al centro de la capital albanesa. Uno de los manifestantes ha quedado inconsciente tendido en el suelo y ha sido llevado a un hospital en ambulancia con pronóstico grave.
Las manifestaciones, que derivaron este pasado miércoles en un asedio nocturno a varias sedes gubernamentales, se enmarcan en la llamada Revolución de los Flamencos, que aunque ahora se centra en las reivindicaciones educativas, es también un movimiento de oposición a un proyecto inmobiliario en la costa adriática que cuenta con la implicación del yerno del presidente estadounidense Donald Trump, Jared Kushner.
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