José Carlos Móvil
Ciudad de Guatemala, 17 oct (EFE).- El asesinato del exfiscal anticorrupción y exjefe del ente recaudador de impuestos de Guatemala, Juan Francisco Solórzano Foppa, ocurrido este sábado en un campo de fútbol, ha conmocionado al país centroamericano.
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Solórzano Foppa, emblema de la lucha contra la corrupción en la última década en Guatemala, fue atacado a tiros cuando disputaba un partido de fútbol amateur a pocos kilómetros del centro de la capital.
Su muerte llega solo unos días después de afirmar en su cuenta de la red social X que mercenarios de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos realizaron recientemente un operativo en el este de Guatemala para intentar detener a un presunto narcotraficante de alto perfil, en un ataque bajo investigación que dejó ocho muertos.
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Asimismo, el abogado había emprendido una fuerte lucha por desenmascarar a la pandilla Barrio 18 y sus nexos con el poder político guatemalteco.
"Hoy fue asesinado un valiente. Lo asesinaron por serlo. Por no callarse", subrayó el analista político Daniel Haering, a cuyas palabras se sumaron cientos de voces que en redes sociales lamentaron el asesinato del exjefe de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), ente recaudador de impuestos en Guatemala.
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Precisamente al mando de esta entidad, Solórzano Foppa cobró relevancia en 2016 al ejecutar el proceso judicial más grande de la historia del país centroamericano, con el cobro de una multa de más de cien millones de dólares a la empresa Aceros de Guatemala.
Sin embargo, Solórzano Foppa ya contaba en ese momento con un amplio historial como fiscal en el Ministerio Público (Fiscalía), donde investigó estructuras criminales.
"Hace casi veinticuatro años empezamos como pasantes en la agencia 19 de la Fiscalía Metropolitana", recordó este sábado Juan Francisco Sandoval, otro de los fiscales referentes en Guatemala de la lucha contra la corrupción y quien permanece en el exilio desde hace seis años.
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El círculo de personas cercanas a Solórzano Foppa sabía que el abogado se tomaba en serio su seguridad personal, precisamente por su pasado como fiscal y por su lucha contra la corrupción.
Por ello, todo apunta a que los sicarios que lo ultimaron conocían sus pasos y lo acribillaron en un momento de vulnerabilidad, mientras jugaba al fútbol en un parque público, como lo hacía todos los sábados.
El abogado quedó en la gramilla del parque Campo Marte con sus botas de fútbol puestas, en uniforme morado y a un costado de la línea de banda.
Todo apunta, según detallaron las autoridades a EFE, a que los dos sicarios detenidos por la muerte de Solórzano Foppa llegaron al lugar disfrazados de repartidores de comida y posteriormente lo atacaron con un fusil.
Tanto el presidente guatemalteco, Bernardo Arévalo de León, como la vicepresidenta, Karin Herrera, manifestaron su indignación por el crimen.
Mientras tanto, el asesinato este sábado del abogado abre nuevamente las heridas de un país azotado por la violencia desde hace medio siglo, como lo atestiguó también la tía de Solórzano Foppa, la escritora Alaíde Foppa, desaparecida por el Estado de Guatemala en 1980 durante el conflicto armado interno. EFE
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(foto)
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