Una nueva fase en la guerra de Etiopía: retirada rebelde y riesgo de internacionalización

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Lucía Blanco Gracia

Nairobi, 6 oct (EFE).- El conflicto en el norte de Etiopía entra en una fase incierta con la toma de Mekelle, capital de la región de Tigré, por parte del Ejército federal y milicias aliadas, si bien los rebeldes tigrinos podrían ahora optar por una guerra de guerrillas mientras crece el riesgo de internacionalización de la contienda.

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"Estamos en una especie de segunda fase de la guerra", señaló a EFE este martes Magnus Taylor, subdirector para el Cuerno de África del International Crisis Group (ICG).

Esta nueva etapa empezó después de que la Fuerza de Defensa Nacional de Etiopía (ENDF, en inglés) arrebatara este fin de semana el control de Mekelle, y el Frente Popular de Tigré (FPLT), que lidera las rebeldes Fuerzas de Defensa de Tigré (FDT), anunciara la salida de la urbe de su Gobierno insurgente.

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Según Taylor, el FPLT podría optar ahora por "la única estrategia que les queda" y que se asemeja a la que siguieron durante el primer año de la devastadora guerra que los enfrentó al Gobierno etíope entre noviembre de 2020 y noviembre de 2022, en la que murieron según la Unión Africana 600.000 personas.

"No es del todo improbable que el FPLT pueda ahora llevar a cabo una campaña de guerrilla más eficaz contra las fuerzas federales (...) La estrategia es esencialmente la misma", explica el analista.

Por su lado, Jalale Getachew Birru, experta sobre África Oriental del Proyecto de Datos de Ubicación y Eventos de Conflictos Armados (ACLED), asegura EFE que "lo que hace el cambio actual notable es que la ENDF lucha junto a antiguos miembros de las FDT, que ahora forman parte de las Fuerzas de Paz de Tigré (FPT)", una milicia de rebeldes disidentes surgida en 2025.

 Rebeldes debilitados

"El apoyo a los actuales líderes del FPLT y de las FDT no es el mismo que en la contienda anterior. Muchos jóvenes fueron reclutados a la fuerza este año para alistarse en las FDT. La mayoría de tigrinos no quieren otro conflicto violento ni se ha curado todavía de la guerra de 2020-2022", subraya Jalale.

En el mismo sentido, Taylor afirma que, aunque las FDT todavía tienen "en cierta medida el carácter de un ejército profesional, pese a ser una especie de fuerza insurgente", la población está "exhausta".

"La guerra no goza de popularidad en Tigré en este momento", alerta, en contraste con la cohesión que existía en la región cuando estalló el anterior conflicto.

Entonces, muchos combatientes de las fuerzas armadas regionales de Tigré se integraron en las fuerzas rebeldes y se llevaron con ellos "armamento munición y equipamiento en lo que fue una especie de motín", señala Taylor.

Ahora, en cambio, "han reducido sus efectivos, han reducido su armamento y han perdido (el apoyo de) algunos de sus comandantes y oficiales claves", algo agravado por el proceso de desmovilización y desarme llevado a cabo -parcialmente- bajo el Acuerdo de Pretoria, el pacto de paz que puso fin a la anterior guerra en noviembre de 2022.

Aunque "es bastante difícil determinarlo, las fuerzas federales parecen haberse reforzado en cierta medida", con su "capacidad de drones" y "el armamento que han adquirido durante los últimos años".

¿Implicación de Eritrea, Sudán y Egipto?

Mientras, el riesgo de internacionalización del conflicto parece mayor que en 2020-2022, advierten los expertos.

Por un lado, según Jalale, existe "una alta probabilidad de que el conflicto se extienda a Eritrea", país limítrofe con Tigré que en la anterior guerra apoyó a Adís Abeba pero al que el Gobierno etíope acusa ahora de apoyar a los rebeldes, extremo que Asmara niega.

Esa circunstancia, sumada al enfriamiento de las relaciones bilaterales por la voluntad del primer ministro etíope, Abiy Ahmed, de recuperar el acceso al mar Rojo, hace que exista "una gran probabilidad de que las fuerzas etíopes crucen la frontera para avanzar hacia Asmara y (el puerto eritreo de) Assab", dice la experta.

Así, crece el riesgo de una nueva guerra entre Etiopía y Eritrea, después de la que ya causó decenas de miles de muertos entre 1998 y 2000.

Pero la internacionalización del conflicto podría no detenerse allí, señala Taylor.

También la guerra que sacude al vecino Sudán desde abril de 2023 corre el riesgo de alimentar el conflicto etíope, después de que Adís Abeba acusara al país vecino de acoger a efectivos del FPLT; y Jartum, a su vez, culpara al Gobierno etíope de permitir operar en su territorio a paramilitares sudaneses.

Podría verse incluso "indirectamente" arrastrado Egipto, que mantiene desde hace años fuertes discrepancias con Etiopía por la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), construida sobre el Nilo Azul y que El Cairo considera una amenaza para su seguridad hídrica. EFE