Larraín carga contra el gobierno chileno por "despreciar" a Patricio Guzmán: "Le han ignorado brutalmente"

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El cineasta chileno Pablo Larraín ha cargado contra el gobierno y de Chile por haber "ignorado totalmente" la figura, la muerte y la obra del documentalista Patricio Guzmán, fallecido la semana pasada.

"Acaba de morir Patricio Guzmán, nuestro gran documentalista. El gobierno y el Estado de Chile han decidido ignorar totalmente su figura, su muerte, su obra, diciendo absolutamente nada y revelando no sólo la desidia y el desprecio, sino la infinita ignorancia de quienes nos gobiernan. Una noticia muy triste de que alguien con una obra tan relevante para nosotros y para el mundo haya sido ignorado de una manera tan brutal", ha señalado el cineasta durante la rueda de prensa en el Festival de San Sebastián en la que ha presentado su serie 'Mis muertos tristes', de Netflix, que compite en la Sección Oficial y en la que adapta unos cuentos de Mariana Enríquez.

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El cineasta ha realizado esta reivindicación al ser preguntado el equipo de la película sobre la situación política y cultural de Argentina. Larraín ha conectado esta reclamación con uno de los temas centrales de 'Mis muertos tristes' en la que los muertos regresan para recordar a los vivos que no los olviden.

"Mariana abre la puerta a pensar qué sienten los muertos", ha explicado Larraín, que considera especialmente interesante "dar una voluntad" y "una voz" a las personas que ya no están.

El equipo también ha abordado la situación actual de Argentina y las dificultades que atraviesa su industria cultural. Por ejemplo, Dolores Fonzi -en esta película es actriz- ha calificado de "pésimo" el estado de la cultura argentina y ha señalado que el país depende actualmente de las plataformas para poder establecer determinadas conexiones internacionales en el ámbito cinematográfico.

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"En estos encuentros se celebra el cine y la unión, ya que se permite conocer a gente de la industria y tender puentes. Pues Argentina ahora mismo está incapacitado para propiciar la otra orilla del puente", ha afirmado.

Fonzi ha recordado que la industria argentina ha trabajado en coproducciones con Francia, Bélgica o Alemania, un asunto que ahora "ya no es posible". "Se han cortado todo tipo de posibilidades de puente con otros países. Supongo que sabemos por qué han quitado los subsidios a la cultura y es porque es memoria, identidad de los pueblos y alma. Y la gente desalmada que gobierna ahora pretende matar lo poco de alma que queda", ha lamentado.

Por su parte, Enríquez ha defendido que los problemas de Argentina son "estructurales" y no responden únicamente a la situación política actual, si bien ha remarcado que no tiene "ningún tipo de simpatia" con el gobierno de Milei. "El problema en Argentina, y en gran medida en Latinoamérica es estructural. En los 80 se estaba mal, en los 70 había una dictadura sangrienta, en los 60 también. Fracasó un modelo que no ha podido ser reemplazado por ninguno que le haga a la gente tener una vida más sencilla. Argentina repite los fantasmas de su pasado y no puede salir de esa espiral", ha indicado.

"DAR VOZ A LOS MUERTOS"

La película, basada en los relatos de Enríquez, aborda así la presencia de los muertos desde una perspectiva que permite al director aproximarse también a cuestiones sociales. Larraín ha explicado que el terror y lo fantástico son para él "un lugar muy interesante para mirar la sociedad", ya que permiten filmar "esas cosas que quizás no vemos tan claramente".

En este sentido, el cineasta ha señalado que los muertos de la película regresan para recordar que están ahí y a pedir que no sean olvidados. "Creo que cambiar ese punto de vista y dar una voluntad, dar una voz a esas personas que ya no están cerca de nosotros es algo muy interesante y muy profundo", ha afirmado.

Por su parte, Enríquez ha destacado que el trabajo con Larraín fluyó "muy rápido", con encuentros presenciales y trabajo a distancia. El primer encuentro en Buenos Aires estuvo marcado, según ha relatado con humor, por una epidemia de dengue y la escasez de repelente de mosquitos, antes de que ambos se encerraran a escribir.

Larraín también ha hablado de las localizaciones de la película, especialmente de los llamados monoblocks argentinos, construcciones de viviendas sociales que, según ha explicado, fueron levantadas entre los años 40 y 70 y posteriormente sufrieron procesos de abandono. El director recorrió varios de estos espacios hasta llegar a Piedra Buena, donde se rodó la película.

"Cuando se acababa la luz del sol, había que salir de ahí, la gente se encerraba, había rejas, candados en las puertas, un lugar que está gobernado por la violencia", ha relatado. Para Larraín, estos barrios representan también "décadas de olvido, de abandono" y "un proceso social basado en la injusticia".