Identifican una 'firma' inmunitaria que predice problemas óseos a largo plazo en personas con VIH

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Un equipo del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) ha liderado una investigación que asocia la presencia de diversos biomarcadores plasmáticos de regulación inmunitaria y envejecimiento con un mayor riesgo de sufrir eventos relacionados con el esqueleto, como fracturas por fragilidad y osteonecrosis, en personas con VIH.

Más allá de los factores de riesgo tradicionales, el VIH induce un estado de activación inmunitaria crónica e inflamación persistente de bajo grado, conocido como "inflammaging" (envejecimiento inflamatorio), que altera el remodelado óseo y favorece la pérdida de masa ósea. La identificación de este perfil biológico de riesgo abre la puerta al diseño de herramientas predictivas personalizadas en el seguimiento clínico de este colectivo.

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El equipo del ISCIII ha llevado a cabo un estudio de tipo caso-cohorte utilizando datos de 312 participantes de la cohorte CoRIS (65 casos de pacientes que sufrieron eventos esqueléticos durante el seguimiento y una subcohorte de comparación de 252 personas).

Los investigadores han cuantificado los niveles en plasma de 24 biomarcadores relacionados con los denominados puntos de control inmunitario, unas moléculas que regulan la intensidad de las respuestas defensivas, y con el llamado fenotipo secretor asociado a senescencia (SASP), un conjunto de marcadores celulares que refleja envejecimiento.

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Los resultados de los análisis han mostrado que hasta 17 biomarcadores estaban asociados de manera independiente con un mayor riesgo de sufrir fracturas o problemas óseos a largo plazo. Entre ellos destacan los puntos de control inmunitario CD28, PD-1, PD-L1, PD-L2 y TIM-3, y diversos factores SASP como citoquinas y quimiocinas inflamatorias (IL-1a e IL-8), factores de crecimiento (como EGF, HGF y GDF-15), factores relacionados con la formación de vasos sanguíneos (como VEGF-A), y marcadores de remodelado tisular (como MMP-1), entre otros.

Además, el análisis estadístico evidencia que estos factores inflamatorios y de envejecimiento celular no actúan de manera aislada, sino que se expresan de forma coordinada, propiciando un entorno biológico que debilita el hueso antes de que aparezca la manifestación clínica de estos problemas óseos. Diferencias

El estudio, que ha sido publicado en la revista 'Immunity & Ageing', está firmado por Carlos Pita-Martínez y Marta Rava, investigadores del Centro Nacional de Microbiología (CNM-ISCIII) y del Centro Nacional de Epidemiología (CNE-ISCIII), respectivamente. El estudio ha sido coordinado por los doctores Rubén Martín-Escolano, Salvador Resino y María Ángeles Jiménez-Sousa, pertenecientes también al CNM-ISCIII y al Área de Enfermedades Infecciosas (CIBERINFEC) del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER-ISCIII), en colaboración con la cohorte española CoRIS.

EL SEXO BIOLÓGICO MODULA LA RELACIÓN ENTRE ESTOS BIOMARCADORES

Los autores explican que uno de los hallazgos más destacados y novedosos de este trabajo es que el sexo biológico modula la relación entre estos biomarcadores y el riesgo de los citados problemas óseos. En concreto, se han identificado siete proteínas específicas (PD-1, IL-1a, TNF-RII, SDF-1a, GDF-15, HGF y VEGF-A) cuya asociación con el riesgo de fracturas es considerablemente más pronunciada en mujeres que en hombres.

Este estado inflamatorio diferencial sugiere que las mujeres podrían ser especialmente sensibles al daño óseo mediado por la inflamación crónica en el contexto de la infección por VIH. Rubén Martín-Escolano, uno de los coordinadores del estudio en el CNM-ISCIII, destaca la relevancia clínica de estos resultados: "Este trabajo nos permite avanzar más allá de la evaluación de citoquinas aisladas para identificar una firma coordinada de senescencia y regulación inmunitaria antes de que aparezcan las fracturas".

Según añade, aunque los resultados en mujeres deben interpretarse con precaución y validarse en cohortes más amplias, debido al reducido número de eventos en este grupo, "nuestros hallazgos sugieren que las estrategias de estratificación de riesgo no deberían ser universales, sino que podrían beneficiarse de enfoques específicos según el sexo de los pacientes"

. Además, el investigador del ISCIII concluye que el análisis de estos biomarcadores plasmáticos "podría facilitar en el futuro la detección precoz de aquellos pacientes con mayor vulnerabilidad ósea, facilitando el posible uso de medidas preventivas tempranas y un seguimiento clínico más estrecho antes de que se consolide el daño esquelético".