Gerard Piqué, desolado, da su último adiós a su abuela paterna arropado por Clara Chía

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Momentos dolorosos para Gerard Piqué por el fallecimiento de su abuela paterna, Lina Rovira Montsant, este martes en su residencia de Sant Guim de Freixenet (Lérida) a los 102 años. Muy unido a su 'Iaia Lina' como la llamaba cariñosamente -uno de sus mayores apoyos desde que comenzó su carrera como futbolista del Barça, ya que siempre presumía orgullosa de los logros de su nieto con el conjunto catalán y con la Selección Española-, el exjugador no ha faltado a la misa funeral en su memoria; y tras su sonada ausencia en el velatorio que se celebró horas después de su muerte en el tanatorio de la localidad leridana, este miércoles ha reaparecido para dar un último y emocionado adiós a la madre de su padre, Joan Piqué.

Una ceremonia íntima y estrictamente familiar que ha tenido lugar a las 12.00 horas en la iglesia del Sagrat Cor de Sant Guim de Freixenet, y a la que Piqué ha asistido acompañado por su novia Clara Chía e intentando pasar desapercibido, manteniéndose en un discreto segundo plano durante el cortejo fúnebre varios metros por detrás de su progenitor y de su madre, Montserrat Bernabéu, junto a algunos de sus primos y otros familiares de la fallecida.

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Visiblemente afectado, el ex de Shakira ha estado en todo momento arropado por su pareja, que no ha dudado en intentar sacarle una sonrisa y animarle en su triste despedida a su abuela, a la que no han apodido asistir sus hijos Milan y Sasha por encontrarse en Estados Unidos con la cantante colombiana.

Una reaparición pública en un momento especialmente delicado que confirma que Gerard y Clara continúan tan enamorados y unidos como el primer día después de cuatro años de discreta relación a pesar de los rumores de distanciamiento surgidos durante el Mundial de Fútbol después de que la joven catalana no acudiese a la final entre España y Argentina con su novio al estar éste con sus pequeños.

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Tras la misa funeral, Piqué ha protagonizado un cariñoso abrazo con sus padres y con otros familiares; un momento en el que ha dejado a un lado su tristeza para esbozar una sonrisa nostálgica como le hubiese gustado a su abuela, a la que estaba muy unido.