La directora médica de Sanitas Mayores, la doctora Miriam Piqueras, ha manifestado que la fotoprotección en personas mayores debe ser fácil de aplicar y adaptada a posibles tratamientos fotosensibilizantes, y es que "conviene simplificar la rutina sin perder eficacia".
"Una textura fácil de extender, un envase manejable y una pauta clara ayudan mucho más que una recomendación compleja", ha señalado, al tiempo que ha indicado que "la protección solar debe integrarse en la salida diaria". Por tanto, la misma no debe reservarse solo "para la playa o la piscina", ha puesto de relieve.
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Además, a nivel general, y debido a que durante el verano la piel está más expuesta a la radiación solar, es importante que la elección de la crema solar, que es una herramienta básica de prevención, no se limite al factor de protección que aparece en el envase. Para que resulte eficaz, conviene tener en cuenta el tipo de piel, la edad, la presencia de manchas o acné y el uso de determinados medicamentos, ya que todos estos factores modifican la tolerancia al sol y la respuesta cutánea.
"Elegir una crema solar no debería reducirse a escoger el factor de protección solar (FPS) más alto", ha señalado en esta línea la jefa del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja de Madrid, la doctora Cristina Villegas, quien ha sostenido que "ese factor es importante, pero también lo es que el producto se tolere bien, se extienda de forma correcta y se reaplique cuando corresponde".
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Así, ha explicado que "un fotoprotector que resulta incómodo acaba usándose en menor cantidad o con menos frecuencia, y eso reduce la protección real". Esta es necesaria ante la radiación ultravioleta, que daña la piel incluso cuando no aparece una quemadura visible.
En concreto, la UVB se asocia principalmente al enrojecimiento y a la quemadura solar, mientras que la UVA penetra con mayor profundidad y contribuye al envejecimiento cutáneo, las manchas y el daño acumulativo. Por estos motivos, conviene elegir protectores que indiquen cobertura frente a ambos tipos de radiación y adaptar el producto al contexto de exposición.
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RECOMENDACIONES
Con todo, estas expertas apuestan por elegir un protector de amplio espectro, frente a radiación UVA y UVB; y escoger la textura según el tipo de piel, ya que las grasas o con tendencia acneica suelen tolerar mejores fórmulas fluidas, geles o acabados no comedogénicos, mientras que en las secas o maduras resultan más adecuadas las cremas o emulsiones con mayor capacidad hidratante.
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Además, es necesario valorar fórmulas específicas si la piel es sensible; tener en cuenta las manchas y la luz visible, y es que en pieles con melasma o hiperpigmentación, los protectores con color aportan una barrera adicional frente a parte de la luz visible; y revisar si se toman medicamentos o tratamientos dermatológicos.
"La crema solar no compensa una exposición excesiva ni sustituye otras medidas de protección", ha manifestado, por otra parte, Villegas, quien ha añadido que "reducir el tiempo al sol en las horas de mayor radiación, utilizar prendas que cubran la piel y buscar sombra cuando la exposición se prolonga ayuda a disminuir el daño acumulado". "También conviene revisar la piel después del verano, ya que una quemadura intensa, una mancha que cambia o una lesión que no desaparece pueden ser señales para consultar con un especialista", ha finalizado.
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