Vitoria, 17 jul (EFE).- La salsa de Rubén Blades desbordó este viernes el Festival de Jazz de Vitoria que vendió todo el papel en el recinto de Mendizorroza, 3.200 butacas, para ver y bailar con la leyenda latina que se explayó durante más de dos horas y media con 22 temas de mucha calidad.
Las gradas de Mendizorroza se cayeron cuando el panameño apareció nueve años después en el escenario vitoriano repleto con la 'big band' dirigida por Roberto Delgado, que acompaña siempre al artista.
El público comenzó volcado y coreó ‘Plástico’, que finalizó con Blades recitando todos y cada uno de los países latinos.
‘Ojos de perro azul’ combinó rock, jazz y salsa para dar paso a un mensaje de activismo político para salvar Panamá antes de interpretar ‘País portátil’. Envió varios mensajes para introducir los temas, que estuvieron protagonizados por los metales y la percusión de una banda con un sonido exquisito.
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Cada puente musical lo acompañó con sus nuevas maracas, después de entregar las anteriores al Instituto Cervantes dos meses antes, mientras que con ‘Paula C’ puso a bailar al público que bajó a la pista para sentir de cerca la música del polifacético artista, que celebró su 78 cumpleaños en la capital vasca con su inseparable sombrero ‘porkpie’.
Blades cambió el paso con ‘Watch what happens’ y la instrumental ‘Do I hear four?’, que dieron el toque jazzístico a un concierto muy cuidado.
La percusión de Daniel Jiménez, Raúl Rivera y José Ramón Guerra lucieron en ‘Todos vuelven’, antes de que Rubén Blades se mostrara en contra de las políticas de Donald Trump.
‘María Lionza’ comenzó un epílogo para el recuerdo. El homenaje a Héctor Lavoe con ‘El cantante’ trasladó los coros a los seguidores de Blades y ‘Juan Pachanga’ fue la antesala del gran éxito de Rubén Blades, ‘Pedro Navaja’, con la que cerró una historia inolvidable.
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La voz de Magalí Sare y el contrabajo de Manel Fortià fueron la mejor antesala que pudo tener el panameño. La pareja catalana, que presentó el proyecto ‘Retornar’, entró con un versión catalana de ‘Volver (Torná)’ que avanzó las fusiones que se iban a suceder durante la noche.
La voz lírica de Sare inundó el escenario principal del Jazz Vitoria donde la compenetración de ambos fue clave, así como la interpretación de la barcelonesa y la relación de Manel Fortià con su contrabajo, que se convirtió en el centro de todo lo que ocurría e incluso fue utilizado como elemento de percusión.
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En ‘Tonada del cabestrero’, Sare dio buena cuenta de su inseparable flauta y con ‘Angelitos negros’ se llevó una de las ovaciones de la tarde por su dedicación a Venezuela.
Los experimentos con el contrabajo del gironí fueron constantes con un punto de improvisación. Desde tocar a cuatro manos en un solo espectacular durante el poema Antoni Machín, hasta con dos arcos en la fusión del tema de Silvio Rodríguez ‘Óleo de mujer con sombrero’, que arrancó la ovación más larga.
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Encadenó éxito tras éxito. De hecho, otro de los momentos de la noche llegó cuando Manel Fortià convirtió su contrabajo en un guitarrón para darle un toque ranchero a la menorquina ‘Rosaret’.
El buen rollo sobre el escenario lo trasladaron con su música y en los pequeños instrumentos con los que jugaron en la mesa que les acompañaba.
Magalí Sare dio una lección de interpretación y de manejo de distintos registros vocales desde su punto soprano lírico y se atrevió incluso con el portugués, para enamorar y sorprender al gran público. Antes, el Palacio Europa había comenzado una gran tarde con el trompetista Riley Mulherkar.
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El broche lo pondrán este sábado Snarky Puppy y The Bad Plus en el escenario principal, mientras que el cierre de las tardes del Europa lo llevará a cabo el cuarteto de Isaiah Collier.
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