Agustín Ortiz y Mariano Macz
Ciudad de Guatemala, 3 jul (EFE).- La Premio Nobel de la Paz de 1992, la guatemalteca Rigoberta Menchú Tum, considera que las redes de impunidad se han aprovechado de las debilidades del sistema legal en Guatemala para cooptar las instituciones judiciales del país.
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"Aquí la justicia está en manos de quien puede ejercer la justicia, y eso es lo más triste", afirmó Menchú en una entrevista con EFE, con motivo del homenaje que le rendirá este mes la Feria Internacional del Libro de Guatemala (Filgua 2026), en la que sostuvo que los "poderes ocultos" y el crimen organizado secuestraron las instituciones que debían proteger a la ciudadanía.
Este reconocimiento literario, que coincide con la antesala de la conmemoración del 30.º aniversario de la firma de los históricos Acuerdos de Paz, en diciembre de 1996, sirve de marco para que la activista repase un hito histórico que puso fin a 36 años de conflicto armado interno (1960-1996), con un saldo de más de 200.000 muertos y 45.000 desaparecidos.
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"A mí me impresiona mucho porque creo que después de los acuerdos de paz se posicionaron efectivamente el narcotráfico, el crimen organizado y los poderes ocultos", explicó Menchú, al señalar que estas estructuras ocuparon de forma estratégica el espacio de un Estado que "no se despertó a tiempo".
"Fueron muy estrategas; ocuparon los espacios que queríamos blindar para que la justicia no estuviera al servicio de la impunidad. Y precisamente la impunidad es la que se aprovechó de estos poderes tan complicados", añadió.
En ese contexto, la lideresa k'iche' citó el caso del periodista José Rubén Zamora Marroquín, fundador del extinto diario elPeriódico, quien ha enfrentado procesos penales que lo mantuvieron casi tres años en prisión preventiva, un caso denunciado internacionalmente como una represalia política.
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También recordó a los líderes indígenas perseguidos y encarcelados, como Luis Pacheco y Héctor Chaclán, quienes han enfrentado procesos penales tras encabezar movilizaciones sociales en defensa de la democracia y a quienes, desde su perspectiva, se les ha vulnerado el derecho a la presunción de inocencia.
"Es un teatro que verdaderamente avergüenza a Guatemala. Hace que el país siga siendo emblemático en el mundo no por las buenas cosas que hace, sino porque realmente aquí la justicia está en manos de quien puede ejercer la justicia, y eso es lo más triste", sentenció.
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Menchú opinó que los desajustes institucionales también han alcanzado los programas de resarcimiento para las víctimas de la guerra civil, debido a que la falta de una tipificación clara ha provocado controversias sobre quién debe ser reconocido como víctima.
"Hemos encontrado una enorme cantidad de vicisitudes como, por ejemplo, la no tipificación exactamente de quién es víctima y quién no en los acuerdos de paz", detalló la activista sobre estas fallas de reparación estructural.
Para la Premio Nobel, la falta de un marco de aplicación genuina que reconozca que Guatemala es un territorio pluricultural, multiétnico y multilingüe perpetúa una brecha histórica entre las decisiones estatales adoptadas desde la capital y las realidades que viven las comunidades ancestrales.
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"Se estigmatiza a un grupo porque no hay cabida en la mente de los tomadores de decisiones de que el otro es un ser pensante, un ser de experiencia y un ser que ejerce su libertad fundamental", remarcó.
La trayectoria de Menchú será el eje central de la XXIII edición de Filgua, que se celebrará del 7 al 19 de julio con Alemania como país invitado de honor.
"Primero rindo homenaje a Filgua porque sé que empezó también en tiempos críticos en Guatemala, y que un grupo de editores y de empresarios hagan posible una feria del libro me parece algo maravilloso", comentó Menchú sobre los orígenes del evento.
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Para la activista, la feria literaria representa una plataforma indispensable para que las nuevas generaciones amplíen sus horizontes y forjen una opinión crítica frente a los errores del pasado.
"La lectura libera la mente. Un libro no se puede asesinar", sentenció la Nobel de la Paz, al instar a la juventud guatemalteca a adoptar el hábito de la lectura para convertirse en constructora de ideales, mientras destacó el arte, los tejidos multicolores y la espiritualidad ancestral como las verdaderas fortalezas de una población que se niega a olvidar su historia. EFE
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