Totoabas por fentanilo: Hong Kong estrecha el cerco a las mafias de tráfico animal

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Mar Sánchez-Cascado

Hong Kong, 26 jun (EFE).- Hong Kong ha intensificado el cerco contra las mafias que trafican con fauna exótica tras convertirse en una de las principales plataformas asiáticas para este mercado, un sofisticado circuito que integra el contrabando de marfil, peces totoabas o pangolines con delitos como el blanqueo de capitales y el suministro de precursores de fentanilo.

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La presión oficial se ha incrementado desde que en 2021 la excolonia británica incorporó determinados delitos de tráfico de especies a la Ordenanza contra el Crimen Organizado y Grave, un paso que amplió las capacidades de investigación, permitió congelar activos y abrió la puerta a perseguir beneficios ilícitos ligados a estas tramas.

El endurecimiento se produce en un punto clave para el tránsito regional de mercancías, con una infraestructura portuaria, aérea y logística aprovechada históricamente por redes que se surten sobre todo en Latinoamérica para abastecer la demanda asiática de medicina tradicional, mascotas exóticas, productos de lujo y artículos derivados de animales protegidos.

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Así, en 2025 se practicaron más de 500 incautaciones relacionadas con especies amenazadas, en aplicación de una ley que castiga con hasta diez años de cárcel y multas de 10 millones de dólares hongkoneses (1,2 millones de dólares estadounidenses) para quien importe, exporte o posea ejemplares sin licencia.

La última imagen de esa ofensiva llegó este miércoles desde el popular distrito de Sham Shui Po, donde el hallazgo de una cría herida de cocodrilo estuarino en el podio de un edificio destapó un pequeño zoológico clandestino en una vivienda contigua.

En la operación conjunta, la Policía y el Departamento de Agricultura, Pesca y Conservación localizaron 63 reptiles, anfibios y artrópodos, 29 de ellos especies protegidas por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas y entre las que había iguanas de roca, tortugas gigantes de Aldabra, una boa constrictora o una pitón birmana.

Una residente fue detenida después de asegurar que era su propietaria y que las mantenía con fines educativos, aunque no pudo presentar licencia de posesión ni documentación sobre su origen.

El caso desenterró además el debate sobre la dimensión urbana y doméstica de un negocio ilícito que en la ciudad semiautónoma no solo entra por contenedores o equipajes; también se camufla en pisos, comercios y circuitos de compraventa opacos.

En ese contexto, Sam Inglis, responsable del programa de vida silvestre de ADM Capital Foundation, explicó a EFE que la mayor proporción de especies vivas importadas hoy a la excolonia británica procede de la cuenca amazónica.

El investigador añadió que las mafias criminales utilizan incluso programas de conservación legítimos como tapadera operativa para enmascarar el comercio de especies, como cuando en 2023 la Aduana hongkonesa detectó un cargamento de 14.000 tortugas taricayas peruanas, que funcionó como un “caballo de Troya” biológico.

El contenedor ocultaba además unas 500 tortugas matamata y 492 amazónicas de cabeza roja, ambas especies sensibles y sin certificación. “Al no existir registros de exportaciones legales, supuso exclusivamente una operación de comercio ilícito”, remarcó Inglis.

La diversificación del negocio ilegal alcanza también a los ecosistemas marinos. La Aduana interceptó este mes 149 kilos de vejigas natatorias de totoaba, un pez endémico del golfo de California, en un alijo valorado en más de tres millones de dólares estadounidenses.

Según investigaciones citadas por Inglis, el Cártel mexicano de Sinaloa utiliza la pesca furtiva de esta especie como una suerte de “bitcoin biológico”, con el que operar fuera del radar bancario internacional.

Las vejigas, muy cotizadas en Asia, sirven como mercancía de intercambio con mafias chinas a cambio de precursores químicos para la producción de fentanilo.

El asalto a la biodiversidad, además, no se limita al contrabando tradicional:  a principios de 2025, recordó el experto, un comando armado suplantó a las autoridades ambientales mexicanas para irrumpir en un laboratorio universitario y robar 55 tortugas de lodo de Vallarta, una especie críticamente amenazada de la que quedan menos de mil ejemplares silvestres.

Un contrabandista introdujo más tarde seis de esas tortugas en su equipaje tras triangular vuelos desde Perú y México hacia Hong Kong vía Países Bajos, y fue condenado en el territorio a solo diez meses de prisión, una pena “patética” que, a juicio de Inglis, evidencia los rezagos punitivos frente a delitos transnacionales que ya son objeto de severa investigación federal.

Para el conservacionista, el repunte de incautaciones responde en parte a una “especialización fronteriza postpandemia”, con agentes aduaneros cada vez más curtidos para perfilar riesgos, rastrear trazabilidad y detectar cargamentos diminutos, pero de altísimo valor. EFE

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