Edgar Sapiña Manchado
París, 25 jun (EFE).- Desde que empezó la ola de calor en Francia el pasado 18, los franceses practican un nuevo deporte de riesgo: la búsqueda desesperada de un ventilador para tratar de combatir la ola de calor, que dejó temperaturas récord de hasta 43,7 grados en Fontenay-le-Comte, al oeste del país.
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"No vale la pena que te esfuerces, no hay ventiladores en todo el barrio", le soltó a un cliente un trabajador de un supermercado Intermarché del distrito XI de París, al este de la capital. No satisfecho, el consumidor agradeció de mala gana la frase lapidaria y buscó suerte en la competencia, con el mismo resultado.
"Hay rotura de existencia en todo el país", dijo un empleado de otro establecimiento de la misma zona. "Esta mañana me llegaron treinta y pico y los vendí al momento", añadió.
La caza del preciado ventilador continúa, pues la madrugada de este jueves dejó temperaturas mínimas en la región de París que no bajaron de los 29 grados, y se esperan nuevos récord diurnos este jueves, según informó la agencia meteorológica Météo-France.
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"Mañana me llegan 80 ventiladores, ven un poco antes de que abra la tienda y a ver si tienes suerte, porque el primero que llega es el primero en ser atendido", aconsejó otro trabajador de una tienda Darty en la zona de Nation.
En la capital francesa se han visto largas filas de compradores, lo que ha convertido a este electrodoméstico en el objeto más deseado del momento.
Ante esta situación, algunos vendedores aprovechan para hacer caja. Un cliente encuentra, al fin, el preciado objeto y pregunta por el precio. "140 euros", anuncia el empleado. Tras un dilema interno, visible en la cara del potencial comprador, se gira y vuelve por donde ha venido.
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Pasan apenas unos segundos y se acerca una mujer: "Creo que vengo por lo mismo... ¿tiene algún ventilador?", le pregunta. Misma secuencia y mismo resultado. Y así también con un tercer cliente que llega apenas unos instantes después. "Este es muy bueno, no es como los que cuestan 20 o 30 euros, tiene cinco aspas", trata de argumentar el vendedor. Tampoco lo logra vender.
La previsión es que las temperaturas aflojen a partir de este viernes por la fachada atlántica. No obstante, la ministra francesa para la Transición Ecológica, Monique Barbut, pidió este miércoles a los ciudadanos que no se relajen porque, después de una "pausa relativa", es probable que llegue la tercera canícula de la temporada, con valores extremos hasta el 14 de julio.
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Francia vive temperaturas inéditas desde que en 1947 se establecieron los registros oficiales. Además, los expertos temen que este episodio sea equiparable o peor al de 2003, cuando en un par de semanas murieron 15.000 personas en todo el país, la mayoría personas mayores, que constituyen la población de riesgo.
Mientras el calor apriete, este es el monotema en los grupos de Whatsapp y las conversaciones de café. Amigos se cuentan qué restaurante de su barrio tiene aire acondicionado -y que acepte mascotas- y otros se prestan un ventilador medio roto que no usan, como si de un objeto de contrabando se tratara.
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Algunos más hacen bromas de una situación que consideran "surrealista" en una ciudad como París, conocida por su opulencia y glamour, especialmente en estas fechas, en plena Semana de la Moda, que ha tenido que adaptar los horarios para evitar desmayos entre los modelos.
Para tratar de contrarrestar los efectos del intenso calor, el Ayuntamiento de París abrió parques y jardines las 24 horas del día, como el de Buttes-Chaumont, donde varios ciudadanos pasaron la noche más frescos que en el interior de las casas, donde a última hora del día puede hacer más calor que en la calle.
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Otra alternativa es bañarse en el canal Saint-Martin, abierto al nado desde hace un par de semanas precisamente para hacer frente a este fenómeno meteorológico extremo. La realidad es que el ejecutivo municipal liderado por el socialista Emmanuel Grégoire tuvo que pedir a la policía que dejara de multar a los vecinos que se lanzaban al agua, ya que habitualmente está prohibido nadar en este canal.
París, 25 jun (EFE).- Francia vivió este jueves la madrugada más calurosa desde que empezaron los registros a nivel nacional en 1947, con una temperatura media de 22 grados en la treintena de estaciones meteorológicas que sirven de referencia.
El dato, revelado por Météo France, es cuatro décimas superior al récord precedente, que se había alcanzado hace solo dos días, en la noche del lunes al martes.
Con esas mínimas y las previsiones para las próximas horas, Francia podría batir de nuevo el récord de temperatura media para el conjunto de la jornada, como ocurrió el miércoles, cuando el indicador térmico nacional marcó una media de 30 grados.
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El mercurio subió el miércoles a niveles inéditos en algunas ciudades del oeste del país como en Nantes (42,2 grados), Vannes (42), Le Mans (41,8) o Tours (41,4).
Este jueves hay 72 del centenar de departamentos que hay en Francia en el máximo nivel de alerta por calor, 14 más que el miércoles.
Météo France anticipa para el viernes un descenso "progresivo" de las temperaturas por la fachada atlántica, por el efecto de un frente de tormentas que llegará este jueves por la noche.
Uno de los efectos del calor extremo que vive el país fue este jueves el parón de uno de los reactores de la central nuclear de Nogent sur Seine, al noreste del país para respetar así los límites reglamentarios de temperatura en el río que sirve de refrigeración, indicó la eléctrica estatal EDF.
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Eso mismo ya se había hecho el lunes en la central de Golfech, a orillas del río Garona.
La titular de Energía, Maud Bregeon, que había anticipado el miércoles la reducción de capacidades en Nogent sur Seine, había insistido entonces en conferencia de prensa que eso no iba a plantear problemas de abastecimiento eléctrico porque Francia es ampliamente excedentaria en la producción, y exporta grandes cantidades a países vecinos.