Carmen Menéndez Cobos
París, 24 jun (EFE).- El hierro de la Torre Eiffel quema. A sus pies, cientos de turistas se disputan los escasos metros de sombra del Campo de Marte, se refugian bajo los brumizadores de las fuentes o se abanican con lo que encuentran mientras consultan el móvil.
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Muchos acaban de descubrir que hoy tampoco podrán subir al monumento más visitado de Francia. Por segundo día consecutivo, el acceso ha sido interrumpido de forma anticipada a debido al calor extremo.
"Visitar París así es horrible", resume a EFE un turista estadounidense con un ventilador en la mano.
Con el termómetro rondando los 39 grados y una sensación térmica aún mayor, la Torre Eiffel ha adelantado su cierre a la una de la tarde. Solo han permanecido abiertos hasta las cuatro los espacios de restauración para quienes ya tenían reserva.
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El Louvre y otros grandes atractivos turísticos de la capital francesa también han reducido sus horarios por la canícula.
En el entorno de la Torre Eiffel, los turistas, con los rostros enrojecidos, se quejan del intenso bochorno que está arruinando sus planes e itinerarios.
"Nos ha afectado mucho y muy mal", dice Jaime, un turista de Murcia que viaja con su mujer y sus dos hijos adolescentes. "Estamos a un paso de sofocarnos y marearnos".
La familia había reservado la subida a la Torre Eiffel, pero no ha podido acceder. "Nos ha trastocado todo", lamenta antes de marcharse en su último día en la ciudad.
El calor ha obligado a reorganizar itinerarios completos. Hay visitantes que cancelan cruceros por el Sena, otros renuncian al barrio del Marais o a recorrer la ciudad en autobús turístico.
Hélie Rubert, peruana residente en Suiza, también ha visto cómo cambiaban sus planes. Tenía una reserva en el restaurante de la Torre Eiffel, ahora anulada.
"Es terrible, jamás sentí un calor como ahora", afirma sentada a la sombra. "Ya tengo ganas de irme. Nunca había sufrido un calor tanto como este", declara.
También ha descartado visitar el Louvre y critica la falta de aire acondicionado en parte del transporte turístico. "Quería hacer el bus turístico, pero es igual que caminar por la calle. No tiene aire acondicionado", explica.
En un paseo por el Sena vivió otra escena inesperada: "Había tantísima gente y tanto calor que una señora se puso mal y tuvieron que llamar a la ambulancia".
Las quejas se repiten entre quienes utilizan barcos turísticos, autobuses o transportes urbanos, donde el aire acondicionado es inexistente o insuficiente en muchos casos.
París, una ciudad pensada para recorrerse a pie y habitualmente disfrutada caminando, se ha vuelto prácticamente imposible de pasear.
El calor afecta también a los trabajadores del entorno del monumento. Nessim atiende un puesto de comida junto a la entrada de la Torre Eiffel.
"Aquí dentro hace todavía más calor", asegura mientras señala las máquinas de hielo, los frigoríficos y las planchas.
La caída de visitantes ha obligado además a reducir la jornada. "Hay menos gente", comenta.
La imagen de una Torre Eiffel parcialmente cerrada refleja una jornada excepcional en una ciudad acostumbrada a recibir millones de turistas cada verano.
París sigue llena de visitantes, pero el objetivo ya no es recorrer la ciudad. Es protegerse y resistir el calor. EFE
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